Umática. Revista sobre Creación y Análisis de la Imagen  
{issn: 2659-5354 // d.l.: ma- 1628-2018}  
Cuerpos implicados: sensibilidad  
expandida y experiencia  
estética en el arte híbrido  
Embodied Engagement: Expanded Sensibility and Aesthetic Experience in Hybrid Art  
Julia Lull-Sanz o 0009-0001-0965-577  
Universitat Pompeu Fabra (UPF), Barcelona, España.  
Resumen  
Este artículo examina cómo las artes híbridas contemporáneas reconfiguran la experiencia es-  
tética mediante una atención trastornada, el descentramiento de la mirada hegemónica y una im-  
plicación activa del cuerpo. Desde una perspectiva transdisciplinar que articula estética, filosofa,  
teoría queer, ciencia y posthumanismo, se argumenta que estas prácticas desestabilizan jerarquías  
disciplinares, sensoriales y epistémicas. A partir de los aportes de Judith Butler, Walter Benjamin,  
Claire Bishop, Karen Barad y N. Katherine Hayles, se analiza cómo la atención, la percepción y la  
subjetividad se ven afectadas por regímenes visuales, tecnológicos y afectivos que colonizan la ima-  
ginación y el deseo. Frente a ello, las artes híbridas se presentan como zonas de aparición de lo  
reprimido: saberes no normativos, cuerpos disidentes y materialidades impuras. Estas prácticas,  
lejos de promover la contemplación pasiva, activan una sensibilidad encarnada, opaca y relacional,  
capaz de resistir la captura capitalista de la atención e imaginar otras formas de existencia. La po-  
tencia crítica de las artes híbridas reside precisamente en su capacidad de incomodar, desbordar y  
reprogramar sentidos. En este contexto, el cuerpo deviene interfaz viva y política, donde percepción,  
afecto y conocimiento se entrelazan en una experiencia expandida del mundo.  
Artículo original  
Original Article  
Correspondencia/  
Correspondence  
Julia Lull-Sanz  
Financiación/Fundings  
Sin financiación  
Received: 30.09.2025  
Accepted: 28.12.2025  
Palabras Clave: arte híbrido, percepción, cuerpo, estética encarnada, tecnología.  
CÓMO CITAR ESTE TRABAJO / HOW TO CITE THIS PAPER  
Lull-Sanz, J. (2025). Cuerpos implicados: sensibilidad expandida y experiencia estética en el arte híbrido.  
Umática. Revista sobre Creación y Análisis de la Imagen, 8.  
Umática. 2025; 8. https://doi.org/10.24310/Umatica.2024.v8i8.21745  
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ResearchArea  
Julia Lull-Sanz  
Embodied Engagement: Expanded Sensibility  
and Aesthetic Experience in Hybrid Art  
Julia Lull-Sanz  
Universitat Pompeu Fabra (UPF), Barcelona, Spain.  
Abstrac  
This article explores how contemporary hybrid arts reconfigure aesthetic experience through  
disordered attention, a decentering of hegemonic vision, and the active involvement of the body. From  
a transdisciplinary perspective that brings together aesthetics, philosophy, queer theory, science,  
and posthumanism, it argues that these practices destabilize disciplinary, sensory, and epistemic  
hierarchies. Drawing on the work of Judith Butler, Walter Benjamin, Claire Bishop, Karen Barad, and  
N. Katherine Hayles, it examines how attention, perception, and subjectivity are shaped by visual,  
technological, and affective regimes that colonize imagination and desire. In contrast, hybrid arts  
emerge as zones where the repressed reappears: non-normative knowledge, dissident bodies, and  
impure materialities. Far from passive contemplation, these practices activate an embodied, opaque,  
and relational sensitivity capable of resisting the capitalist capture of attention and imagining new  
ways of being. The critical force of hybrid arts lies precisely in their ability to unsettle, overflow, and  
reprogram meaning. In this context, the body becomes a living and political interface where percep-  
tion, affect, and knowledge intertwine in an expanded experience of the world.  
Key Words: hybrid art, perception, body, embodied aesthetics, tecnology.  
Summary – Sumario  
1. Introducción: Percepción, cognición y artes híbridas  
2. Atención trastornada. Por una recuperación del deseo más allá de la mirada  
3. Del espectador dócil a las corporalidades expectantes. Hacia una estética de la opacidad  
y el devenir común  
4. ¿Y si la práctica artística fuera siempre ya una experiencia hibrida?  
