
y negro de otras tantas «hojas» hechas de frag-
mentos de mármol pulido por ambos lados, tam-
bién unidos entre sí con un cordón. De este modo,
el Libro de mármol se reproduce a sí mismo, mul-
tiplicando por veinte un libro original hecho de
piedra, en cuya superficie están inscritas algu-
nas palabras, algunas líneas y ciertos signos –
unos reales, otros imaginarios– sobre cuyo signi-
ficado solo cabe especular.
Refiriéndose a sus sistemas de símbolos, la
artista ha declarado que «hay muchos, a veces
tomados de la simbología que se usa en la Física
o en las Matemáticas. Los utilizo como elemen-
tos plásticos: son representaciones gráficas del
pensamiento» (Meisel, 2022, p. 50) . Orensanz ha
mantenido la sugerente presencia de estos alfa-
betos inventados, a menudo combinados con un
lenguaje legible, en todos los formatos en los que
ha trabajado, incluidas sus esculturas para es-
pacios públicos6. En el folleto Transmitir la ener-
gía del pensamiento. Una conversación entre Lea
Vergine, Marie Orensanz y Gilo Dorfles, diseña-
do e ilustrado por la artista, el historiador italia-
no Dorfles señalaba que estos signos «pueden
entrar en un discurso de “eficacia polisémica”.
[...] Su eficacia proviene precisamente de su car-
ga polisémica y de su ambigüedad semántica»
(Orensanz, 1975, s/p). Estas enigmáticas compo-
siciones construyen un espacio siempre abier-
to a la interpretación de la persona observadora,
una característica que, según la perspectiva de la
6. Como, por ejemplo, Sin título, instalada en la pared exterior de L‘Archevéché en la cour Saint-Jean,
Besançon, en 1990.
7. Aunque más tarde Schraenen decidió ampliar la serie más allá de los diez libros previstos inicialmente, e
invitó a otra mujer artista, la alemana Nanne Meyer, a crear también uno de los libros.
artista, es parte inalienable de su obra: «No creo
que el arte sea, ni deba ser, la visión de una perso-
na, la expresión de una persona. Debería, en cam-
bio, ofrecer puntos de referencia para que todo
el mundo pueda desarrollar sus propias ideas»
(Meisel, 2022, p. 68).
Una de las últimas publicaciones de Marie
Orensanz aparecería en 1990, cuando el renom-
brado editor belga Guy Schraenen la invitó a par-
ticipar en su proyecto «In Octavo»: una serie de
diez publicaciones concebidas por otros tan-
tos artistas, entre los que se encontraban Gianni
Bertini, Henri Chopin, Peter Downsbrough, Jiří
Kolář y Bernard Villers. Orensanz, la única mujer
de la lista,7 aceptó la invitación y concibió un fo-
lleto titulado Communiquer… (Fig. 7) en el que, de
forma provocativa, la información textual brilla
por su ausencia, con la excepción del título en la
portada y los datos de la edición en el interior de
la contraportada. Solo las páginas derechas de
este libro están ilustradas –con diferentes com-
posiciones de líneas rectas y curvas, flechas y
puntos–, pero todas las hojas presentan la mis-
ma peculiaridad: están atravesada por dos sec-
ciones horizontales, a diferentes alturas, de tal
manera que los fragmentos resultantes –y las
ilustraciones impresas en ellos– pueden combi-
narse en innumerables disposiciones que multi-
plican las lecturas posibles de este libro.
Umática. 2025; 8. https://doi.org/10.24310/Umatica.2025.v8i8.22249
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Mela Dávila Freire Diálogos