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Matthias Hausmann
Universidad de Wurzburgo
Alemania
https://orcid.org/0000-0001-8745-9671
Núm. 24 (2022): Imágenes y sonidos de las geopolíticas urbanas, Artículos, Páginas 153-173
DOI: https://doi.org/10.24310/Fotocinema.2022.vi24.13708
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Resumen

Desde sus orígenes la ciencia ficción se relaciona estrechamente a la utopía y muestra planetas lejanos, seres extraños y tecnologías desconocidas para instigar reflexiones sobre una realidad muy cercana y conocida, nuestra vida en la Tierra y sus perspectivas. Por esta razón, ciudades, que son elementos claves de nuestra vida y de toda visión utópica a la vez, juegan un papel tan importante en las obras de la ciencia ficción. Esto se comprueba de una manera contundente en el largometraje Valerian and the City of a Thousand Planets (Valerian y la ciudad de los mil planetas, 2017), una de la producciones más ambiciosas y mas caras de los últimos años. Nuestra contribución se propone analizar cómo las diferentes ciudades de este film de Luc Besson (las aldeas idílicas de los Pearls cerca del mar, la invisible ciudad ultra capitalista en el desierto y sobre todo la gigantesca metrópolis interplanetaria Alpha) se utilizan para hacer reflexionar sobre la vida humana en la Tierra, cada vez más urbanizada. Las ciudades fílmicas de Besson ilustran de cierto modo algunas opiniones de historiadores y sociólogos influyentes de nuestro tiempo (Marc Augé, Achille Mbembe y Yuval Noah Harari) que nos sirven para hacer resaltar el mensaje que el director francés quiere transmitir con su adaptación de los cómics de Jean-Claude Mézières y Pierre Christin. Para este mensaje es altamente importante la presencia llamativa de lo grotesco en el largometraje: en Valerian and the City of a Thousand Planets lo grotesco no sólo sirve para (re-)definir lo humano, meta que explica la interacción tan frecuente de lo grotesco y la ciencia ficción en el cine y la literatura, sino también respalda la propagación de una tolerancia universal. Tal tolerancia caracteriza la primera secuencia de la película que nos muestra la fundación de Alpha después de encuentros entusiastas entre diferentes especies del universo. Sin embargo, el egoísmo de los humanos amenaza la vida pacífica en Alpha (y causa a la vez la destrucción del planeta de los Pearls, un ejemplo importante de la Edad de Oro), y la paz solo vuelve a establecerse gracias a la ayuda de Bubble, un ser polimorfo, quien puede considerarse el punto culminante de lo grotesco en el film. De hecho, en el personaje de Bubble, quien parece una personificación de una célebre definición del cuerpo grotesco par Bajtín, se observa de una manera ejemplar la transgresión de todas las fronteras, que es una de las características determinantes de lo grotesco. Además, encarnada por Rihanna, Bubble nos lleva a la dimensión transnacional de este largometraje, otra vez estrechamente unida a lo grotesco y de una importancia capital para el mensaje de la obra. Esta dimensión transnacional marcada (la adaptación en inglés de un cómic francés por un director francés con actores anglo-americanos) se trata en el penúltimo apartado de nuestra contribución. Esta se termina con algunas reflexiones sobre la serie de Mézières et Christin, el modelo del film de Besson, y los cómics en general en los cuales ciudades y arquitectura suelen tener un papel primordial como lo comprueban en la cultura francófona, al lado de la serie centrada en Valerian y Laureline, Les Cités obscures (Las ciudades oscuras) de François Schuiten y Benoît Peeters.

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