5. Conclusiones: El cuerpo como interfaz. Materialidad, inmaterialidad e hibridación.  
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Ya no experimentamos,  
conocemos y valorizamos el mundo  
gracias a las líneas escritas,  
sino a las superficies imaginadas.  
Vilém Flusser.  
1. Introducción: Percepción, cognición y artes híbridas  
En términos tradicionales, la percepción se consideraba un proceso básico, automático y  
pasivo a través del cual recibimos información del entorno; percibimos movimiento, sabores,  
olores o nuestra postura corporal1. Esta concepción se relaciona con una configuración clá-  
sica de la experiencia estética, donde la persona espectadora adopta una postura estática,  
contemplativaypasivaantelaobradearte. Setratadeunmodeloenelquelasensibilidadse  
limita a recibir impresiones, y la obra es entendida como un objeto que se “ofrece” al sujeto,  
quien la asume y la consume sin intervenir activamente en su sentido. Este esquema se arti-  
cula estrechamente con la noción del juicio estético kantiano, particularmente en lo que Kant  
describe como una actividad suspendida, una suerte de juego libre de las facultades huma-  
nas (entendimiento e imaginación). La experiencia estética queda definida como una forma  
singular de conocimiento no conceptual, en la que el juicio se ejerce sin referencia a catego-  
rías o intereses prácticos. La atención del sujeto se emancipa momentáneamente de lo útil,  
lo moral o lo lógico, y se entrega al placer desinteresado que produce la mera contemplación  
formal de lo bello (Kant, 2007). En esta dirección, el proyecto moderno-ilustrado instauró un  
régimen escópico —en sentido foucaultiano—, un sistema disciplinario que regula nuestra  
forma de mirar y de relacionarnos con lo visible. Este régimen no solo configuró la compren-  
sión del pasado, sino que condicionó las formas en que dicho pasado se actualiza en el pre-  
sente. Así, lamiradaseconvirtióenelcanalprivilegiadodelconocimientoylaexperienciaes-  
tética, subordinando o excluyendo al resto de los sentidos. Esta hegemonía visual consolidó  
una estética ocularcentrista en Occidente, articulada en categorías jerárquicas (géneros, es-  
tilos, escuelas), donde lo visual no solo domina, sino que define qué formas de percepción, in-  
terpretación y juicio son legitimadas en el campo artístico y cultural.  
En el régimen contemporáneo de la visualidad, un orden que privilegia la imagen como  
mediadora central del conocimiento, el deseo y la experiencia, las imágenes funcionan como  
1. Laconcepcióntradicionaldelapercepcióncomounprocesobásico, automáticoypasivoserelacionaestre-  
chamente con la tradición empirista de la filosofa. Para John Locke (1690), la mente es una tabula rasa que re-  
cibeimpresionessensorialesdelentorno, lascualesconstituyenlabasedetodoconocimiento. Deformasimilar,  
David Hume (1748) sostenía que las percepciones, impresiones e ideas, surgen de la experiencia sensible y no  
dependen de una actividad constructiva del sujeto. Esta perspectiva filosófica anticipa la visión clásica en psi-  
cología, donde la percepción se entiende como un mero registro de estímulos externos, en el que el sujeto actúa  
fundamentalmente como receptor pasivo (Lindsay & Norman, 1972; Goldstein, 2010). Tanto en la tradición em-  
pirista como en la psicológica clásica, la percepción se concibe, entonces, como un espejo del mundo, más que  
como un proceso activo de construcción.  
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dispositivos de subjetivación. No se limitan a representar el mundo, sino que lo configuran  
activamente: moldean nuestras emociones, deseos, identidades y modos de relación. En este  
sentido, la imagen no es inocente ni neutra: es una herramienta de poder, una tecnología sen-  
sible que participa en la producción de subjetividades.  
Desde una perspectiva biopolítica, las imágenes gestan mundo: no solo muestran cuer-  
pos, sinoqueinstituyencategoríassobreellos. Históricamente, hanservidoparadefinir, codi-  
ficarynormativizarlosmodosenqueloscuerposdebenaparecer, moverse, expresarseyser  
deseados. Este poder ha sido capitalizado por los dispositivos hegemónicos, desde la quere-  
lla iconoclasta de los Padres de la Iglesia hasta las gramáticas audiovisuales contemporá-  
neas del cine, la moda, la publicidad y los algoritmos. Las imágenes, en este marco, no solo  
instauran cánones de belleza, sino también normas de género, raza, edad, capacidad y clase.  
