Umática. Revista sobre Creación y Análisis de la Imagen {issn: 2659-5354 // d.l.: ma- 1628-2018} BY-NC-SA 4.0 CÓMO CITAR ESTE TRABAJO / HOW TO CITE THIS PAPER Salgado, M. (2025). En sí del no. Poesía son disturbios. Umática. Revista sobre Creación y Análisis de la Imagen, 8. https://doi.org/10.24310/Umatica.2025.v8i8.22354 Umática. 2025; 8. https://doi.org/10.24310/Umatica.2025.v8i8.22354 1 En sí del no Poesía son disturbios In the Yes of No: Poetry Is Riots María Salgado  0000-0001-8396-4523 Universidad de Castilla-La Mancha, España. Resumen A partir de piezas de lenguaje propias y ajenas (KOP, Luz Pichel, Rimbaud, Delta 9, Daniel Durand, Hélio Oiticica, Fernanda Laguna), En sí del no se interroga por la posibilidad de una relación entre poesía e insurrección, fuego e imagen poética, más acá de la analogía de ambos como acontecimien- tos de transformación de la comprensión del orden (semántico o político) dado, dentro de una ge- nealogía de la negación que bien podría arrancar en la Comuna de París para llegar al primer cuarto del siglo XXI perforada por las disrupciones del feminismo, tentativamente empujando la noción de “escritura expandida” hacia el mundo entendido como molde y desmolde expresivo del lenguaje en que se emitan poemas y disturbios. Palabras Clave: escritura expandida, insurrección, poesía, feminismo, lenguaje. Artículo especial Special Article Correspondencia/ Correspondence María Salgado Maria.FSalgado@uclm.es Financiación/Fundings Este texto forma parte de los resultados del Proyecto de investigación: ESCON -- Escrituras en contacto. Redes de escritura intermedial en la era de la globalización ana- lógica (1961-1991), PID2024- 159610NB-I00, fi- nanciado por MICIU/ AEI/10.13039/501100011033/ FEDER, UE. Received: 30.09.2025 Accepted: 28.12.2025
Abstra: Based on both her own and others pieces of language, (KOP, Luz Pichel, Rimbaud, Delta 9, Dan- iel Durand, Hélio Oiticica, Fernanda Laguna), En sí del no questions the possibility of a relationship between poetry and insurrection, fire and poetic image, beyond the analogy of both as events that transform the understanding of a given (semantic or political) order, within a genealogy of nega- tion. This it could well start with the Paris Commune and reach the first quarter of the 21st century, pierced by the disruptions of feminism, tentatively pushing the notion of “expanded writing” towards the world understood as the expressive mold and unmold of the language in which poems and riots are emitted. Key Words: Expanded Writing, Feminism, Insurreion, Language and Poetry. Umática. 2025; 8. https://doi.org/10.24310/Umatica.2025.v8i8.22354 2 María Salgado Resear·Area In the Yes of No: Poetry Is Riots María Salgado University of Castilla-La Mancha, Spain.
“Poesía son disturbios” es un remake de un lema clásico del movimiento okupa, “Desalojos son disturbios”, que para 1998 se convirtió en título y estribillo de una canción de la banda hardco- re KOP 1 , y que primero utilicé como “Escritura son disturbios” en un poema con forma de panfleto (Salgado 2012a, 2012b), y después, y como aho- ra subtitula este texto, en mi epílogo de CO CO CO U, un poemario de Luz Pichel (2017). En am- bos usos, lo que pretendía y pretendo es, por un lado, sorprender y provocar una sonrisa o, si es que no pactas con el humor de la propuesta, una sospecha, por juntar dos entidades no muy ha- bitualmente contiguas en el espacio cultural, tan aparentemente desubicadas en su estilo y en la desproporción de lo que el verso dice que puede llegar a hacer con respecto a lo que la okupación y la poesía han podido efectivamente ir hacien- do en España en esas mismas décadas. Por otro lado, una vez pasada la sorpresa y la sospecha de mezclar cierta presunta altura y solemnidad de cierta idea muy extendida de poesía con cierta presunta bajura de los versos que en las calles se corean, pretendía desafiar y desclasar esas mis- mas ideas de qué sea la poesía y hasta de qué pueda llegar a ocurrir verbalmente en la calle o en una pared o en un panfleto o en una mani- festación, de un modo an a lo que en el libro de Luz Pichel se hace con la lengua del poema, pues CO CO CO U está escrito en un gallego dialectal –que, por ejemplo, cierra todas sus vocales ce- rradas hacia el fonema /u/, de ahí el título– que 1. He preguntado a personas que formaron parte activa del movimiento okupa en los 90 en Madrid, y me dicen que recuerdan haberlo coreado en el desalojo del CSOA La Guindalera, allá por marzo del 1997, e incluso antes, en el desalojo del