Umática. Revista sobre Creación y Análisis de la Imagen  
{issn: 2659-5354 // d.l.: ma- 1628-2018}  
El arte como contraverdad:  
Intersecciones entre inteligencia artificial, prácicas  
artísticas y epistemologías contemporáneas  
Art as counter-truth: intersecions between artificial intelligence, artistic pracices, and  
contemporary epistemologies  
New York University, Estados Unidos.  
Resumen  
Artículo original  
Original Article  
Este ensayo analiza la reconfiguración contemporánea del concepto de verdad en un contexto  
marcado por la inteligencia artificial (IA) y las estructuras neoliberales. Para ello se adopta un enfo-  
que interdisciplinar, combinando teorías críticas como las de Nelson, Wittgenstein, Brown y LaViers,  
que nos permitan realizar un análisis contemporáneo sobre el impacto de la IA en la sociedad y el  
arte. Asimismo, se muestran algunas prácticas artísticas que se encaminan en este sentido como las  
de Stephanie Dinkins o Vladan Joler y Kate Crawford.  
Correspondencia/  
Correspondence  
Livia Daniel  
La investigación se enfoca en los cambios epistemológicos y culturales provocados por la ace-  
leración digital y el neoliberalismo, observando cómo la verdad es cuestionada en el arte. Los ha-  
llazgos nos permiten identificar la conversión de la verdad en un objeto mercantilizado, controlado  
por las dinámicas neoliberales, con la IA como actor central en este proceso. Se discute el papel del  
arte como espacio de resistencia frente a la manipulación de la verdad. Finalmente, se aboga por un  
enfoque ético (digital) de la IA que promueva el pensamiento crítico.  
Financiación/Fundings  
Sin financiación  
Received: 27.04.2025  
Accepted: 02.07.2025  
Palabras Clave: Inteligencia Artificial, Verdad, Feminismo, Arte, Sociedad, Amy LaViers, Stephanie Dinkins.  
CÓMO CITAR ESTE TRABAJO / HOW TO CITE THIS PAPER  
Daniel, L. (2025). El arte como contraverdad: Intersecciones entre inteligencia artificial, prácticas ar-  
tísticas y epistemologías contemporáneas. Umática. Revista sobre Creación y Análisis de la Imagen, 8.  
https://doi.org/10.24310/Umatica.2024.v8i8.21787  
Umática. 2025; 8. https://doi.org/10.24310/Umatica.2024.v8i8.21787  
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ResearchArea  
Livia Daniel  
Art as counter-truth: intersecions between artificial intelligence,  
artistic pracices, and contemporary epistemologies  
Livia Daniel  
New York University, USA.  
Abstrac  
This essay analyzes the contemporary reconfiguration of the concept of truth in a context  
marked by artificial intelligence (AI) and neoliberal structures. Its main objective is to explore how  
these technological and political dynamics transform truth, challenging its traditional definition and  
affecting its understanding in everyday life and artistic practices. To this end, an interdisciplinary  
approach is adopted, combining critical theories such as those of Nelson, Wittgenstein, Brown, and  
LaViers, which allow us to conduct a contemporary analysis of the impact of AI on society and art.  
Likewise, it showcases some artistic practices that move in this direction, such as those of Stephanie  
Dinkins or Vladan Joler and Kate Crawford.  
The research focuses on the epistemological and cultural changes caused by digital accelera-  
tion and neoliberalism, observing how truth is questioned in art. The findings allow us to identify the  
conversion of truth into a commodified object, controlled by neoliberal dynamics, with AI as a central  
actor in this process. The role of art as a space of resistance against the manipulation of truth is dis-  
cussed. Finally, it advocates for an ethical (digital) approach to AI that promotes critical thinking. With  
this analysis, the aim is to invite reflection in favor of other common alternatives on which to collec-  
tively rethink the idea of truth. Other alternatives where values are established from perspectives  
not subordinated to authoritarianism and hierarchical manifestations of domination.  
Key Words: Artificial Intelligence, Truth, Feminism, Art, Society, Amy LaViers, Stephanie Dinkins.  
Summary – Sumario  
1. Introducción  
2. Metodología  
3. Verdad, contingencia, fragilidad  
4. La no-univocidad de la IA  
5. Atención: el momento de la IA  
6. Tecnología y control  
7. Estrategias de aparición  
8. Conclusiones  
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El arte como contraverdad  
1. Introducción  
ResearchArea  
El presente estudio surge de la necesidad de reexaminar el concepto de verdad en un  
contexto donde la aceleración informativa y la fragmentación discursiva, propias de la so-  
ciedad “dromocrática” descrita por Virilio (2006), se magnifican con la llegada de la IA. El  
análisis se presenta desde una mirada artística, si bien la contingencia de la verdad es exa-  
minada en general como condición de posibilidad de esa mirada. Nuestro interés por la no-  
ción de verdad surge del trabajo con los materiales y sus posibilidades de transformación,  
dadas su temporalidad y resistencia, asumiendo que en nuestros días la relación entre la  
prácticadelaverdadylacreaciónartísticaestáatravesadaporlairrupcióndelotecnológico  
en nuestro contexto sociocultural específico. Nuestra investigación se centra fundamental-  
mente en el establecimiento de un marco conceptual que permita comprender el impacto de  
lossistemasdeinteligenciaartificialennuestrarelaciónconlaverdad, explorandosusimpli-  
caciones éticas, sociales y relacionadas con la práctica artística.  
Proponemos una reflexión sobre los nuevos paradigmas que ha suscitado la evolución  
y el desarrollo de estas tecnologías en el tiempo presente, así como la réplica a los discursos  
de captación y neutralidad tecnológica que encubren estrategias de control y segregación.  
2. Metodología  
Este estudio se fundamenta en un análisis interdisciplinar que integra fuentes teóricas  
contemporáneas como LaViers, Virilio, Maggie Nelson, Laurie Penny, Wittgenstein y Judith  
Butler, con pensadores críticos del sistema neoliberal como Wendy Brown y Mark Fisher  
además de apoyarse en artistas como Felix González Torres, Crawford y Joler y Stephanie  
Dinkins. La selección de estas fuentes responde a su modo de conectar disciplinas híbridas  
como el arte y la tecnología, y tiene como objetivo plantear la incidencia de la IA en nuestras  
prácticas y modos de subjetivación para preguntarse por la articulación de una respuesta  
que no perpetúe desigualdades estructurales, como procura en efecto ser la desarrollada  
desde el feminismo. Nuestra investigación dialoga con la filosofa del lenguaje, la crítica so-  
cial, la teoría feminista y la práctica artística contemporánea, que son convocadas con el fin  
de captar la complejidad del concepto de verdad en la era digital. La metodología adoptada  
se centra en un enfoque cualitativo de análisis crítico-discursivo, que contrapone los relatos  
hegemónicos sobre la IA con otras alternativas que se plantean desde miradas decoloniales  
y feministas. Desde aquí, se establecen varios núcleos temáticos que ahondan en examinar  
cómo la verdad opera en sus distintos contextos: como contingencia lingüística, como espa-  
cio de orden en la práctica artística, como objeto de instrumentalización política y, finalmen-  
te, como lugar de resistencia y creación de estrategias y resistencias alternativas. La inves-  
tigación dialoga también con las teorías de Jacques Rancière (2004) sobre la distribución de  
lo sensible, entendiendo de esta forma el arte como práctica que posibilita la reconfigura-  
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ción de lo visible y lo decible en la sociedad. Asimismo, se incorpora la perspectiva de Susan  
Sontag(1966)sobrelatransparenciaartísticacomoformadeaccederalaverdadsinmedia-  
ciones interpretativas excesivas.  