Cada cuerpo visible está ya atravesado por una forma de representación que lo encierra en  
una categoría. Así, lo estético se vuelve inseparable de lo político: lo que parece una aprecia-  
ción libre del gusto, es en realidad el efecto de un sistema que organiza quién puede ser visto,  
cómo y en qué condiciones.  
Es pertinente traer aquí la reflexión de Judith Butler sobre la categorización de los  
cuerpos, una crítica que puede extenderse al propio gesto de clasificar, ordenar y nombrar.  
«¿Existe un buen modo de categorizar los cuerpos? ¿Qué nos dicen las categorías? Las ca-  
tegorías nos dicen más sobre la necesidad de categorizar los cuerpos que sobre los cuerpos  
mismos» (Butler, 2011: 48). Como señala la autora, las categorías no describen a los cuerpos,  
sino que los producen performativamente, inscribiéndolos en marcos normativos que vali-  
dan ciertas formas de vida y excluyen otras. En este sentido, las categorías revelan menos  
sobre los cuerpos que sobre la necesidad —social, política e institucional— de controlar-  
los mediante su nominación. Nombrar un cuerpo es hacerlo legible dentro de un régimen de  
sentido que lo precede. Lo que está en juego no es solo cómo nombramos, sino quién tiene la  
autoridad para nombrar y con qué fines. En el ámbito del arte, esta cuestión cobra una in-  
tensidad particular: allí donde el gesto artístico resiste o subvierte la categoría, se abre la po-  
sibilidad de imaginar el cuerpo, y el sujeto, desde la potencia de lo transdisciplinar, lo híbrido,  
lo dinámico y lo opaco.  
Laspropuestascognitivastradicionalesconcibenelcerebrocomounsistemaunitariode  
procesamiento de información, frecuentemente desde modelos computacionales que equi-  
paran mente y máquina2. Esta visión mecanicista no solo simplifica la complejidad del pen-  
samiento humano, sino que refuerza la jerarquía mente-cuerpo, central en la tradición filo-  
sóficaoccidental. Taljerarquíaprivilegialarazónsobrelacorporeidadyseproyectaenotras  
dicotomías como sujeto/objeto, cultura/naturaleza o razón/emoción, reproduciendo divisio-  
nesreductoras. Enestemarco, elrégimenescópicomodernoproduceunaexperienciaestéti-  
ca fundada en la distancia y la contemplación desinteresada, donde el cuerpo es desplazado  
2. Véase al respecto: Neisser, 1967; Newell & Simon, 1972; Pylyshyn, 1984. Este enfoque, conocido como la me-  
fora computacional de la mente, considera que los procesos mentales pueden entenderse en términos de re-  
presentaciones internas y reglas de manipulación de símbolos, del mismo modo en que lo haría un ordenador  
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de su vínculo con el artefacto. Lo estético queda asociado con la neutralidad, la limpieza, la  
claridad visual. Estas perspectivas desatienden enfoques que consideran la cognición como  
un proceso incorporado, acumulativo y emocionalmente situado, basado en la interacción  
entre acción y percepción. Como se desarrollará más adelante, dicha concepción permite  
pensar una cognición inscrita en el cuerpo, en sus afectos y prácticas. Es en las vanguardias  
del siglo XX —del dadaísmo al surrealismo, del situacionismo al arte povera— donde pode-  
mos encontrar un gesto insurrecto: el arte se asumió como territorio de ruptura, de disenso,  
de irrupción de lo otro y de lo abyecto. En lugar de ajustarse a los mandatos del gusto, la cla-  
ridad o la funcionalidad, estas prácticas experimentaron con formas de hacer que interpela-  
ban de manera directa la sensibilidad, el cuerpo y el espacio social.  