David Castilla de Tetuán en 1996. desvía, perturba, enturbia o disturbia la norma del gallego habitualmente usado en la academia, la poesía y los medios de comunicación. En el prólogo a Silo.Archivo FX, libro del ar- tista y comisario Pedro G. Romero que yuxtapo- ne obras del arte moderno de vanguardia con materiales históricos de la iconoclastia política, Esteban Pujals escribe “¿No es llamativo el pa- ralelismo existente entre la violencia de los in- cendiarios durante la Semana Trágica barcelo- nesa y la virulencia de los ataques, de palabra y obra, contra el arte que presenciaban y aplaudían los asiduos a las sesiones del Cabaret Voltaire?” para después advertirnos en cursiva de que “es completamente diferente hablar del fin del arte, o declararlo muerto, […] que de verdad arrimar- le la tea a una iglesia, a un convento y pegarle fuego con todo su contenido” (Romero, 2009). Si bien veo, como Pujals, un riesgo alto en analo- gar la poesía con la revuelta como si en un mo- mento dado ambas entidades fueran a poder te- ner un efecto de verdad similar en el mundo, creo que algo muy poderoso hace que revuelta y poe- sía no dejen de citarse, incitarse y excitarse des- de, como mínimo, la Comuna de París, y es a esa genealogía a la que entonces quería y a la que ahora querría en este texto remitir; el mito de la pérdida y la destrucción que desde las crisis de entresiglos vendría a perseguir como una suerte de destino a las poetas que escriben después de, como mínimo, Baudelaire. Umática. 2025; 8. https://doi.org/10.24310/Umatica.2025.v8i8.22354 3 En sí del no. Poesía son disturbios Resear·Area
“Como un astro sin atmósfera” describió Benjamin (1972, p. 170) la negatividad abierta por el texto baudelaireano en el orden lingüístico y subjetivo del siglo por venir: la de escribir sobre la falla sin oxígeno de un mundo que ya no existe más. El poeta va a hacerse parapeto del shock de las nuevas ciudades y máquinas, de su desprogra- mación de todo código antiguamente válido, tam- bién el literario, pagando un precio de sensacio- nes, una maldición, por ser el testigo primero del cambio. De esa resistencia negativa a que todo desaparezca y a que todo aparezca también da cuenta Adorno en su célebre texto de 1957 sobre «poesía lírica y sociedad» (Adorno, 2003, pp. 49- 67). Para Adorno, la extrema particularidad de la lengua poética, su exceso de codificación, es lo que impide que caiga subsumida por los procesos de reificación del comercio moderno, a un precio, eso sí, de anacronía o de nostalgia de lo que ya no es (la naturaleza, la subjetividad), o de lo que ya sólo podría ser en otro caso. Y aunque un caso abierto siempre pueda hacer de matriz de una revuelta y violencia venideras –como el caso de Lorca, dice Adorno–; y aunque esta misma resistencia crítica a la absorción que del sujeto y su lengua hace el capitalismo quede como alto y singular remanen- te de la potencia lírica en la poesía “moderna”, lo cierto es que para ambos filósofos en el momento en que escribe Baudelaire las condiciones mate- riales han mutado lo suficiente como para hacer- se “malos tiempos”, “tiempos desfavorables”, para lo que quiera que solía ser llamado Lírica. Cambió el lector y con él cambió el autor, su igual su her- mano, al padecer los dos una angustiosa y progre- siva desafección de la experiencia derivada del nuevo estado tecnológico y urbano, de la pérdida de código, la proletarización y el traumático aban- dono del campo. Gran parte de la lucha lírica desde entonces consistirá en lograr producir intimidad aún en medio de la intemperie, y perceptibilidad o experiencia bajo forma de violenta negativa o bajo forma de saturación o bajo forma de influen- cia, (en el sentido de under influence), entidades todas encontrables a mansalva en la insurrección. Se podría decir que sólo unos decenios más tar- de, en torno a los cubismos y futurismos, la crisis lírica salta hacia una tendencia constructiva cuya diferencia consiste en perseguir producir percep- tibilidad bajo forma de una forma. Si los simbolis- tas habían llegado a conceptualizar y enunciar un fundamental dominio poético, las correspondan- ces, donde las relaciones verbales podían por sí mismas, en juego, construir visiones en un sentido genuinamente desviado respecto de lo que fuera (si es que era) la realidad; los poetas constructivis- tas refuerzan ese dominio de visión en los mate- riales todavía más verbales –y obvio que el “más” es una cualidad de exageración solo válida aquí– con que componer las correspondencias: gritos, cacofonías, graas intensificadas, colores, espa- cio, carreras, sueños de disparar al público. El sal- to es de apenas unos milímetros pero basta para redibujar muy brevemente los dos posibles tiem- pos del inicio del mapa de unas prácticas poéticas que durante un siglo irán a desprogramar no sólo el gen del “verso medido impreso”, sino casi toda superficie textual antiguamente reconocida como “poema”, ya para siempre, pues, adheridos verso y poema de una inevitable nostalgia. Umática. 2025; 8. https://doi.org/10.24310/Umatica.2025.v8i8.22354 4 María Salgado Resear·Area