3. Verdad, contingencia, fragilidad  
Parte del problema que representa hablar sobre la verdad tiene su origen en la propia  
palabra, cuyo significado no termina de ser evidente ni compartido por todos. Así, Maggie  
Nelson (2021) sugiere que “la libertad funciona como la palabra «Dios», en la medida en que,  
cuando la utilizamos, nunca sabemos realmente con seguridad si estamos hablando de lo  
mismo” (p. 45). La relación que Nelson establece, donde «libertad» funciona como «Dios»,  
está apuntando precisamente a la relación que se da en términos que operan como contin-  
gencias constitutivas, y que por su carácter pueden ser indeterminadas, según su contexto o  
su uso siguiendo el modelo de Wittgenstein (1953/2009). En el mismo sentido, podríamos es-  
tablecer una relación entre los términos «libertad» y «verdad», ambos transitando en lo in-  
determinado, y en relación con cuyo significado nunca podemos estar seguros de que esté  
siendo compartido con el otro. Las palabras adquieren su significación precisamente por su  
utilización en un contexto, su lugar en un hecho. Al margen de las posibilidades que ofrece  
el uso de «verdad» como concepto indeterminado o ambiguo, hemos de hablar de las cosas,  
aunque —y sobre todo— tal como lo expresó Oppen (1968), uno ya no esté seguro de las pa-  
labras. La verdad es pues un momento o, cuando menos, es lo que emerge en un momento.  
El uso que hacemos de ella, de la palabra, es una demostración de fe, una petición genuina  
a un otro que busca situarnos frente a un reflejo, donde la verdad pueda ser, o tener, un sen-  
tido compartido. Así ocurre en la práctica artística cuando las formas y los materiales, las  
ideas y los procesos se transforman en otra cosa y se unen para resistir —al estado de co-  
sas en el arte, a la verdad de este. Esto es, cuando la obra siempre está a punto de ser, pero  
solo existe en un momento preciso, como la verdad —o como defendemos en este texto que  
es su duración.  
Tomamos entonces la verdad como un momento en el que coinciden dos cuerpos dis-  
puestosacreerenalgocomún;unocreyendoqueloquediceesverdadyotroqueriendocreer  
quelodichoesverdad.Teniendoencuenta,noobstante,quelaverdadesalgomásamplioque  
un fenómeno temporal o que una construcción individual o colectiva: es un territorio de orde-  
nación de los hechos. En el arte, esta formulación puede concebirse a partir de la idea de dos  
cuerpos que se encuentran y resisten a los materiales o se adaptan a ellos, en ese momen-  
to preciso de transformación en el que algo pasa a ser otro algo. Un ejercicio entre la con-  
tingencia y la permeabilidad al cambio que se establece desde el significante. Determinados  
por el contexto, esos cuerpos quedan expuestos a un diálogo permanente sobre aquello que  
no puede ser definido universalmente. Su forma está atravesada por tantos segmentos que  
compartir un único valor resulta improbable. Tal y como ocurre con la palabra «Dios», «ver-  
dad» se pronuncia con la esperanza de compartir una idea común aún a sabiendas de que no  
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se puede probar su creencia de forma homogénea. Su definición es una aproximación, una  
decisión en la que se elige creer.  
En la actualidad, principalmente mediante la narrativa promovida desde el neolibera-  
lismo y su poder de modificar y transformar aceleradamente el significante, tal fragilidad  
constituyeunaherramientadefraccionamientodelasociedad. Elujodeexpansióndeestos  
discursos se ha amplificado en gran medida debido a lo que Paul Virilio estima como tiempo  
de aceleración. La sociedad ‘dromocrática’, como define Virilio (1997) a una estructura social  
dominada por el ritmo y por la lógica de la velocidad, es propicia a estas políticas. Su funcio-  
namiento nos incapacita para mantenernos al día, para establecer pausas dentro de la nor-  
malidad, para crear espacio y tiempo donde puedan aparecer el pensamiento y la reflexión.  
El ciclo invasivo de información diaria está diseñado para mantenernos reaccionando en lu-  
gar de pensando. Aquí es útil recordar la reflexión que hace el pensador francés hace sobre  
la dirección a la que nos conduce el avasallamiento de información como individuos sociales,  
limitándonos en la posibilidad de resistencia o comprensión. Se producen en microsegundos  
decisiones inmediatas, mientras la incapacidad de resistir se interpone en el ritmo al que la  
realidad se construye, afectando también a la capacidad de entendimiento o pensamiento.  
La durabilidad de la verdad es determinante en su construcción, habida cuenta de que, si bien  
antes los poderes se implantaron en el control del espacio, ahora lo hacen en el control del  
tiempo. La práctica del poder mediante estos activos de aceleración fomenta la reacción co-  
lectiva, lugar que resulta idóneo para segmentar e impulsar ideas autoritarias. La facilidad  
de acceso y la emulsión de contenido constante sin filtro (o casi), sumado a las numerosas  
metodologías de interés sobre las fake news, han cautivado a muchos, pero sobre todo han  
sembrado el miedo y la duda.  
4. La no-univocidad de la IA  
Gran parte del conflicto colectivo e individual asociado a estos procesos, la cuestión de  
cómo los individuos resisten y transgreden, la de cómo los grupos se segregan o son dividi-  
dos, la de cómo se crea comunión como fuerza de resistencia, tiene lugar precisamente en  
tanto que respuesta a esta imposición de la narrativa capitalista que ha traducido nuestro  
tiempo a un valor monetizable. No obstante, los cambios que ha favorecido la llegada de in-  
ternet son múltiples y no unívocos. La pensadora Amy LaViers (2021) propone un acerca-  
miento a la herramienta de la IA que invita a reflexionar sobre el miedo que históricamen-  
te ha acompañado a los fenómenos de cambio que han revolucionado la sociedad. LaViers  
(2021) explica lo que ha denominado ‘the knife method’, una teoría sobre el uso de la IA, en  
la que la equipara a una herramienta común, como podría ser el uso de un cuchillo para un-  
tar mantequilla. Si usáramos la IA tal y como usamos un cuchillo para untar mantequilla en  
nuestras tostadas, es decir, como una herramienta más, no deberíamos temer a la IA ni a su  
impacto. El problema está, claro, no en la herramienta, sino en su uso, y en la falta de control  
de los poderes que no recurren a ella como herramienta, sino que imponen el miedo para po-  
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derejercerunusoautoritariosobrelosdemás. Deloquesetrataesdeltipodevínculoquees-  
tablecemos con la herramienta. Si este no está creado a partir de una fuerte relación no de-  
beríamos temerlo. Ahora, si por el contrario este se crea de forma fuerte entonces sí, porque  
nos conecta con otras problemáticas éticas.  
