ResearchArea
Livia Daniel
derejercerunusoautoritariosobrelosdemás. Deloquesetrataesdeltipodevínculoquees-
tablecemos con la herramienta. Si este no está creado a partir de una fuerte relación no de-
beríamos temerlo. Ahora, si por el contrario este se crea de forma fuerte entonces sí, porque
nos conecta con otras problemáticas éticas.
Lacuestiónconflictivaresideencómoseasientaelmiedoyencómoaíslaelpensamien-
to, redirigiéndolo al reflejo propio. Como si, siguiendo el símil con que comenzamos, al ha-
blar de «Dios» quisiéramos que el otro pensara en este de manera igual a la nuestra. Wendy
Brown (2015) ha estudiado cómo el neoliberalismo ha transformado la relación entre indi-
viduo y verdades sociales, tal y como desarrolla en ‘Undoing the Demos: Neoliberalism’s
StealthRevolution’. Ladesarticulacióndeverdadescompartidas, odesupresunciónestable-
cida, tal como analiza Brown, se centra en la relación que precisamente estas fuerzas de po-
der han establecido entre verdad y mercado. Por un lado, desde la conversión al producto, y,
porotro, mediantelasegregacióndelosespaciosenlosquelasverdadescompartidastenían
antescabida. Estarelaciónnossitúaactualmenteenunarealidaddondehemosnormalizado
el espacio común como un lugar al que solo se nos invita, o al que solo acudimos, si se trata
de asentir y no discutir. Podríamos de esta manera comprender la verdad como aquello que
queda cuando no queda nada más a lo que acogernos, cuando no existe otra posibilidad que
la justifique. La palabra se usa igualmente para negar su contrario, como para constatar, no
pudiendo demostrarse de otra forma que no sea añadiendo: es verdad.
Actualmente, y en gran medida como consecuencia de la sospecha introducida por lo di-
gital, el uso de la verdad, de la palabra «verdad», se ha vuelto más común. Lo cual solo quiere
decir que ahora hay una mayor necesidad de justificar el hecho en sí mismo para darle cre-
dibilidad. Lo que no ha pasado desapercibido para las políticas neoliberales, que han hecho
acopio del impacto y control que supone capturar una palabra. Sobre todo, si pueden hacerlo
resignificándolas conceptualmente, como si la verdad o la libertad les fueran propias. Tal y
como Brown señala, el neoliberalismo despolitiza términos como «libertad» o «verdad», re-
duciéndolos a simples estrategias de optimización individual. Hay un interesante vínculo en-
trelaverdadylalibertad. Aunquedeformasdistintas, ambasconsiguencompetirenunmis-
mo espacio de interés útil para dichas mecánicas, no estando exentas la una de la otra, dado
que, como bien defiende Maggie Nelson, la verdad es un acto de libertad radical. Para ella,
igual que para Butler (2002; 2007), la verdad no es estática, es precisamente resultado de su
posibilidad de movimiento: un movimiento en la práctica de la libertad, la vulnerabilidad y la
transformaciónconstante. Elasticidadque, justamente, seráparaelneoliberalismolafuente
de transformación de los conceptos como dispositivos de control económico.
En el ensayo ‘Undoing the Demos’, Brown (2015) sentencia que ‘el neoliberalismo desmo-
ronalaciudadaníademocrática, transformandoacadaindividuoenunempresariodesímis-
mo y reduciendo toda actividad humana a un cálculo de inversión y rendimiento competitivo’
(p. 22). La libertad se convierte así en una práctica de explotación donde el valor del sujeto
se mide únicamente por su capacidad de adaptación al mercado”. A lo que podemos añadir
la mirada que Remedios Zafra (2017) propone en su ensayo ‘El entusiasmo’ sobre cómo este
6