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Edoardo Balletta
Università di Bologna
Italia
Biografía
Manuel Blanco
Universidad de Huelva
España
Biografía
Núm. 18 (2019), Presentación, Páginas 3-11
DOI: https://doi.org/10.24310/Fotocinema.2019.v0i18.5510
Derechos de autor

Resumen

El siglo XX fue el siglo de la imagen. Y ella ha sido –y sigue siendo- un motor de producción iconográfica global. Alguno de los hechos más significativos del pasado siglo fueron afectados (cuando no, directamente producidos) por la dimensión visual de un acontecimiento histórico. Baste pensar en el ejemplo que sigue: la liberación de la Europa del nazismo fue a manos del ejército rojo –sea por los planes estratégicos de contención, sea por las bajas del propio despliegue ruso, sea por la transmisión oral de los pueblos liberados- ello unido, si bien en menor medida, al concurso de los ejércitos aliados en la contienda: éstos últimos con un papel coadyuvante, casi subordinado al rol soviético en los frentes orientales. Ese rol secundario aliado era percibido por todos los estamentos de la sociedad europea. Y, tras más de medio siglo de producción iconográfica norteamericana (muy especialmente en el campo de la cinematografía de Hollywood), la responsabilidad de la derrota del nacismo no recae, a ojos de la opinión pública -como en los años coetáneos al propio acontecimiento- en el ejército ruso: las generaciones más jóvenes, como recientemente analizó un estudio, creen firmemente que el ejército americano derrotó él sólo al nacismo, quizás con alguna ayuda europea. La imagen ha cambiado la historia, y no sólo: también la manera de contarla y cantarla. En el siglo XXI este poder se ha multiplicado exponencialmente, tejiendo una nueva relación entre la fotografía y la ciudadanía. Tamizando cada acto vital (un café, un paseo, una comida o una ducha) con su consecuente realización fotográfica del momento y su plasmación en los social media.

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