Hoy, esa pulsión desobediente se desplaza y se reinventa en las artes híbridas, donde  
convergen tecnologías, cuerpos, lenguajes y materiales diversos que cuestionan los límites  
entre disciplinas y expanden el campo del arte hacia lo científico, lo tecnológico y lo social. Un  
ser híbrido se define como aquello que tiene un origen o una composición mixta, y que aporta  
variedad o complejidad a un sistema. En el ámbito artístico contemporáneo, lo híbrido explo-  
ra la diversidad de medios y técnicas como terreno para la innovación y la experimentación  
en la creación artística. Instalaciones inmersivas, performances afectivas, bioarte, arte digi-  
tal, arte sonoro y prácticas activistas que borran los bordes entre disciplinas —y entre arte  
y vida— abren nuevas formas de experimentar lo estético como acto encarnado, afectivo y  
político. En esta dirección, hoy se reconoce que la percepción es un proceso activo, situado y  
complejo que se produce entre los cuerpos y su entorno; es decir, es producto de una hibrida-  
ción entre componentes biosociales, incluidas las estructuras políticas y culturales. Los lími-  
tes entre percepción y cognición se diluyen. El cuerpo se concibe como una interfaz y es tan-  
to receptor como medio de producción de sentido. Estas composiciones sensibles, híbridas y  
materiales se encuentran, además, en desarrollo: al tiempo que se transforman las dimen-  
siones conscientes de nuestros cuerpos, se modifican percepciones y procesos de cognición  
impensadossegúnsurecorridoporelmundosensible. Elbinomiopercepción/cogniciónesun  
ensamblaje activo y dinámico, encauzado a través de filtros (atención, experiencia, contexto,  
expectativas), también condicionados por el estado en que nos sentimos y por las expectati-  
vasquedeseamossentir. Deestamanera, seconstruyeunarealidadsensorialquedasentido  
al mundo en que vivimos3.Es aquí donde surge la cuestión central que promueve esta inves-  
tigación: si el régimen escópico moderno ha contribuido a la formación de sujetos escindidos,  
generizados y persistentemente (re)presentados bajo lógicas normativas del ver y del saber,  
cabepreguntarse:¿quétipodesubjetividadpromuevenlasarteshíbridas?Encontraposición  
a ese modelo visual dominante, las prácticas artísticas híbridas emergen desde los márge-  
nes, en territorios liminales, como formas estéticas que no solo rompen con las jerarquías  
disciplinares, sino que también abren espacio a otras subjetividades.Estas formas artísticas  
reconfiguran activamente los modos de experiencia estética, relacional y social. En lugar de  
3. Aesterespecto, esnotablelaaportacióndeJamesGibson(1979), perotambiéndeotrotipodeaproximacio-  
nes como las de Richard Gregory (1981) o David Marr (1982).  
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estabilizar identidades o consolidar discursos, las artes híbridas operan desde lo trans, en-  
tendiendo lo transgénero no solo como una identidad, sino como una potencia estética y po-  
lítica: la potencia de dislocar, mezclar, “compostar” y reapropiar sentidos y cuerpos. Jack  
Burnham, pionero en la reflexión sobre la hibridación entre arte, ciencia y tecnología, escribió  
analesdelosañossesenta:Elresultadológicodelainfluenciadelatecnologíaenelartean-  
tes del final de este siglo debe ser una serie de formas de arte que manifiestan la verdadera  
inteligencia, pero tal vez más significativamente, con una capacidad para crear relaciones  
recíprocas con los seres humanos (Burnham, 1968: 15).  
Siguiendo un planteamiento similar, este artículo se plantea precisamente una cuestión  
triple: 1) ¿A qué formas de atención, en medio de la dispersión contemporánea, nos invitan  
las artes híbridas? 2) ¿Cómo estas formas transformadas de experiencia estética inciden  
en nuestra construcción subjetiva y social desde lo diverso, lo mixto y lo opaco (en el sentido  
propuesto por Judith Butler)? Y finalmente, 3) ¿no ha sido acaso el arte, desde siempre, una  
práctica híbrida, encarnada y transgenérica en un sentido amplio?  
En el presente, esta condición transgenérica originaria de toda práctica artística, no solo  
se acentúa, sino que retorna como una forma de lo reprimido, reclamando transformaciones  
epistemológicas, estéticas e institucionales. Así como los cuerpos trans visibilizan la fragi-  
lidad de los binarismos de género, las prácticas artísticas híbridas desestabilizan los límites  
entre cuerpo y tecnología, naturaleza y cultura, arte y vida. En ese gesto, el arte deviene un  
espacio de resistencia y creación donde lo inestable, lo impuro y lo transicional no son caren-  
cias, sino fuentes de potencia.  