Lacuestiónconflictivaresideencómoseasientaelmiedoyencómoaíslaelpensamien-  
to, redirigiéndolo al reflejo propio. Como si, siguiendo el símil con que comenzamos, al ha-  
blar de «Dios» quisiéramos que el otro pensara en este de manera igual a la nuestra. Wendy  
Brown (2015) ha estudiado cómo el neoliberalismo ha transformado la relación entre indi-  
viduo y verdades sociales, tal y como desarrolla en ‘Undoing the Demos: Neoliberalism’s  
StealthRevolution’. Ladesarticulacióndeverdadescompartidas, odesupresunciónestable-  
cida, tal como analiza Brown, se centra en la relación que precisamente estas fuerzas de po-  
der han establecido entre verdad y mercado. Por un lado, desde la conversión al producto, y,  
porotro, mediantelasegregacióndelosespaciosenlosquelasverdadescompartidastenían  
antescabida. Estarelaciónnossitúaactualmenteenunarealidaddondehemosnormalizado  
el espacio común como un lugar al que solo se nos invita, o al que solo acudimos, si se trata  
de asentir y no discutir. Podríamos de esta manera comprender la verdad como aquello que  
queda cuando no queda nada más a lo que acogernos, cuando no existe otra posibilidad que  
la justifique. La palabra se usa igualmente para negar su contrario, como para constatar, no  
pudiendo demostrarse de otra forma que no sea añadiendo: es verdad.  
Actualmente, y en gran medida como consecuencia de la sospecha introducida por lo di-  
gital, el uso de la verdad, de la palabra «verdad», se ha vuelto más común. Lo cual solo quiere  
decir que ahora hay una mayor necesidad de justificar el hecho en sí mismo para darle cre-  
dibilidad. Lo que no ha pasado desapercibido para las políticas neoliberales, que han hecho  
acopio del impacto y control que supone capturar una palabra. Sobre todo, si pueden hacerlo  
resignificándolas conceptualmente, como si la verdad o la libertad les fueran propias. Tal y  
como Brown señala, el neoliberalismo despolitiza términos como «libertad» o «verdad», re-  
duciéndolos a simples estrategias de optimización individual. Hay un interesante vínculo en-  
trelaverdadylalibertad. Aunquedeformasdistintas, ambasconsiguencompetirenunmis-  
mo espacio de interés útil para dichas mecánicas, no estando exentas la una de la otra, dado  
que, como bien defiende Maggie Nelson, la verdad es un acto de libertad radical. Para ella,  
igual que para Butler (2002; 2007), la verdad no es estática, es precisamente resultado de su  
posibilidad de movimiento: un movimiento en la práctica de la libertad, la vulnerabilidad y la  
transformaciónconstante. Elasticidadque, justamente, seráparaelneoliberalismolafuente  
de transformación de los conceptos como dispositivos de control económico.  
En el ensayo ‘Undoing the Demos’, Brown (2015) sentencia que ‘el neoliberalismo desmo-  
ronalaciudadaníademocrática, transformandoacadaindividuoenunempresariodesímis-  
mo y reduciendo toda actividad humana a un cálculo de inversión y rendimiento competitivo’  
(p. 22). La libertad se convierte así en una práctica de explotación donde el valor del sujeto  
se mide únicamente por su capacidad de adaptación al mercado”. A lo que podemos añadir  
la mirada que Remedios Zafra (2017) propone en su ensayo ‘El entusiasmo’ sobre cómo este  
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rendimiento competitivo es forzado en los artistas. Es decir, convirtiéndolos en cazadores de  
lo intelectual o lo económico, pero no supervivientes de ambos. Si bien para Nelson (2021) la  
vulnerabilidad no es otra cosa que la práctica de libertad y, puesto que la verdad y la liber-  
tad se ejercitan en paralelo, podríamos considerar a la vulnerabilidad como un accionador de  
la verdad. El ensayo de la libertad nos acerca a la verdad sin articular los contornos donde  
esta se produce, posibilitando su expansión sin delimitar su construcción. Lo cual no ocurre  
con el sistema que nutre las ideas de selectos depredadores dispuestos a adaptarse al mer-  
cado y resignificar haciendo a los demás vulnerables por defecto y no por libertad de acción.  
El vínculo entre lo intelectual y el capital que se ve diseminado por la necesidad alcanza es-  
tadios de ansiedad y precariedad colectivos. A lo que Brown (2023) añade en Nihilistic Times:  
ThinkingwithMaxWeber:Laverdadenelcapitalismotardíoyanoesunproblemaéticoo-  
losófico, sino una mercancía. Los sujetos no buscan comprender, sino rentabilizar. El conoci-  
mientosetransformaenuninstrumentodepodereconómico, vaciándosedesupotencialcrí-  
tico y transformador” (p. 78). A lo que sugerimos añadir un elemento fundamental que tiende  
aolvidársenos:eltiempo. Realmente, conloqueseestátraficandoesconeltiempo. Cualquier  
práctica requiere de tiempo, el cual no se puede reponer. Nadie puede comprar más tiempo,  
pero sí puede comprar el tiempo de otros. Esta transacción deja a los supervivientes exentos  
de tiempo propio, para pensar, practicar la libertad, o cualquier otra operación que verdade-  
ramente les suponga la participación en el sistema de supervivencia económico.  
5. Atención: el momento de la IA  
Entre tiempo y uso se interpone la política, afianzando futuros temporales que se sos-  
tienen en la captación de palabras útiles y significativas. La libertad, que ha sido sujeto his-  
tórico animado por la necesidad de ser libre frente al estado de permanecer cautivo de algo  
o de alguien, es ahora símbolo del neoliberalismo, que abandera esa necesidad. ¿Libres de  
qué? Habría que diseccionar primero, como hace Nelson (2021), de qué y quién nos haría li-  
bres para empuñar dicha noción de libertad. La singularidad recae sobre cómo se revela y se  
atiende a la captación de la palabra, y al valor que se le asigna en la repetición de su uso. Un  
territorio de ordenación gozoso para las políticas neoliberales que transforman palabras en  
campañas, imágenes, ygritosdeguerraquepasanaformarpartedeunarchivohistóricode-  
terminante y constituyente de nuestra realidad.  
Un ejemplo claro es Elon Musk, que tras la compra de Twitter ha resignificado el uso  
de las redes sociales como herramienta captiva tanto de discurso como de masas (Roose,  
2023). Su, desde luego, ya no tan invisible campaña pro-Trump, ha conseguido expulsar a un  
gran segmento de los usuarios que usaban la App antes de su cambio de nombre. El alcan-  
ce de su red no solo ha favorecido a la toma de poder del presidente, sino que ha servido de  
alzamiento a otros territorios y, sobre todo, ha contribuido a afianzar un discurso neoliberal.  