nostalgia de la fábrica, no nostalgia del descampado detrás de la fábrica, no nostalgia del amor, no nostalgia del amor en el descampado detrás de la fábrica, no nostalgia, no el pueblo un almacén de Amazon una oficina central regional de Alphabet, el nuevo nombre de Google, no Live Nation, no no a la nostalgia, sí no a la poesía de la nostalgia, sí no a la armonía de la poesía de la nostalgia, sí estamos dos señales bajo la sal quedan dos minutos de democracia occidental porque siento que nosotros vamos a morir porque los hombres hacemos eso nostalgia del futuro, no nostalgia del no futuro, no nostalgia de la promesa incumplida de un futuro, no nostalgia de la promesa cumplida de incumplir la promesa de un futuro, no la corrosión del carácter la extinción de las especies el estadio terapéutico esta pequeña era
Cuando en el anterior poema digo futuro po- dría decir –como en otro del libro REKORD que ambos comparten– trayectoria fordista, la de la generación de mis padres (nacidos en 1957), como podría decir trayectoria posfordista con la que nombro la de quienes luego vinimos (yo nací en 1984), una suerte de deriva laboral y sen- timental dicil de trazar en ningún mapa ni re- lato nítidos. Y cuando digo no futuro podría de- cir KOP, si bien intuyo que la potencia de aquella descarga llamada punk sonaría aún más fuerte más cerca de su fuente, es decir, si dijera Kortatu, X-Ray Spex, Television o New York Dolls, es decir, más cerca de la segunda mitad de los años se- tenta y de la década de los 80 que de la parte final de la década de los 90. En torno al año 2020, que es cuando escribí el anterior manifiesto en con- tra de cualquier nostalgia, la del futuro y la del no futuro, el gesto que me parecía más honesto con el punk, en el sentido de rechazo contra el orden social dado y sus falsas promesas de felicidad y con la genealogía del poeta al borde de la época, consistía y consiste no en negarlo todo por com- pleto, sino en afirmar, con humor y con ardor, un no saber qué se podría hacer ni tampoco no ha- cer, un no saber incluso qué se podría querer, un bloqueo, una completa desorientación a la hora de buscar o bien ese futuro prometido por los so- cialismos y hasta por las socialdemocracias, o bien esa destrucción prometida por las subcultu- ras malditas y radicales. Al dar un sí a un no, que 2. “Allí donde reina la oscuridad sin límite ya no hay nada que esperar. A eso se le llama sumisión a la oscuridad (o, si lo prefieren, obediencia al oscurantismo). A eso se le llama pulsión de muerte: la muerte del deseo [...] Una cosa es no hacerse ilusiones en la oscuridad o ante los títeres del espectáculo impuesto, y otra muy distinta es no es exactamente lo mismo que decir sí ni que decir no, y al afirmar una negación de la nega- ción del presente que implica cualquier nostalgia del pasado o del futuro, yo lo que quise es afir- mar la posibilidad de inventar un presente, y no cualquier presente, sino este presente, el nuestro, el que nos corresponda a pesar de este panora- ma de corrosiones y extinciones en el que esta- mos inmersas. Siendo evidente que, como mínimo desde los mismos años en que el punk aparece y el neoli- beralismo triunfa, la fe en la potencia transfor- madora del lenguaje y los poderes encantato- rios de la poesía han declinado en su influencia en los procesos de subjetivación, en cómo una se inventa e imagina en el mundo; creo también que confirmar esto mismo es colaborar con la extin- ción de un deseo que muy posiblemente está to- mando otras formas y códigos, también poéti- cos, aunque no siempre sean así llamados, pero muy imposiblemente, y con el Didi-Huberman de la Supervivencia de las luciérnagas (2009, tradu- cido en España en 2012), pueda nunca dejar de manar. Pues hasta el Didi-Huberman de la ex- posición de 2023 Insurrecciones, claramente más pesimista que aquel de 2009/2012, afirma que “Una cosa es no hacerse ilusiones en la oscuridad o ante los títeres del espectáculo impuesto, y otra muy distinta es doblegarse a este en la inercia mortífera de la sumisión, tanto si es melancólica, como cínica o nihilista” 2 . Diría, siguiendo a los dos Umática. 2025; 8. https://doi.org/10.24310/Umatica.2025.v8i8.22354 6 María Salgado Resear·Area