2. Atención trastornada. Por una recuperación del deseo más allá de  
la mirada  
Este apartado toma prestado el título del libro de Claire Bishop, Atención trastornada.  
Formas de ver arte y performance hoy (Bishop, 2025). En su texto, Bishop reflexiona sobre  
cómo las transformaciones tecnológicas y sociales actuales han alterado, profundamente,  
nuestras formas de percibir y relacionarnos con el arte, especialmente con la performance.  
Sin embargo, en lugar de adoptar una postura apocalíptica o pesimista frente a la supuesta  
“pérdidadeatencióncontemporáneaunlamentocomúnenlacríticatradicional—, propo-  
ne entender esta atención fragmentada, intermitente e híbrida como un nuevo modo de ex-  
periencia estética.  
Entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, el interés por la transformación de la no-  
ción de atención en la cultura occidental fue ampliamente explorado, en relación con el im-  
pacto de la modernidad, el capitalismo industrial, los medios visuales y los dispositivos de  
control social. Estas transformaciones afectaron no solo las formas del arte y la percepción,  
sino también la constitución del sujeto moderno. Uno de los aportes fundamentales de es-  
tasinvestigacionesretomadomástardeporClaireBishopesmostrarquelapercepción  
humana no es una capacidad natural, fija o ahistórica, sino una construcción dinámica, mol-  
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deada por tecnologías, discursos científicos y regímenes de poder. La modernidad, en este  
sentido, no solo cambia lo que vemos, sino cómo vemos, es decir, las condiciones mismas de  
posibilidad de la percepción. Así, en un contexto capitalista, la atención se convierte en un re-  
curso estratégico: algo que debe regularse, entrenarse y controlar.  
Unodelosaspectoscrucialesdelamodernidadesunacrisiscontinuadelaca-  
pacidad de atención, en la que las configuraciones cambiantes del capitalismo  
continuamente fuerzan la atención y la distracción al límite, con una secuencia  
inacabable de nuevos productos, fuentes de estímulo y flujos de información,  
paradespuésresponderconnuevosmétodosdedirigiryregularlapercepción.  
(Crary, 2008: 23)  
Deestemodo, ladistracciónsevuelveunaamenazayelsujetoatentorepresentaelideal  
moderno. Más aún, nuestra capacidad de atención se convierte en una especie de frontera  
entre normalidad y patología. El sujeto que se distrae, que no logra sostener la atención, se  
vuelve sospechoso, oscuro: es ineficiente, improductivo, incluso desviado. Esta patologiza-  
ción de la distracción alimenta una industria del control perceptivo que perdura hasta hoy,  
desde la ergonomía industrial hasta las interfaces digitales. La percepción moderna es un  
campo de batalla, en el que se dirimen relaciones entre conocimiento, poder y subjetividad.  
En este contexto no debemos adoptar una actitud nostálgica de una mirada pura o auténtica,  
sinounacríticaalaformaenquelaatenciónescapturada, disciplinadayfuncionalizadaen  
cada momento. Solo desde esa perspectiva nos podremos permitir pensar también en es-  
trategiasdefuga, suspensiónoreapropiacióndelapercepción, quepuedandesactivarosub-  
vertir las lógicas del control.  
Fueron, de nuevo, las formas de arte proto-vanguardistas y vanguardistas las que co-  
menzaron a proponer experiencias perceptivas ambiguas, intermitentes o exigentes, que  
demandan de quienes observan un tipo de atención diferente, a veces contradictoria o incó-  
moda, anticipando una de las premisas centrales del gesto vanguardista: el shock. Jonathan  
Crary habla de la importancia de la «suspensión de la percepción», no como una negación de  
la atención, sino como una desarticulación de sus automatismos. En esta línea, Claire Bishop  
celebra las prácticas artísticas híbridas que responden activamente a la lógica contemporá-  
nea de la atención dispersa: instalaciones performativas, obras basadas en archivo e inves-  
tigación, intervenciones efmeras en el espacio público, entre otras. Lejos de ser mero “ruido”,  
estas formas abren caminos hacia una estética más situada, política y sensible a la comple-  
jidad del presente.  