La política ha ocupado, en tanto que administración y captación, también los espacios públi-  
cos de lo político, aquellos espacios que no deberían estar diseccionados por una única co-  
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rriente como ha sucedido con Twitter. La plataforma acogió durante más de una década a  
toda una variedad de usuarios que compartían espacio y conversación pese a la disonancia  
deopinionesypensamiento. Elproblemaseenunciaenquelaocupacióndeestosespaciosse  
ha producido desde los poderes políticos y no desde el pueblo. Recordemos que Twitter sirvió  
de escenario y altavoz para las mujeres en el arranque del movimiento #metoo que se fundó  
desde la plataforma, y que fue de suma importancia en el surgimiento de la cuarta ola femi-  
nista. Losespaciosdeseguridadquesehabíanestablecidoenlaredyquehabíantejidoredes  
de apoyo para grupos históricamente discriminados son ahora espacios en los que no nos  
podemos sentir seguros. Tal y como advirtió Gonzalez Torres (1993): “Pero después de vein-  
te años de discurso feminista y teoría feminista, hemos llegado a comprender que el «simple  
mirar» no es simplemente mirar sino que la mirada está cargada de identidad: género, es-  
tatus socioeconómico, raza, orientación sexual... La mirada está investida de muchos otros  
textos.” (p. 35). Antes de internet, Torres nos advertía del adormecimiento y el impacto del  
contenidoinformativoensuseriedate-pieces (Untitled, 1987), desdelaquecriticabaelreduc-  
cionismo de los medios y su tendencia a homogeneizar el valor de la información. El acto de  
cambiar de canal en la TV y que las noticias aparecieran sin relación de contexto o relevan-  
cia las reducía a todas a ellas a un estado de neutralidad y banalidad. Esto mismo nos ocu-  
rre al hacer scroll: pasamos de una noticia terrorífica a ver un meme, transicionando de es-  
tado emocional con la misma velocidad con la que nuestros dedos se deslizan. El ejemplo de  
Torres y de cómo ese consumo nocturno televisivo servía de catalizador entre la transición  
de un trabajo a otro (el de camarero y el de artista, ambos al servicio de un otro), no difiere  
mucho del uso que hacemos actualmente de nuestros terminales móviles. Mirar el móvil en  
la actualidad, y por lo tanto consumir información o imágenes, es otra forma de relleno tem-  
poral o de soporte para el colapso mental al que nos lleva el pluriempleo. Resulta simbólico  
que la temporalidad aquí sea significativa para entender cómo el tipo de consumo y el tipo  
de noticias se ha alterado, y en cambio no ha ocurrido con la práctica. En lo que se diría que  
prácticamente resuena un apunte hecho por Nelson (2021) en su libro sobre la libertad: “Me  
daba igual lo que escuchara esos lunes por la noche, pero siempre me encantó la sensación  
de adentrarme en la noche con la mente rebosante de noticias reales e irregulares de cómo  
pensaban y sentían los que estaban a mí alrededor” (p. 58). Los tiempos ahora no permiten  
esa práctica pausada y reflexiva sobre la información que se recibe, y tampoco el espacio en  
elquelainformaciónincideesunespaciovacuo. Eltiempoqueseinterponeentrenuestraac-  
ción y la reacción al contenido es exactamente donde la palabra que resuena se asigna a una  
resignificación. El mensaje perdura por la falta de tiempo para atender a la investigación en  
la verdad, que se vuelve sofisticada y privilegio.  
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González-Torres, F. (1987).  
Untitled [Serie date-  
pieces]. The Felix González-  
Torres Foundation.  
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Lo que nos lleva precisamente a cuestionar los antecedentes de la IA y el modo en que  
se han convertido en confidentes y agentes de credibilidad. Por ejemplo, la reconfiguración  
que Musk ha logrado de Twitter/X ilustra un proceso más amplio del poder informacional en  
infraestructuras digitales. Esta concentración responde a lo que Gillespie (2010) denomina  
calculated publics”: audiencias erguidas algorítmicamente que ya no responden a comuni-  
dades orgánicas de usuarios. Una de las consecuencias de esta fragmentación de la esfera  
pública digital es el surgimiento de nuevos mediadores epistémicos – entre ellos la IA – que  
prometenneutralidadyobjetividadprecisamenteenelmomentoenquelasplataformastra-  
dicionales ven amenazada su confianza. Curiosamente, la inteligencia artificial como útil on-  
line se ha convertido para una gran mayoría de los usuarios en su oráculo predictivo. Allí se  
acudetambiénpararesolverdudas, inquietudesymiedos. Dealgunamanera, losmodelosde  
inteligencia artificial se han vuelto lo que eran hace diez años buscadores web como Google  
o Yahoo, antes de ser un espacio de sospecha y capital virtual. Sobre ello reflexiona Emilio  
Domenech en el videopodcast de su plataforma WATIF (2023), donde se tratan temas de ac-  
tualidad de forma veraz. Junto con otros colaboradores, Domenech planteó las diferencias  
existentes entre las funcionalidades de las inteligencias artificiales. Aunque probablemente  
ChatGptsealamásconocida, existeunagranofertadetipologíasartificialesdiseñadaspara  
funciones específicas. Por ejemplo, Claude ha sido creada como asistente analítico; su tipo-  
logía propone una mayor empatía con el usuario, su forma de narrar y desplegar la informa-  
ción se acerca a la manera en la que un humano lo haría. Lo que lleva a muchos usuarios a  
entablar conversaciones íntimas donde exponer sus inquietudes, temores u otras cuestiones  
personales a la espera de una respuesta objetiva y semi-humana que pueda resultarles útil.  
Sinentrarenlascomplejidadesquesurgenalcompararlainteracciónhumano-máquina, es-  
pecialmente ahora que nos encontramos en un momento de máxima familiaridad con la tec-  
nología, es interesante no perder de vista la relación que creamos con las máquinas y cómo  
nos comunicamos con ellas. También es porque la problemática se da en cómo asignamos a  
la inteligencia artificial ese componente de la verdad sobre lo humano. La llegada de IA su-  
pone un cambio significativo en la sociedad, principalmente porque estamos ante una nueva  
posibilidad de analizar el modo en el que queremos convivir con ella antes de que nos impon-  
ga y domine nuestra realidad, como ha ocurrido con internet.  
