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  • Miguel A. Navarrete
Miguel A. Navarrete
Luxemburgo
Núm. 1 (1996), Artículos, Páginas 87-95
DOI: https://doi.org/10.24310/TRANS.1996.v0i1.2098
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Resumen

Intentar traducir correctamente una obra voluminosa y compleja como Veinte mil leguas de viaje submarino requiere no solamente captar el ritmo, la cadencia del relato, sino adentrarse en el mundo de referencias bibliográficas en las que se basó el propio Jules Verne para redactar su novela. Desvelando y cotejando las fuentes del autor y los pasajes transcritos o adaptados de la infinidad de sus obras de referencia, resolverá el traductor numerosas dudas y problemas terminológicos. Por otra parte, si va un poco más lejos y utiliza las herramientas filológicas más elementales, el traductor descubrirá que, bajo la apariencia de unos personajes supuestamente novelescos, se esconden auténticos personajes históricos que vuelven a cobrar vida, una vida tan fascinantes como en arte con que Verne construye la realidad de su ficción.

 

 

 

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