Más que exigir a la persona espectadora una atención concentrada, estas obras la inter-  
pelan desde múltiples registros: visuales, corporales, afectivos, digitales. «La obra es menos  
pretenciosa, menostotal;nosconcedeelespacioparasermóvilesysociales, parareaccionar,  
conversar, compartir y archivar mientras la vemos» (Bishop, 2025: 4). Las prácticas artísti-  
casactualesnobuscanrecuperarunpasadodecontemplaciónperdida, sinoinventarnuevas  
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formas de relación, con las obras, con el tiempo y con las otras personas, en un contexto de  
saturación sensorial y mediática. En este sentido, la “atención trastornada” no es un déficit,  
sino una condición contemporánea con la que el arte puede dialogar críticamente y con enor-  
me potencia transformadora.  
Con casi un siglo de diferencia, Walter Benjamin se interesó por el modo en que la expe-  
riencia cinematográfica promovía una experiencia sensorial compleja que marcó una ruptu-  
ra con las formas clásicas de recepción y contemplación artística. Una auténtica revolución  
tanto técnica como estética. De hecho, podríamos considerar el cine como la primera gran  
experiencia artística híbrida del siglo XX. En su breve, pero denso texto Mickey Mouse, escri-  
toen1930, reflejaunamiradacríticayfascinadaanteestenuevofenómeno(Benjamin, 2018).  
Parecía que nuestras tabernas y avenidas, nuestras oficinas y cuartos amue-  
blados, nuestrasestacionesyfábricasnosencerrabansinesperanza;perolle-  
gó el cine con su dinamita de las décimas de segundo e hizo saltar por los aires  
este mundo carcelario, de tal manera que ahora podemos emprender sin tra-  
bas viajes de aventura en el amplio espacio de sus ruinas. (2018: 26)  
Para Benjamin, los dibujos animados de Disney, en especial Mickey Mouse, manifiestan  
una forma de arte donde la percepción de la persona espectadora es continuamente sacu-  
dida, distraída y sacada de su eje. Una suerte de atención en la dispersión que reconfigura  
nuestra experiencia con el objeto artístico, al tiempo que, al desbordar nuestra experiencia  
estética, propicia un acontecimiento perceptivo, «una voladura terapéutica del inconscien-  
te» (2018: 29), donde los cuerpos y sus potencialidades son (re)comprendidos. Benjamin, nota  
que los cortos de Mickey Mouse no apelan a una atención sostenida, como una novela o una  
obra de teatro, sino que lanzan una sucesión de estímulos rápidos. La persona espectadora  
no puede concentrarse, sino solo reaccionar.  
La capacidad del arte para promover reacciones en la audiencia era para Benjamin el  
primer síntoma de la fuerza política de la práctica artística y él la desarrolló junto al concep-  
tode«inervación». Estetérminoserefierealaacciónqueejerceunnerviosobrelafunciónde  
un órgano. En este contexto, se concibe como un impulso que desencadena un gesto, un im-  
pulso que trasciende al individuo al tener un efecto colectivo. De este modo, el gesto, enten-  
dido como una reacción corporal insurrecta, se transforma en una acción política. En su obra  
Programa de un teatro infantil proletario(1928), Benjamin desarrolla la relación entre inerva-  
ciónygestoenelmarcodesuspropuestassobrelaimagencomoacción, anticipandosupos-  
terior formulación de la imagen dialéctica (Benjamin, 2009: 382). Para Benjamin algunas for-  
mas artísticas tienen la doble capacidad de producir una escisión, una fractura en el sentido  
(un shock en el continuum de la realidad), y, al mismo tiempo, es precisamente esa ruptura la  
que desencadena una reacción corpórea, una «inervación», una energía que posibilita el en-  
cuentro entre el cuerpo individual y el cuerpo colectivo. En la teoría materialista de Benjamin,  
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la toma de conciencia no puede entenderse sin una inscripción en el cuerpo, sin una dimen-  
sión corpórea que la sustente.  
Solo una vez que el cuerpo y el espacio de imágenes se conjugan en ella con tal  
profundidad que la tensión revolucionaria se convierte en inervación corporal  
colectivaylasinervacionescorporalesdelcolectivoseconviertenendescarga  
́
revolucionaria, la realidad se puede superar a sí misma. (Benjamin, 2007: 127)  
Este movimiento energético puede alcanzar una intensidad casi explosiva, capaz de  
convocar la imaginación colectiva hacia una acción común. En este marco, imagen y cuer-  
po se vuelven indisociables: es en su implicación mutua donde emerge la posibilidad de una  
transformación política.  