Los debates contemporáneos sobre IA se sitúan en un espectro complejo de posiciones  
quetrasciendeladicotomíaentretecnofobiaytecnofilia. Destacanalmenoscuatroperspec-  
tivas analíticas diferenciadas: el determinismo tecnológico crítico (Bostrom, 2014; Ord, 2020),  
centrado en la conceptualización de la IA como riesgo existencial que requiere de control an-  
ticipatorio. El construccionismo social tecnológico (Noble, 2018; O’Neil, 2016), que propone un  
análisis sobre la IA como cristalización de relaciones de poder existentes, centrándose en  
los sesgos sistémicos y pertenecientes al algoritmo. La perspectiva co-evolutiva (Jasanoff,  
2004; Latour, 2005), que examina en la IA la co-producción de conocimiento científico y or-  
den social. Y por último, los enfoques cosmotécnicos (Hui, 2016), que cuestionan el univer-  
salismo tech occidental y proponen estudios situados culturalmente. Esta diversidad refleja  
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la complejidad inherente a los procesos de co-evolución sociotécnica, donde la IA no es una  
fuerza autónoma ni neutral, lo cual permite verificar la magnitud de su potencial y la necesi-  
dad de estudio para una correcta participación en la configuración de nuevas herramientas  
tecnológicas.  
El potencial de la IA reside en lo que puede demostrar y no en aquello que puede reem-  
plazar. En Artificial Intelligence, May et al.(2018) muestran una serie de estudios en los que  
se determina como uno de los principales temores el aislamiento social humano que la IA es  
susceptible de provocar1. La segunda preocupación resulta ser la destrucción de la humani-  
dad, en relación con la cual otras causas como el impacto en el medio ambiente o en la eco-  
nomía no aparecen como prioritarias. Resulta curioso comprobar cómo se sitúa el miedo en  
contextos marcados por la aceleración que resulta de la crisis climática, pero donde la preo-  
cupación sobre la destrucción humana se sitúa no en lo que hacemos sino en lo que las má-  
quinas pueden reemplazar. Esta preocupación por el reemplazo conecta con los análisis que  
propone Alva Noë (2023) sobre cómo el arte y la filosofa constituyen aspectos fundamen-  
tales de lo que nos hace humanos. Su trabajo sugiere que lo verdaderamente irremplazable  
son precisamente los procesos creativos y reflexivos, y no las funciones específicas.  
La inteligencia humana nos permite reflexionar sobre la noción de presencia o el senti-  
do propio de existencia, y sin embargo nos ha paralizado en nuestro intento de encontrar va-  
lor en compañía de la ambigüedad. A diferencia de los humanos, la inteligencia artificial no  
depende de determinar el valor de su existencia. Este no reside en entender por qué existe.  
Cómo reaccionamos a una forma de inteligencia que no necesita descubrir el sentido de su  
existencia quizá nos permita pensar en la capacidad de potencial que tiene esta idea para  
simplemente existir. En este sentido, investigadores como Subhash Kak han argumentado  
que la conciencia subjetiva posee propiedades no computables, lo que plantea límites funda-  
mentales para replicarla en máquinas (Kak, 2020). Esta mirada contrasta con las narrativas  
tecnológicas dominantes que asumen eventualmente replicabilidad total de la cognición hu-  
mana, sugiriendo en cambio que existe un residuo irreductible en la experiencia consciente  
que escapa a la formalización algorítmica.  
La inteligencia artificial requiere de nuestra especial atención. No tanto por las capa-  
cidades que es capaz de desarrollar, sino por suponer la implementación de una nueva he-  
rramienta, que como ya hemos experimentado anteriormente modificará la realidad en la  
que operamos como seres inteligentes. Ante ella, debemos centrar nuestra atención en lo  
que Pinch y Bijker (1984) denominan “flexibilidad interpretativa”: la capacidad de diferentes  
grupos sociales para asignar diversos significados a la misma tecnología. Esta pluralidad  
interpretativa no es un defecto, sino una característica constitutiva de los procesos de es-  
tabilización sociotécnica que requiere precisamente análisis situados y contextualmente es-  
pecíficos. Nos encontramos frente a una nueva oportunidad, y como toda oportunidad pre-  
1. Muestra una serie de estudios en personas de entre 25 y 34 años —basado en demografas de hombres  
blancos con ingresos elevados y que afirmaban tener un conocimiento sobre la IA de aproximadamente 5 sobre  
10—.  
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Livia Daniel  
senta incontrolables posibilidades. En todos estos debates que ha generado en los últimos  
años el crecimiento de la IA y su implementación en la cotidianidad, siempre se contempla  
desde dos extremos: la visión de aquellos que asumen la IA como un peligro y la de aquellos  
que apoyan su desarrollo. Como señala Turkle (2011) en ‘Alone Together’, en lo tecnológico no  
existen términos medios. De hecho, la ausencia de términos medios en lo tecnológico nos in-  
vita a reflexionar sobre cómo se construyen esas polarizaciones aparentemente inevitables.  
O, dicho de otro modo, y como sugiere Andrew Feenberg (1991) en su estudio crítico de la tec-  
nología, la cuestión no reside en aceptar o rechazar la IA, sino democratizar los procesos de  
desarrollo y apropiación social. Para ello habría que aplicar lo que Bijker (1992) denomina“si-  
metría” aplicando el análisis con igual rigor tanto los factores técnicos como los sociales que  
dan forma a las trayectorias tecnológicas.  
6. Tecnología y control  
El actual discurso dirigido a la construcción de narrativas sobre los riesgos asociados a  
la inteligencia artificial parece determinado desde estructuras históricas de control social.  
Es decir, desde la instrumentalización del miedo colectivo, un activo usado históricamen-  
te para contener las resistencias que se crean en los grupos sociales que se rebelan ante los  
poderes. Siguiendo los parámetros de pensamiento de Foucault (1975/1995), podríamos es-  
tablecer que el miedo funciona como dispositivo de poder ajustando y moldeando los com-  
portamientos sociales y la configuración de las subjetividades. Los sistemas que se están  
usando en la actualidad como catalizadores resuenan con las estructuras previas de repre-  
sión, comosilahistoriaseestuvierarepitiendo, soloqueadaptadaaloscambiostecnológicos  
del contexto actual. Las herramientas de amplificación mediática, desde la cobertura me-  
diática otorgada a noticias y portavoces sensacionalistas hasta la compra de una red social  
para uso político, han sido usadas al servicio del imperialismo como instrumento de domi-  
nación y control social. Sobre esta angosta relación se basa Calculating the Empires, obra de  
Crawford y Joler (2023), que mediante una cartografa de 24 metros deconstruye, a través  
delarte, lagenealogíadelarelaciónentrelatecnologíayelpoder.Enestanuevafasealaque  
estamos entrando, o en la que ya hemos entrado pero aún no lo sabemos, corremos un ries-  
go del que se nos viene advirtiendo, sobre todo en democracias como las de España donde  
mucho de los servicios sociales aún no se han privatizado —lo que no quiere decir que no se  
hayan visto desfavorecidos o alterados. Los riesgos recaen en que desde lo privado se puede  
ejercer otro tipo de poder, un poder que no atiende a la realidad común, sino a un tipo de ver-  
dad que se impone como sumisión. Por ejemplo, volviendo a LaViers (2021), para quien la IA  
opera como una herramienta más, esta podría ser empleada por los gobiernos de un modo  
diferente a como lo hacen. Es decir, estableciendo relaciones público/privadas de financia-  
ción en las que se contribuye a la creación de puestos de investigación para el desarrollo y  
mejoradelasIA, yasuvezesasmejorassonimplementadasensistemasdedefensaysegu-  
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Vista de la exposición  
«Calculating Empires».  
