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Gabriel Martí Andrés
Universidad de Málaga
España
Biografía
Núm. 8 (2012), Artículos
DOI: https://doi.org/10.24310/Metyper.2012.v0i8.2762
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Resumen

Como dice Tomás de Aquino, el hombre ha de recorrer un largo camino hasta alcanzar su última perfección. Este camino es el de la virtud. Frente al vicio, que daña al alma en su naturaleza y nos aleja de la felicidad, la virtud nos hace crecer como personas, aumentando nuestra capacidad de amar y haciéndonos más dignos de ser amados. Ahora bien, los hábitos del entendimiento solo constituyen virtudes en la misma medida en que se ordenan a la justicia, a la fortaleza y a la templanza. Son ellas, en sentido estricto, las que hacen bueno al hombre; y por esto, sin descuidar la prudencia y las demás virtudes intelectuales —tan importantes para la vida moral y el crecimiento espiritual— nos centraremos aquí especialmente en las virtudes morales, de modo particular y en su conexión mutua.

As Thomas of Aquinas says, man must walk a long path before he reaches his ultimate perfection. This path is that of virtue. Faced with vice, which damages the soul in its nature and distances us from happiness, virtue makes us grow as persons, increasing our capacity to love, and making us more worthy of being loved. Now then, the habits of understanding are only virtues insofar as they are ordered to justice, fortitude, and temperance. Strictly speaking, virtues are what make man good; thus, without neglecting prudence and the other intellectual virtues – which are so important for the moral life and for spiritual growth – we will focus here especially on the moral virtues, both individually and in their interconnectedness

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