
Todos los casos que he listado hasta ahora nos muestran apenas un lado de las múlti-
ples facetas que conforman cualquier acontecimiento social de este calibre. No se recogen de
manera directa las voces opuestas a las protestas, ya sea los discursos represivos oficiales o
las opiniones de los políticos que, ante el estallido chileno, criticaban: “no es la forma”. Existen,
sin embargo, proyectos que sí se hacen cargo de esta dimensión; el más notable, a mi parecer,
es Plan Oasis (2021), de Rayo Verde Editorial (Francisca Geisse, Alejandra Saldivia y Cecilia
Coddou), que organiza y contextualiza de manera muy adecuada algunas declaraciones de
autoridades y parlamentarios del gobierno de Sebastián Piñera, varias de ellas tristemente
célebres porque a juicio de muchos alentaron la revuelta y agudizaron la desconexión entre
la clase gobernante y la sociedad durante ese período y la pandemia. Se incorpora la cita tex-
tual, la referencia de quién la expresó, la fecha e información adicional cuando corresponde.
También se incluyen imágenes, algunas de ellas relativas a las agresiones policiales. Todo ello,
sumado a epígrafes, prólogos y otros paratextos favorecen una interpretación claramente crí-
tica del material recogido. Así sucede con el irónico título, que se lee en la misma portada, que
corresponde a una declaración del presidente pocos días antes del inicio de la crisis, cuando se
jactaba que, comparado con el resto de América Latina, “nuestro país es un verdadero oasis”.
Otra publicación más heterogénea es Crónicas alienígenas (2022), editada por Ricardo Greene,
quien intercala breves ensayos, crónicas y registros fotográficos con “extractos de otros ma-
teriales tales como discursos oficiales y grabaciones policiales, y fragmentos de actas muni-
cipales. Para esto último se realizó un análisis de lo registrado en todos los concejos munici-
pales de Chile, a fin de rastrear las primeras discusiones que se dieron sobre el estallido, de
Arica a Magallanes. Estas actas admirables, ridículas, soberbias y vanidosas dan cuenta de
un tejido nacional que busca su nueva forma” (p. 13). Algunas de dichas declaraciones están
transcritas en verso, como en algunos de los ejemplos de graffitis señalados más arriba. Pero
aquí, nuevamente, el contexto del libro contribuye a comprender sin obstáculos que estos dis-
cursos están dispuestos como objeto de burla y repudio, no ensalzamiento.
La realidad es simple también recopila voces contrarias a las de la revuelta, pero no
las voces oficiales, sino los discursos de odio expresados en medios digitales. Cuando se lo
mostré a Valeria de los Ríos, me recomendó un ensayo de Gabriel Giorgi, “Arqueología del
odio. Escrituras públicas y guerras de subjetividad” (2020), que efectivamente funcionó como
una excelente justificación a posteriori de lo que había pretendido hacer. Giorgi se enfoca en
tres instalaciones en Argentina y Brasil, Odiolândia de Giselle Beiguelman, Menos um de
Verónica Stigger y Diarios del odio de Roberto Jacoby y Syd Krochmalny. Estas tres instala-
ciones luego derivaron en libros, y se basan, cada una a su manera, en la recopilación de tex-
tos de odio escritos en territorios electrónicos, como los foros online de periódicos, que hacen
apología de la dictadura, genocidio, machismo, racismo, etc. De este proceso destaca algunas
cualidades: la fijación de la fugaz escritura electrónica, viralizada [“Eso aquí se fija, se ralen-
tiza, se cambia de soporte y de medio, se devuelve a una pantalla fija, a una pared sica, a
una página de libro, y desde ahí se reinscribe y se piensa” (p. 34)], y el efecto de volumen que
produce la gran cantidad de enunciados [“Este volumen produce un efecto masivo: no son
Umática. 2025; 8. https://doi.org/10.24310/Umatica.2025.v8i8.22916
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La realidad es simple Creation · Zone