Osservatorio  
Fondazione  
Prada, Milán.  
Foto:  
Piercarlo Quecchia  
– DSL Studio / @  
piercarloquecchia  
– @dsl__studio  
Cortesía:  
Fondazione Prada  
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ridad, como ocurre en el caso particular de Estados Unidos (Ashford, 2024). Esta operación  
ha ocurrido con anterioridad, y de hecho gran parte de los avances financiados desde estos  
fondosseexponenaserdestinadosanesgubernamentalesdesconocidos. Semuestraaquí  
una relación bastante particular, que explica cómo funciona el sistema actual de necesidad  
y ansiedad colectiva en el que se aceptan roles y puestos de responsabilidad, que pueden ir  
destinados a políticas opuestas a nuestras creencias pero que constituyen las únicas vías  
paraalcanzarlosobjetivosprofesionales. Loque, sumadoalaaceleraciónsocialylafaltade  
consistencia y tiempo para la reflexión o el pensamiento crítico, afina más la puntería de sis-  
temas autoritarios a los que ceder el control.  
En 2019 se publicaba el ensayo sobre la epidemia de la ansiedad generalizada de Olivia  
Sudjic, en el que ya señalaba cómo «con la postverdad, todo es personal: desde las noticias  
falsas hasta la autoficción; la realidad depende de la perspectiva, de quién escucha y quién  
está hablando. En este lugar de relativismo absoluto, la voz narrativa se convierte en su pro-  
pia trama» (Sudjic, 2019, p. 73). La forma en la que estos sistemas están favoreciendo la  
construcción de una verdad única tiene menos que ver con su consistencia como unidad que  
con la narrativa sobre la que se asienta como portavoz exclusiva. Es decir, tener la verdad  
significa algo en un mundo carente de certezas. Atribuir una verdad común afianza las rela-  
ciones entre los colectivos y los grupos que necesitan, como condición humana, relacionarse  
y reflejarse en el otro para corroborar su existencia. No obstante, a lo que nos estamos en-  
frentando es a una crisis de la verdad, en la que la inteligencia artificial está cobrando ma-  
yor credibilidad que la humana. Quizá es momento de reflexionar sobre cómo hemos llegado  
hasta aquí, y sobre qué es aquello que verdaderamente hay que temer.  
Muchas de estas políticas, y otros segmentos de poder que operan en las esferas socio-  
culturales y económicas, se han volcado en constatar el riesgo de la IA, pero no en el riesgo  
que asociado a la capacidad humana de utilizar las IA. La construcción social del miedo, par-  
ticularmentealaIA, nosolosedaenelsegmentodiscursivo, sinoqueseconcretaenpolíticas  
determinadas y marcos regulatorios, que bajo la presunción de seguridad, acaban limitan-  
do el acceso a la información, la educación en tecnología y el acceso democrático. El miedo  
acapara el espacio, cediendo a la palabra que se impone sobre la conversación, sobre la ca-  
pacidad de discusión a la que se nos dirige solo a espacios de corroboración y pensamiento  
unificado. Es por ello pertinente reflexionar sobre cómo estos mecanismos de control que se  
presentan desde el miedo son, en realidad, formas de interés económico y político. Y hacerlo  
desde la consideración de las estructuras que subyacen a estas narrativas sistémicas, que  
resultan ser las primeras interesadas en que la IA sea un útil para el beneficio de su seguri-  
dad y privacidad, pero no para bienes sociales e individuales.  
Por ejemplo, en el contexto educativo contemporáneo ha surgido una ferviente preocu-  
paciónsobreeldesarrollodepensamientocríticoenlasnuevasgeneracionesdealumnos. Se  
ha asentado un miedo que se impone a una realidad ambigua, donde el desafo recae en la  
exigenciadeatenciónapersonasquehannacidoenunmundoacelerado. Sudesarrollocomo  
individuos está sometido a la imposición de una realidad sostenida en la dispersión cognitiva.  
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Y, sinembargo, seesperadeellosunaatenciónnaturalyuncomportamientoquenopertene-  
ce a la realidad en la que existen. Tradición y vanguardia se ven así sujetas a una resignifica-  
cióndesdelosvaloressocialesqueseimponen, enlosquesedebebuscarunnexocomúnque  
apruebe ambas realidades. El paradigma de la contradicción se refleja en lo que Mark Fisher  
asumiócomotensionesinherentesdelcapitalismo, aquellosmecanismosdeiniciaciónquese  
transformaban en privilegio, siendo la atención uno de estos beneficios. Fisher observa que  
uno de estos elementos se produce a través de la sobrecarga de información y la saturación  
de sensaciones nos dirigen a una nueva forma de pasividad y no a una mayor autonomía,  
dónde la capacidad de mantener la atención y desarrollar el pensamiento reflexivo son un  
privilegiodeclase. ComoseñalaelpropioFisher:Laotraexplicacióndelvínculoentrecapita-  
lismo tardío y retrospección se centra en la producción. A pesar de toda la retórica de la no-  
vedad y la innovación, el capitalismo neoliberal ha privado gradual pero sistemáticamente a  
los artistas de los recursos necesarios para producir lo nuevo” (Fisher, 2018, p. 27).  
Cualquier mecanismo que sirva de instrumento para infundir miedo, o para privar, en la  
sociedad es contraproducente para los individuos y generalmente beneficioso para los diri-  
gentes. Y, sin embargo, hay un claro deseo por aposentarse sobre la tecnología y las inteli-  
genciasartificiales. Enlugardedemonizarlas, resultaríaquizámásproductivo, siesquepro-  
ductivo es una palabra que puede usarse libre de carga, facilitar y promover la comprensión  
de su uso, sus mecanismos, sus limitaciones, y de otras fuentes potenciales. Dado que el te-  
rreno que surge de la reacción al miedo permite sembrar otras formas de dominación, es en  
este espacio donde hay que poner especial atención. No nos encontramos ya hoy en un terri-  
torio de novedad e incomprensión, sabemos leer internet y lo que el uso de la red y la tecno-  
logía implica. Recientes estudios publicados en The World Magazine cuantifican el impacto  
que tienen en el planeta: un chat con ChatGpt de entre cinco y cincuenta palabras supone un  
gasto de 500 ml de agua, los centros de datos de Microsoft en USA utilizaron más de 700.000  
litrosdeaguaqueseevaporaronparaentrenaralmodeloGPT-3, oelcostedeaguadeGoogle  
superó los 6 mil millones de galones en 2023 (Smith, 2024). Basta con imaginar que este es el  
dañoquecausaenelplaneta, cuántorecaesobrenuestroscuerpossinquepodamosrecono-  
cer el impacto a largo plazo. Si bien el peso no tiene que recaer siempre en la exigencia hacia  
elindividuo, sinoprincipalmentehacialasgrandesmultinacionalesyentidadesgubernamen-  
tales que poseen el control mayoritario. Y a partir de ahí, educar a la sociedad, y facilitarle  
herramientas y recursos para operar adecuadamente en colaboración con estas formas de  
sostenibilidad y mejora. El uso que hacemos de la tecnología tampoco es neutral.  