Huberman, que solo quien no desea no lo puede ver, no puede ver nada, ni luciérnagas en la oscu- ridad ilimitada, ni escritura en las señales, ni se- ñales en la noche, y por lo tanto, al no apartar su camino, no puede tampoco esconderse de los re- flectores de vigilancia. Porque si los ves, no te ven, si no te ven no los ves, y no los vemos, y no nos ven, y no los vemos, y no nos ven. Pero aunque lo hiciera, aunque la fuente del deseo se secara o se enfermara de la toxicidad del pozo de la muer- te; colaborar en el aturdimiento del deseo propio de una era sin sueño como la que vivimos siem- pre me ha resultado inconcebible como tarea. Buscar la posible descarga sensorial, llegar a ser capaz de hacer algún verso que durante el breve tiempo que ocupa su lectura –como esos segun- ditos que dura gritar “desalojos son disturbios” frente a un desalojo y es verdad, aunque no se cumpla– se cumpla su verdad, la del poema en el dominio del poema, y no en el dominio que Pujals llamaba de verdad, es una de las posibles tareas de la poeta en un mundo que extraña no solo la experiencia sino, sobre todo, la agencia respec- to a dicha pérdida, y el cuerpo donde la misma se experimenta. Ya luego puede que salgas del poe- ma y la realidad te aplaste y la virtualidad te des- aparezca, pero permitidme dudar de que la sen- sación que te dejó el poema, como la que deja un sueño muy vívido en tu comprensión de tu propia doblegarse a este en la inercia mortífera de la sumisión, tanto si es melancólica, como cínica o nihilista...” (Didi- Huberman, 2017, p. 16). 3. “[L]a propuesta que Ross (2018) hace a partir de Rimbaud consiste en describir la radical democraticidad de una «comuna internacionalista» en la que migrantes y mujeres tenían estatuto de personas iguales y el al- tercado en la vida cotidiana que supuso que el zapatero Gaillard firmara con nombre propio sus zapatos al mismo tiempo que el artista Courbet era considerado un trabajador más mediante la expresión J’est un autre. vida, no se extienda en ti y desde ti hacia afuera. Y evidentemente no es estrategia, es táctica este optimismo no de la voluntad sino de la vitalidad, un vitalismo sin postal que si no logra hacer la re- volución, al menos habrá explorado el reverso de su deseo en tanto que experiencia más carnal de una capitalismo experiencialmente muerto. Dice Terry Eagleton en su maravilloso pró- logo al maravilloso libro de Kristin Ross sobre Rimbaud y la Comuna, que la parte de la insu- rrección, a diferencia de la parte organizada de la revolución, se caracterizaría por “[e]l pla- cer, el deseo, la revuelta anárquica, lo ilegible, lo incorporable y lo inarticulable” (2018, p. 8). Y si bien también afirma que lo inarticulable y lo ile- gible (la pura no identidad) resultarían incapa- ces de la consecución y defensa organizadas de un cambio definitivo del orden socioeconómico, para Eagleton parece claro que el cierre identi- tario sobre un modelo de militante o ciudadano disciplinado tampoco bastaría para prender la mezcla y movimiento necesarios para la recom- posición de los sentidos de los términos e iden- tidades que toda revolución necesita. Es aquí donde entra en juego la necesidad de la otre- dad figurada como tropo del cambio y el encuen- tro necesarios, pero también literalmente prac- ticada por la formación verbal de la poesía, por ejemplo, de Rimbaud. O el emblema yo es otro 3 . Umática. 2025; 8. https://doi.org/10.24310/Umatica.2025.v8i8.22354 7 En sí del no. Poesía son disturbios Resear·Area
Interesante, en esta línea, que Kristin Ross hable de ficción –“la más condensada de las ficciones” (Ross, 2018, p. 23)– para referirse a la poesía, su- brayando precisamente la dimensión imaginati- va y transformadora de la misma por encima de las asunciones de individualidad o confesionali- dad con que nuestra época tiende a definirla y reducirla. Interesante también, en esta línea, que Eagleton analogue el centramiento y sobriedad de la prosa con las secciones marxistas de mi- litancia y compromiso más organizado, alinean- do o analogando a la poesía con el “ello del ego” y “la revolución de la revolución” que libertarios y anarquistas habrían organizado dentro de los procesos revolucionarios, reforzando así la ge- nealogía de citaciones e incitaciones de