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De la Teta al Icono Creation · Zone
4. Teta como significado y significante.
Una madre tierra kits.
La Tetamundi, al igual que otras obras emblemáticas a lo
largo de la historia del arte, establece conexiones simbólicas
con diversas tradiciones visuales y culturales. Remite, por
ejemplo, a las Venus prehistóricas, como la célebre Venus de
Willendorf, figuras que exaltan la fertilidad, la abundancia y
la fuerza vital femenina. En estas representaciones, el seno
se posiciona como un símbolo de vida, continuidad y cone-
xión con la tierra (Bahn, 1998).
De forma paralela, la obra dialoga con las imágenes de
las vírgenes lactantes de la iconograa cristiana medieval
y renacentista, donde el acto de amamantar simboliza no
solo la nutrición sica, sino también la entrega espiritual y
la sacralidad del cuerpo materno. Desde el punto de vista
iconológico, se trata de un motivo ambivalente: en el regis-
tro devocional, el amamantamiento puede leerse como don
y transmisión de vida; sin embargo, en un plano socioicono-
gráfico corre el riesgo de reducir la agencia femenina al rol
materno si no se recontextualiza críticamente y se evita re-
ducirlo a la maternidad. En este sentido, la Tetamundi refor-
mula el arquetipo: no presenta a “la madre de”, sino un cuer-
po-mundo que desactiva el monopolio del maternalismo y
desplaza el signo hacia autonomía, libertad y sororidad. Esta
lectura se sostiene iconológicamente (estratos de significa-
do y marco histórico) y por la pervivencia de formas y afec-
tos en el tiempo, más allá del modelo devocional (Panofsky,
1972; Didi-Huberman, 2002; Warburg, 2010).
De manera similar, la teta planetaria también se conec-
ta con la tradición del arte pop, especialmente con el trabajo
de Andy Warhol, quien transformó figuras populares y ele-
mentos cotidianos en símbolos de reflexión social. Un ejem-
plo claro son sus retratos Shot Marilyns, donde convertía el
rostro de Marilyn Monroe en un icono reproducido en serie.
Con estas obras, desafiaba los límites entre lo comercial, lo
kitsch y lo artístico.
La Tetamundi adopta una estética deliberadamen-
te kitsch, vibrante y accesible, que celebra lo popular y cues-
tiona la censura del pecho en diversas esferas, desde el
arte hasta las redes sociales, donde la representación del
cuerpo femenino sigue siendo objeto de juicio y represión.
Aunque sorprendentemente, la obra no fue censurada en
Instagram, ha generado comentarios de escándalo y repul-
sión por representar una teta como algo de “mal gusto” o ex-
cesivamente provocador.
El caso de Javier Jaén (diseñador del cartel de la pe-
lícula Madres Paralelas de Pedro Almodóvar) ilustra esta
asimetría: fue censurado en Instagram por la representa-
ción de un pezón femenino transformado en un ojo. Esta
obra, que representaba el pezón como una metáfora visual
poderosa, fue considerada demasiado subversiva por las
políticas de la plataforma, que elimina o restringe imágenes
de cuerpos desnudos, especialmente femeninos (mientras
que el pezón masculino no recibe la misma política). Esta
censura pone de manifiesto cómo la representación del
cuerpo femenino sigue siendo un tema controvertido que
persiste en espacios públicos (ejemplo: madres lactantes)
y digitales, a pesar de que el gesto artístico esté alejado de
cualquier intención vulgar o despectiva. Este episodio su-
braya el doble estándar, donde ciertos símbolos asociados
al cuerpo de la mujer continúan siendo interpretados como
provocadores o indecentes, mientras que en otros contextos,
como la publicidad o el entretenimiento mainstream, pueden
ser tratados de forma trivial o sexualizada (El País, 2021).
Este doble estándar no se limita a lo moral o lo es-
tético, sino que remite a tecnologías de poder que regu-
lan el cuerpo y su visibilidad. En términos foucaultianos,
la mirada normativa opera como dispositivo disciplina-
rio que produce lo “mostrable” y expulsa lo “impropio”. La
Tetamundi interviene esa economía visual al redistribuir
el umbral de lo visible: desplaza el signo del pudor hacia el
pensamiento crítico y del fetichismo hacia la política de los
cuidados (Foucault, 1977).
Estas obras abren espacios para ver lo invisible, desa-
fiar lo cómodo y repensar lo olvidado. Sin pedir permiso ni
ajustarse a expectativas impuestas, confrontan lo silencia-
do y marginado. Es una llamada a la reflexión y a la acción.
Porque, así como el arte puede cuestionar, también puede
sanar, liberando lo que ha sido distorsionado por el tiempo, la
historia y la cultura dominante.
Umática. 2025; 8. https://doi.org/10.24310/Umatica.2025.v8i8.21806