A esta causa se le suma la particularidad del contexto actual de hipersaturación laboral  
y productividad, donde la exigencia es una constante en cualquier segmento de nuestra en-  
tidad. Toda la responsabilidad recae sobre el individuo al que se le pide constantemente que  
sea mejor. Esta forma de abuso que opera asentando unos estándares inalcanzables y que  
además no están siquiera definidos, no es más que el reflejo de un sistema al borde del co-  
lapso. Como argumenta Nelson (2021), la identidad contemporánea se ha limitado a su re-  
duccionismo laboral, revelando la supremacía neoliberal que premia la productividad sobre  
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cualquier otra cualidad del ser. Impidiendo que la identidad se desarrolle libremente, esta  
subordinación de la identidad propia bajo lo laboral refleja las contradicciones propias de un  
sistemaqueexigesimultáneamentelaeficienciaextremayespunitivasobreelusodeherra-  
mientasfacilitadorasparaalcanzarla. Lacoexistenciadeestosvalorespunitivossetraslada  
también a cualquier otro ámbito propio de la individualidad y lo colectivo, promoviendo irres-  
ponsablemente valores inalcanzables y faltos de verdad. Lo que no significa sino que son  
ajenos a toda posibilidad de crítica y a toda elección.  
7. Estrategias de aparición  
la falta de presencia femenina y de colectivos históricamente discriminados, principal-  
mente de mujeres, en el marco tecnológico no es un secreto. Es precisamente este uno de los  
pocos espacios en los que lo masculino predomina, ensalzándose como territorio de hom-  
bres. Penny (2016), en su ensayo De esto no se habla: Sexo, Mentiras y Revolución, habla ex-  
tensamenteacercadecuálessonlosprincipalesmotivosquehacendeestaesferauncampo  
dominado por los hombres blancos. La voz masculina se impone en las esferas digitales. Lo  
tecnológico, que está integrado en nuestra convivencia diaria, ha sido creado y diseñado ma-  
yoritariamenteporhombres, yrespondealareverberacióndesupensamientoyprivilegiode  
acción. Noessoloqueelusoquehacemosdeinternetydelrestodedispositivosnoesneutral,  
es que de una u otra forma causa impacto en nosotros. Sobre esta relación entre ética y arte,  
resulta relevante considerar el trabajo de Zylinska (2023) donde se examina la Inteligencia  
artificial como fuerza de impacto en el vínculo entre ética y arte (pp. 173-190). Este diálogo  
exploracómolallegadadeinternety, másrecientemente, delaIA, hacuestionadolasfronte-  
ras tradicionales entre la creatividad humana y la generada por máquinas. Se plantea que el  
desarrollo del lenguaje digital y las capacidades de la IA constituyen un ejemplo revelador de  
cómolasmáquinaspuedenahoradesempeñarprácticasartísticas, dadoquehistóricamente  
habían sido consideradas exclusivamente humanas.  
Esta perspectiva no se aleja de lo que Amy LaViers señala acerca del “knife method” en  
referencia a la IA como herramienta, al establecer a la máquina como un útil para la prácti-  
ca artística. Además, en un estudio reciente junto a Kate Ladenheim (Ladenheim & LaViers,  
2021, p. 1), LaViers ha analizado cómo se reproduce esta relación herramienta-cuerpo en el  
arte, principalmente en la performance, mediante el uso de la máquina. Desde un prisma de  
género, ellas estudian el vínculo resultante entre cuerpo femenino y herramienta simbóli-  
ca. Partiendo de que los instrumentos empleados en la práctica artística han sido histórica-  
mente “otros” a aquellos empleados por hombres, sostienen que, a medida que estas herra-  
mientas crecen en complejidad y se desarrollan a través de una especialización creciente,  
adquieren un nuevo nivel de extrañeza. Esta forma de extrañamiento que se adquiere está  
al alcance del lenguaje, la información, la forma de comunicarnos y de relacionarnos con la  
tecnología y con los otros cambios de percepción. Particularmente en la operación de control  
apoyada en estas estructuras, más evidente que nunca tras la compra de Twitter, al servicio  
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Lanthimos, Y.  
(Director). (2023).  
Poor Things  
[Fotograma de  
película]. Element  
Pictures; Film4; TSG  
Entertainment.  
del neoliberalismo. Gran parte de esta campaña se ha infundado desde el miedo, tomando el  
poder y el pasado por bandera. Ya en la mitología de la antigua Grecia, se atribuía una com-  
plejareddenarrativasarealidadesutópicastecnológicasy, específicamente, alanhelomas-  
culinodereplicarlacapacidadprocreadorafemenina. Estefenómenosemuestrademanera  
significativa en el mito de Galatea, cuyo relato ha sido reinterpretado a través de diver-  
sos campos culturales hasta la contemporaneidad, como la reciente película de Lanthimos  
(2023) ‘Poor Things’. Tal y como argumenta Haraway (1985/1991) en ‘A Cyborg Manifesto’, la  
IA podría resultar un deseo propio (masculino) sujeto a la necesidad por alcanzar la creación  
de vida, aunque ésta sea artificial. Resulta paradójica la recurrencia de construir entidades  
artificiales que emulan la condición humana, como si el hecho de atribuirles capacidades si-  
milares las humanizara. Lo cual plantea una doble mímesis: por un lado, la imitación de lo  
humano en sistemas artificiales y, por otro, la simulación del acto mismo de la creación vital.  
ParalograrunainformaciónprecisaenlasinteraccionesconlaIA, estasdebenestarsu-  
jetas a unas directrices determinadas, o de lo contrario el sesgo se revela. Esto ocurre prin-  
cipalmente porque la historia y los datos están sujetos a una mirada hegemónica masculina.  
Resulta pertinente plantear una reflexión sobre otras narrativas tecnológicas posibles, don-  
de el curso de los avances hubiera sido otro si estos hubieran sido conceptualizados y ma-  
terializados por mujeres (tanto cisgénero como transgénero), individuos no binarios y otros  
sujetos tradicionalmente excluidos de las estructuras de poder tecnocientíficas. La posibili-  
dad de imaginar una realidad tecnológica en la que los avances se hubieran desarrollado al  
margen del planteamiento contra-hegemónico propone la capacidad de reflexionar sobre  
la información que recibimos y sobre cómo se constituye su veracidad. O más bien sobre de  
dónde proviene y qué verdad incluye. Una alternativa a estos modelos actuales es lo que la  
artista Stephanie Dinkins (2022) plantea, quien aboga por la construcción de sistemas inteli-  
gentes centrados en la necesidad de representación diversa e inclusiva.  