poesía y revuelta arriba mencionada. La poesía como figura de la revuelta o, a la inversa, la revuelta como figura de la poe- sía. La insurreción como el acontecimiento por Partiendo de la frase-verso-eslogan dos veces escrita por Rimbaud en sus Cartas del vidente, en mayo de 1871, Ross sintetiza la abolición de la distinción de artesanía y arte, y un momento de igualdad radical en el que na- die ocupa su posición (material y/o simbólica) de partida dentro del orden de la desigualdad. No en vano el joven Rimbaud escribe: «Yo es otro. Tanto peor para la madera que se descubre violín» (1871) y que «porque yo es otro. Si el cobre se despierta convertido en corneta, la culpa no es en modo alguno suya». Es decir, la fuga del yo es tanto del orden que domestica la materia de la vida (cobre en corneta, madera en violín) como de esa propia vida en una sola imagen, en un solo contorno, en una sola vida. La corneta y el cobre, el buen parnasiano, el mal poeta, el humilde zapatero, el buen reguetonero, el mal reponedor, la buena mujer poeta, la humilde empleada domés- tica, todxs cambiadxs de sitio, todxs abriendo la condición de una posibilidad de cambio general y una general ampliación de la imaginación de lo que una ciudad podría ser; pues no sería ni el oficio ni la firma, sino la prima- cía misma de la identidad la principal abolida durante aquel acontecimiento revolucionario que Ross convoca mediante una frase sencilla pero de pronombre y verbo dislocados. El «desarreglo de los sentidos» con el que Rimbaud describía entonces la actividad poética en vía hacia lo desconocido («se trata de llegar a lo desconoci- do mediante la disrupción de todos los sentidos») parecería poder a su vez describir la actividad revolucionaria y hasta la adolescencia de esa multitud que no quiere ocupar sus casillas y sale, por ello, en busca de agite” (vid. Salgado & Pérez-Rodríguez, 2021). excelencia (en tanto suceso antes y después del cual nada es igual) como la imagen poética (no como paisaje de significados proyectados por las palabras del poema, sino) como flashazo, fogo- nazo, iluminación en tu consciencia, identidad, in- teligencia, antes y después del cual ya no eres o sientes o miras o piensas igual. La poesía como interferencia en la cotidianeidad por momentos incomprensible, asombrosa, inesperada, como la revuelta que vuelve posible lo que anterior- mente era imposible siquiera imaginar. El sue- ño consecuente de una forma poética que infiltre y anime, como un viento, los sucesos de nues- tra cotidianeidad ética y política, y la compren- sión del efecto a la inversa de los acontecimien- tos en nuestras formas estéticas. Que es tanto como escribir algo que no sucediera podría dete- ner la forma / pero la forma podría hacerlo suce- der / antes / ahora de luego / más tarde que lue- go ahora / ahora luego de nunca / nunca o ahora. Umática. 2025; 8. https://doi.org/10.24310/Umatica.2025.v8i8.22354 8 María Salgado Resear·Area
Que es tanto como decir que hay acontecimientos del mundo que nos cambian la lengua igual que hay deslumbres de la lengua que nos cambian la per- cepción del mundo abriendo en él un curso antes no imaginado ni pensado, una vía de agua que es ya casi una acción, lo que antecede a la acción en la acción misma inserto: su molde y su expresión. Que es algo así como atender al molde expresivo de un lenguaje que no tiene un antes, desde luego, pero sí tiene un mundo desde y en el cual es emiti- do. A este punto de contacto o inserción de lengua y mundo una en otro, y otra en uno, y en este pun- to de las trans-figuraciones de sus formas, siendo la poesía uno de los actos de habla más intensa- mente vinculados a la materialidad en tanto soni- do y gesto, y por lo tanto, menos transparente en sus transcripciones escritas, más carnal, parecería po- sible borrar de nuestras frases el como como para tratar así de que ambas entidades se aproximaran un poquito más en cuerpo que en alma. El sueño así, aquí, ya no consistiría tanto en analogar como en seriamente considerar escritura y mundo en íntima relación de contacto o transferencia, jamás repre- sentacional. Al lado del poema de ready que trata de describir literalmente un disturbio como si se estu- viera dibujando impresiones de un paisaje, coloqué un poema que, como aquel de Aníbal Núñez que se titula “La espuma”, también es una poética. lo copia con papel carbonatado en negro de carbón falta su escrito cc agachada cc tensión del arco, piedra cc cto /afe (por) cto /conta (calco) cc en sí del no cc rostros enfebrecidos focos de coche herido, recortes de bloque por fractal, impresiones / y paisajes de una mal iluminada claridad (dibujo a carboncillo) la espuma la escritura iluminada la maleza del agua la turbiedad el aceite el temor de la un bote muerte de pintura en medio de la negra el mar que noche rompe la tormenta su posesión drogada el deletéreo gas de la piedra ilegible su frotamiento para ob te ner luz stylographic writer el mestizaje es importante Umática. 2025; 8. https://doi.org/10.24310/Umatica.2025.v8i8.22354 9 En sí del no. Poesía son disturbios Resear·Area
