
de alguna forma, es común a la mayoría de pia-
nistas. De este modo, una nueva intérprete po-
dría acceder igualmente a una memoria perso-
nal, aunque no desde el mismo lugar que la mía.
Asistiríamos a una suerte de meta-ficción, don-
de cualquier pianista puede interpretar a par-
tir de las memorias de otros. Pero, ¿no es éste el
caso de toda obra tantas veces interpretada an-
teriormente? ¿No sentimos las pianistas, de al-
guna forma, toda memoria personal ligada a una
memoria colectiva de la historia del piano?
CP: Y luego, hay otra cuestión que, aunque
desborda el alcance de esta conversación, me
parece de suma importancia: el tacto de esas
manos sin piano.
HL: En la segunda mitad de la obra, el tac-
to, peso y resistencia, no se revisitan desde el re-
cuerdo encarnado, sino que se transforman. En
ese momento, el tacto existe, pero se topa con
la dureza de la mesa. La mesa no responde de
la misma forma, no devuelve la tecla y el dedo
a su lugar de reposo, no baila en un juego de pa-
lancas y martillos. No hay un tope al que llegar
modulando el peso de la mano o la articulación
del dedo. La mesa es el propio tope desde el pri-
mer momento del tacto. Desde esa consciencia,
Cabeza de Vaca no trabaja solamente con el tac-
to de llegada a la mesa, sino también con los ges-
tos de salida. La salida, que se realiza tras colocar
la mano en un estado alto de tensión y presión
hacia la mesa, aparece como una suerte de in-
versión gestual, casi como un video que observa-
mos marcha atrás, como un sonido en reverse. Lo
que vemos en esos momentos, entre luz y oscuri-
dad, nos hace preguntar si la memoria accedida
durante la obra no está, como un recuerdo gra-
bado con la cámara, distorsionada y modificada
también por el filtro del tiempo.
CP: Según M. Serres, “el tacto puro abre la
puerta a la información, correlato sutil de lo que
antes se llamaba intelecto” (1985: 102). La aso-
ciación entre el movimiento de la mano, y la per-
cepción a nivel de la autopercepción transmite
esta doble textura de sensación-pensamiento.
Igualmente, para los artistas del Renacimiento, la
mano es un instrumento mediador entre lo sen-
sible y lo espiritual. El tacto entonces, no se topa
con la dualidad entre teoría y práctica o entre
sensibilidad e intelecto.
HL: En Music from Somewhere la mano
funciona como un medio de conocimiento sen-
sorial y cognitivo al mismo tiempo. La mano co-
noce las obras aprendidas, tiene memoria. A su
vez, la mano palpa y reconoce las superficies que
debe tocar, sean estas imaginadas (el no-tecla-
do) o sicas (la mesa). La importancia que a lo
largo de la historia se le ha otorgado a la ma-
no-dedo-brazo en el aprendizaje pianístico, es
exaltado en esta obra tapando la visión del res-
to del cuerpo. No vemos a una pianista, solo sus
brazos. Este hecho no es casual, ya que, de esta
forma, podemos imaginarnos a cualquier pia-
nista interpretando cualquier obra canónica del
repertorio. A la centralidad visual y gestual que
comentábamos en la presentación, se le suma
la consciencia de la importancia del tacto a la
hora de tocar el instrumento. No existe separa-
ción entre ejecución técnica y emoción musical
(sensibilidad e intelecto). Eliminando el piano se
pone de manifiesto que no puede existir un gesto
Umática. 2025; 8. https://doi.org/10.24310/Umatica.2025.v8i8.22535
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En torno a Music from Somewhere Diálogos