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Desde la práctica artística y la investigación académica, Dinkins cuestiona las estructu-  
ras de poder establecidas y subyacentes al desarrollo tecnológico actual, centrándose par-  
ticularmente en el campo de la Inteligencia Artificial. A través de sus proyectos, ofrece otras  
alternativas equitativas a las ya integradas inteligencias y sistemas artificiales. Alegando  
que estas se establecen sobre la reproducción de roles de género, clase y raza acordes a los  
privilegios de aquellos que las diseñan y desarrollan. Enfatizando que este es uno de los mo-  
tivos por los cuales los sistemas inteligentes y tecnológicos no son neutros. Sus propuestas  
sedesplieganreformandoestosvaloresdeconvivenciaactual, aportandootrosenfoquesdi-  
versos y centrados en revelar de los márgenes los relatos que han sido históricamente mar-  
ginados. En “Not The Only One” (Dinkins, s.f.-a), Dinkins se sirve de su propio archivo fami-  
liar, conocimientos personales y experienciales y lo combina con el relato de otras mujeres  
afroamericanasparadesarrollarunamemoriamultigeneracionalenformatodeIA. Propone  
así una perspectiva que integre experiencias y saberes de comunidades tradicionalmente  
marginadas en el espacio tecnológico con el fin de subvertirlo. Para Dinkins, la verdadera in-  
novación radica en desafiar estos modelos de desarrollo tecnológico basados en modelos  
hegemónicos y reconducirlos a dar forma, voz y oportunidad a otros relatos, no en perpetu-  
rar desigualdades estructurales. El trabajo de Dinkins no solo habla de los márgenes, sino  
que se inmiscuye en ellos acercando la información al público, como ocurre en “AI.Assembly”  
(Dinkins, s.f.-b) o “Project al-Khwarizmi (PAK)” (Dinkins, s.f.-c), donde usa el diálogo, el arte y  
laestéticaparaexplicaryayudaralosciudadanosacomprenderelfuncionamientodelalgo-  
ritmo y los sistemas de IA que aparecen en su uso cotidiano.  
Stephanie Dinkins,  
Not The Only One,  
[s.f.-a]. Cortesía de  
[seattletimes.com]  
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En esta esfera digital todo es una elección, no hay neutralidad posible, aunque su meca-  
nismo se haya afianzado a la simpleza de un click. La neutralidad en sí misma es una elec-  
ción, pero también un invento contemporáneo. La posibilidad de creer que una puede no po-  
sicionarse es otra forma de control. Como argumenta Adichie (2014) en ‘We Should All Be  
Feminists’, decir que uno es neutral ante un conflicto social o político es igual a confesar que  
no se tiene el valor suficiente para posicionarse (p. 41). El cansancio acumulado empieza a  
servisible, yquizáhayamosllegadoalpuntoálgidodelpénduloynecesitamosregresarauna  
frecuencia más calmada y menos radical. No solo es visible en las generaciones más jóve-  
nes, comoGenZoAlfa, queserelacionandemaneradistintaconlatecnologíaperoquecare-  
cen de memoria anterior a un mundo no digital; también se está estableciendo un cambio de  
parámetros en el resto de generaciones, como si ahora tuviéramos conocimiento de causa y  
pudiéramos elegir de verdad cuál es nuestra relación con la red.  
Como ha ocurrido con casi cualquier territorio, su posibilidad de valor se ha resignifica-  
do, hemos capitalizado todo, incluso el tiempo —que no es siquiera un valor determinado o  
el deseo —no ese deseo primitivo en el que pensamos cuando la noción aparece, sino el de-  
seo recordado, ese que es más próximo a la docilidad del anhelo que a la agresión feroz so-  
bre lo que se desea. Hemos invadido la naturaleza para verla más cerca, nos hemos acerca-  
do tanto al mar que casi podemos cocinar en el agua. Todo lo que está sujeto a la posibilidad  
de comercio se ha vuelto capital. Incluso nuestros ojos, como apunta Zafra (2017). Era pues  
de esperar que en internet ocurriera lo mismo, y que su espacio, aunque intangible, se volvie-  
ra mercantilizable. Propiciando que gran parte del mundo digital se esté convirtiendo en su  
opuesto: las plataformas de redes sociales favorecen a que tengamos una vida social menos  
social;lasaplicacionesdecitasinvitanamásymáscitasymenosamor;ycualquierinforma-  
ción a que dudemos de ella, de si su veracidad depende de quién le paga por ello.  
8. Concusiones  
En este estudio se recoge el valor de la verdad aplicada a la práctica artística como un  
mecanismo que sirve para comprender cómo dos cuerpos reaccionan a su forma de identifi-  
caciónenelarte. Esdecir, cómolaobraylosmaterialesqueseusanpertenecenasucontexto  
y época y la relación que esto tiene con teorías afines a la verdad como la de Rancière (2004)  
sobreladistribucióndelosensibleycómoelartepuedereconfigurarloqueesvisibleydecible  
en una sociedad. Además de asumir y estructurar la verdad como un componente artístico;  
una ordenación que se reproduce en el proceso artístico para definir la obra. Transformando  
y aproximando el lenguaje al público, desde el cuestionamiento de problemáticas actuales a  
las que nos enfrentamos como sociedad. Lo que Sontag (1966) asume como un sistema de  
transparencia propio del arte desde el rechazo a la interpretación como forma de acceder a  
la verdad artística. Las creaciones artísticas analizadas desde las date-piece de González-  
Torres hasta los proyectos de IA de Dikins revelan estrategias concretas de resistencia que  
favorecen al desarrollo de respuestas no reproductoras de desigualdades estructurales.  
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La interacción con la Inteligencia Artificial presenta una dimensión discursiva nueva.  
La discusión se establece sobre los paradigmas que someten a las estructuras narrativas a  
ser predominantes en modelos únicos y hegemónicos. Excluyendo por imposición acelerada  
cualquier alternativa que atienda a la pausa, la reflexión o la crítica. Adormeciendo y mode-  
lando el pensamiento crítico individual y colectivo, allanando el territorio a las nuevas políti-  
cas neoliberales que amenazan con instaurarse en todos los segmentos dónde la identidad  
individual existe. Impidiendo la extensión de diversidad y pluralidad cuando la velocidad de  
imposición global se centra en segmentar y atribuir valor a lo igual por su capacidad de inci-  
sión en la masa. La naturaleza misma de la verdad se ve cuestionada por la falta de legitimi-  
dad del imperialismo sociocultural y ahora también tecnológico.  
Así es como se revelan las contradicciones inherentes a un sistema que demanda de  
manera constante el beneficio propio a cualquier coste, en pro del beneficio y no de la mejo-  
ra. La crisis global que no solo se refleja en la tecnología y en la interacción con ellas, sino al  
cansancio acumulativo de la sobre exposición, sobre expresión del yo, mientras los opuestos  
siguenoprimiendoycortandocualquierposibilidaddelibertadyverdad. Valelapenaatender  
al mundo reflexionando sobre la necesidad de repensar nuestra relación con la tecnología y  
la verdad en un contexto de agotamiento social y sobreexposición digital.  
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