“La libertad”, escribe Claude Lefort, “está li- gada a la negatividad en el sentido de que impli- ca un rechazo de la dominación”. Ser libre, ¿qué es? Desde luego, depende mucho del contex- to. Pero no ser libre desde luego es una sensa- ción insoportablemente nítida a quien de pronto desea liberarse. En sí del no, la negatividad ca- racteriza la energía, si no la consistencia mis- ma de las revueltas e insurrecciones, pues la ma- yoría de ellas, hechas por el pueblo mal armado en periodos de precariedad, saben desde el ini- cio que fracasarán, si es que no apuestan todo a un exceso abocado al fracaso. No hay más que ver a las insurrectas de la Comuna gastando parte de su fuerza de defensa de París en derri- bar la Columna Vendôme, siendo paradigmático en este sentido, y como cuenta Judith Butler, el levantamiento del Gueto de Varsovia contra los nazis, pues las 750 personas que se alzaron sa- bían que lo hicieran o no lo hicieran, iban a mo- rir. Y lo que eligieron, pues, no fue no morir, sino no querer quererlo. Ser libres de morir en sus tér- minos. Podría este ser considerado un gesto para la nada, en tanto termina con apenas nadie sobre el suelo de pie, pero más bien parece que el baldío o la vacante o el descampado que abre, sin de- jar de estar hueco, triste, helado, y ser muy cruel, no está vacío, pues tiempo después, en otro mo- mento, otra revuelta vuelve y lo recuerda y reani- ma. Del mismo y de distinto modo, y a poco que se observe, la palabrita “no”, como un diamante o un poliedro puesto en el medio de la lengua abre un montón de aristas y matices y facetas distintas y similares a las de la negatividad insurreccional en el medio del acontecimiento, pues no siempre significa solo no en el sentido de ausencia o im- potencia o falta, sino también muchísimas veces es signo de la mayor potencia, exceso de gasto, acción, revuelta. Así, el no de la aplicación de ci- tas gay Grindr que excluye algunos cuerpos por identidades (“NO FEM NO FAT NO ASIAN”) y la energía riot grrl del No, Mind your own bussiness de Delta 9 no son iguales aunque suenen igual, pero sí es igual al de Delta 9 el “no quisiera que- rer” de “Nueces mojadas en los pastizales”, de Daniel Durand (2006, pp. 122-123): “[…] Lo peor es escribir bien. No, lo peor es escribir mal. Sí, lo mejor es amontonar. Sí, lo mejor es mejorar nuestro campamento, poner lindo el alrededor, apilando las piedras del lugar, monolitos pequeños que nos acercan al primer expresador, modificador, embellecedor: el artista: el primer traidor. […] Escribí para amontonar poder en mi apellido: Durand Ahora no lo quiero no quiero ese poder pequeño montado en mi apellido, no voy a corcovear, no quiero apellido, no quisiera querer […]”. Umática. 2025; 8. https://doi.org/10.24310/Umatica.2025.v8i8.22354 10 María Salgado Resear·Area
Piezas sucias y brillantes de una degrada- ción en curso, emblemáticas de una década y época, los noventa (expandidos hasta como mí- nimo 2008), donde nada que no fuera dinero po- día brillar ni ser tomado por bueno; los poemas de Durand hacen de permanente negativo a cuan- to se posa sobre ellos, volviendo bisutería la cha- tarra y chatarra la joyería. Hacer una escritura valiosa para luego amontonarla como las cosas que no valen se amontonan. Hacer un nombre de autor para luego deshacerlo. Tomar el poder del apellido para luego abandonarlo. Ser el mejor poeta público. Ser el mejor poeta secreto. Ser el peor poeta. Dejar de ser poeta. No serlo. Desear escribir un libro tan bueno como para no necesi- tar que nadie lo lea. Escribir bien, tan bien como Durand, para escribir mal, tan mal como Durand, es decir, romper la expectativa de todos y cada uno de los que en algún momento se erigen en autoridad o simplemente cometen el error de es- perar algo de ti. Traicionar sin parar. Primero, al padre padre, luego al padre poeta (que en otro poema suyo tiene a Whitman por principal), lue- go y sobre todo al Arte, esa Alta Literatura cuya etiqueta de corrección Durand pretende destro- zar aun sabiendo que esa misma operación im- plicaría incluirse en ella; después, el padre de eso que él llama “barrio” pero podría también llamar “masculinidad”; y, por último, el Estado, al que le dedica el título del recopilatorio de 2006 El es- tado y él se amaron y esos versos tan desafian- tes que dicen “que cien hombres reunidos hacen la centésima parte de un hombre” (Durand, 2006, p. 55) para, acto seguido, colocar a su lado, quizá no tan sorprendentemente bajo la hipótesis aquí apuntada, la escritura: “que aspiro a una escritu- ra recta, sin esperanzas”. Que Durand en un mo- mento dado dejara Buenos Aires y se marchara a Filipinas a vivir y a no escribir, para mí no es el lazo que lo une genealógicamente con Rimbaud ni con tantos otros poetas del siglo XX como, sin ir más lejos, el Aníbal Núñez que escribe “No, es- cribir no es vivir”, sino esta negatividad con res- pecto a todo, y en el todo incluida la propia escri- tura, pues al fin y al cabo con ella es con la que se enuncia su división con la vida, y sin ella no se puede enunciar-mitificar esa forma más vital que se estaría viviendo tras la partida. Durand, Aníbal, Rimbaud, Baudelaire. Se tra- ta de poetas todos en conflicto permanente con- sigo mismos, disentidores, decadentes, encan- tadores y exasperantes, como si para ellos la revuelta y el vagabundaje no tuviera nunca fin, duraran siempre. También se trata de hombres y es su obra partícipe también de un imaginario in- surreccional bien siglo XX, bien sin atmósfera, y que en plena ola transfeminista y en pleno siglo XXI adentradas, está siendo inflexionado, cues- tionado y disturbiado por otros planetas. Pienso en las cartas en las que la artista Lygia Clark le dice a su amigo el artista Hélio Oiticica (Clark & Oiticica, 2023), que terminó por morir joven de- jando tras de sí una obra potentísima, que se cui- de, y que no renuncie a exponer en todas par- tes, como ella, que quiere llegar a todo el mundo. Pienso en el potentísimo Belleza y felicidad con que Fernanda Laguna llamó a su editorial y es- pacio de arte under en plena crisis de 2001 en Argentina y ahora nombra su proyecto artísti- co colectivo en la población de infraviviendas de Umática. 2025; 8. https://doi.org/10.24310/Umatica.2025.v8i8.22354 11 En sí del no. Poesía son disturbios Resear·Area
Umática. 2025; 8. https://doi.org/10.24310/Umatica.2025.v8i8.22354 12 María Salgado Resear·Area
Villa Fiorito. Pienso en que Durand al final regre- só a Buenos Aires y volvió a escribir y a editar. Pienso en unos versitos de CO CO CO U de Luz Pichel que hacen esto tan de la oralidad rural de ir repitiendo y variando, como en respuesta a un diálogo, en su caso entre el gallego dialectal, el gallego normativo y el castellano: eramus moitos / eramos moitos alí / alí onde? / alí / alí fóra / [...] / arde u que? / u mundu / arde el mundo (Pichel, 2017, pp. 42, 52). Y me pregunto cuándo todos es- tos gestos tan disruptivos en su negar por partes la negación completa, y en sus respectivas disci- plinas y contextos, conformarán imaginario en- tre el que poder figurar las revueltas que fueron, las que están siendo y las que vendrán. Me refie- ro a una versión transfeminista del impactante “seja marginal / seja un héroe” de Oiticica (1967). Hay un poema de los que componen mi 31 poemas que contiene un disturbio. Es el primero que escribí y diría que el segundo disturbio del que tengo recuerdo (Salgado, 2010, pp. 39-40). Una de sus estrofas se titula “poética de la tecla insert”, que es una suerte de resto fósil de un momento en el que todavía me sorprendían las cosas que el or- denador –que solo llevaba unos cinco años usan- do– le podía hacer a la práctica de la escritura. La tecla, que ya ni siquiera está en mi ordenador, era una que te permitía sobreescribir a la vez que ibas escribiendo, de modo que si te confundías ya ha- bías avanzado un caracter y, de algún modo, sen- tías que no había vuelta atrás. Es decir, sí había vuelta atrás: podías simplemente volver atrás y escribir bien los dos caracteres y continuar, pero claramente este gesto resultaba poco eficaz. Lo que yo hacía, entonces, era activarla como para ver qué iba surgiendo del error, además del vér- tigo de no deber mirar atrás, como una especie de Orfeo. Era un ejercicio de escritura como otro cualquiera, pero al probarlo se me ofreció una fi- gura que ahora mismo está probablemente muy emborronada por lo obsoleto de la tecla, pero que quizá siga funcionando macroscópicamente. Es la figura de la escritura como sobreescritura que, como el fuego, solo pueden avanzar y al avanzar ir perdiendo, olvidando, pulverizando, pero tam- bién, a la vez, ir transformándolo todo. Umática. 2025; 8. https://doi.org/10.24310/Umatica.2025.v8i8.22354 13 En sí del no. Poesía son disturbios Resear·Area
(poética de tecla insert) memorizo antes de escribir a no ser que escriba antes de memorizar; escritura sobre escritura, paso antes que huella, paso que se come las huellas, pie que se muerde los puños, niño que no nace, viejo que rejuvenece Escribir o morir alternativamente, ¡oh payador! (poética de insert-coin) escribo sin memorizar porque todo lo que no sé se guarda en la hucha de mi escritura; escritura que se combina con números de suerte en la máquina trucada; escritura sobre vidrio, retraso en la madera; escritura prohibida en vasos de papel en el campo de presos de Guantánamo Oh payador, el mundo se escribe sobre una transacción cerrada en un baldío (poética koiné) los disturbios de anoche en Yvelines recuerdan a los de antesdeanoche en Villiers-le-Bel y a los de dos años atrás en la columna suburbial francesa tags de transmisión del post: Banlieue, Sarkozy, Marsella, Fuego, Citoyens, hijos de la patria, payador, sabed: que el jour de gloire est arrivée, que viene el tiempo de los signos mudos luminosos Escritura en el emero en el páramo en la sierpe Umática. 2025; 8. https://doi.org/10.24310/Umatica.2025.v8i8.22354 14 María Salgado Resear·Area
¿La opacidad qué es? Quiero decir, no en teo- ría sino experiencialmente. ¿Y qué es la clari- dad? Quiero decir, experiencialmente. Recuerdo en 2005 ver los disturbios de las banlieus de algu- nas ciudades francesas y que me causaran una impresión tan honda como para necesitar escri- bir sobre ellos sin estar cerca. No estoy segura de por qué necesité escribir sobre un disturbio en la banlieu parisina desde el Madrid de 2005, y no me gustaría solo decir que, como a mucha gente, la desigualdad existente me resultaba y resulta in- soportable, pero sí sé que hubo algo en compren- der lo que veía por televisión sin ninguna necesi- dad de entender apenas nada, ni mucho menos si atendía a las tertulias en las que los analistas se preguntaban cómo los vándalos podían estar quemando “sus propios coches”, que me hizo que- rer responder, necesitar comunicarme. El nega- tivo del deseo de poseer un coche, una casa y un trabajo en propiedad que el mercado nos conci- ta pero no permite a todes alcanzar, esa tensión irresoluble resuelta durante unos minutos por el fuego después del cual volverá a convertirse en irresoluble y quizá para quienes allí viven un poco más insoportable que antes... la posibilidad de durante un breve momento ser otro yo que el propietario del coche, ser otrx con otrxs otr- xs desapropiadxs de sí y de sus coches... perder para ganar para perder... podría darle muchas in- terpretaciones profundas a aquello, pero lo que 4. En cursiva van en este texto las connotaciones, los como si, los dobles sentidos, algunas frases y versos de otr- xs y varios versos míos con los que creo que pensé mejor lo que aquí digo que como aquí lo escribí. quiero decir es que me pareció que desde esos lu- gares se estaban transmitiendo unas señales tan claras como opacas, en la medida en que no te- nían transacción directa a unos significados pero sí traducción directa a unas sensaciones en quie- nes las recibíamos, yo por ejemplo. Legible ile- gible e ilegible legible, entender ese fuego era como saber un secreto sin contarlo, y contar- lo siempre ha sido no entenderlo, pues, como un poema o un sueño, cuando lo entiendes se termi- na. Un secreto puesto a la luz del día, digo, pues- to a la luz de la noche; una especie de comuni- cación subverbal entre regímenes materiales que todavía nos empeñamos en considerar distintos en Occidente, como lo humano y la naturaleza, o que tal vez siempre lo sean, como el mundo y la escritura, y eso que Benjamin pudo llamar so- lución secreta (Benjamin, 1991, p. 74) en una cita que leí poco después de los disturbios de anoche en Yvelines pero tampoco nunca comprendí del todo. Por suerte sobre todo escribo poesía, que es la vía para escribir un verso como alguna analo- gía habrá de haber entre poemas y plazas y no tener que comprenderlo ni demostrarlo del todo, pero que, espero, se cumpla durante el breve se- gundo en que se lee 4 . Madrid, septiembre de 2024 Umática. 2025; 8. https://doi.org/10.24310/Umatica.2025.v8i8.22354 15 En sí del no. Poesía son disturbios Resear·Area
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