Para Simone Weil, es también en la atención donde reside una suerte de potencia libera-  
dora. En el encuentro atento se da un ejercicio de supresión de todo interés, toda «in-tención»  
particular para optar al vacío que todo instante de «a-tención» exige (Weil, 1994). Atender  
verdaderamente es un acto de vida. El sujeto se vacía de su deseo e intereses ante el obje-  
to artístico para atenderlo. Cuando dirigimos nuestra atención hacia lo vivo, nos llenamos  
también de vida. Para Weil, la modernidad produce un simulacro de lo vivo, nos distrae hacia  
aquello que, por su estímulo constante, solo está vivo en apariencia.  
La lógica de la distracción capitalista: una atención capturada, fragmentada, colonizada  
por lo inmediato es muy distinta de la atención trastocada que proponen Bishop, Benjamin o  
Weil, entendida como una apertura receptiva que requiere presencia y vaciamiento del yo».  
En esta dirección, Mark Fisher sostiene que el capitalismo contemporáneo funciona como  
un régimen afectivo que no solo captura la atención, sino también la imaginación. Su noción  
de «realismo capitalista» describe esa imposibilidad de imaginar alternativas: un estado de  
captura psíquica donde incluso el deseo de otra forma de vida queda neutralizado. Fisher no  
solo denuncia la saturación de estímulos y la hiperconectividad como formas de alienación,  
sino también la producción de una subjetividad exhausta, ansiosa y atrapada en un presente  
continuo, sin horizonte (Fisher, 2016).  
Mientras Weil propone la atención como una práctica espiritual y ética, Fisher la conci-  
be como un campo de disputa política y afectiva. En ambos casos, la atención se revela como  
algo más que un recurso cognitivo: es el lugar donde se juega nuestra relación con el mundo.  
Weil advierte que atender no es solo una disciplina perceptiva, sino también una forma de  
educar y afinar el deseo, orientándolo hacia lo genuinamente vivo. En su forma más elevada,  
laatenciónnoesunesfuerzo, sinounaaperturareceptiva, unestadodedisponibilidadradical  
que participa de la dimensión sacramental del mundo, allí donde lo visible y lo invisible se to-  
can(Weil, 2024). Esimportantesubrayarqueatenciónnoimplicasumisiónnipasividad:nose  
tratadeunsilenciodomesticado, sinodeunaformaactivaderelaciónconelmundo, unapre-  
sencia transformadora para sujeto y objeto. La atención es una acción sutil pero poderosa,  
que «suspende el yo» para dar lugar a la alteridad. En términos neomaterialistas, podríamos  
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hablar de una «intra-acción»: un proceso relacional donde cuerpos, pensamientos y afectos  
coemergen en una red de significación compartida (Barad, 2007). Así entendida, la atención  
es también una práctica ética y estética de cuidado, apertura y transformación.  
La atención trastornada, potenciada por las artes híbridas, disuelve la hegemonía de la  
visión en favor de una inervación corpórea: una experiencia estética donde lo háptico cobra  
protagonismo. En esta línea, Karen Barad propone repensar el acto de “tocar” no como mero  
contacto entre superficies, sino como una implicación profunda entre materia y sentido: una  
vibración compartida en la que los límites entre cuerpos se desdibujan. El tacto, desde esta  
perspectiva, es también una práctica epistemológica y ontológica: una forma de conocer y  
devenir con el mundo. En el marco de una materia queer, que desestabiliza jerarquías bina-  
rias e identidades fijas, el tacto se vuelve potencia híbrida, una estética del entre, donde el  
arte reconfigura la realidad desde una sensibilidad encarnada (Barad, 2023). En esos gestos  
mínimos y materialidades sensibles emerge una política de la porosidad: una apertura a lo  
otro que atraviesa cuerpos, tiempos y afectos. Así, el arte —en su dimensión híbrida y situa-  
da— se afirma como un campo donde atención, tacto e intra-acción se entrelazan, generan-  
do nuevas formas de existencia relacional y resistencia micropolítica.  
La emergencia de una “atención híbrida”, mediada por la tecnología, transforma la expe-  
riencia estética más allá de las personas creadoras o espectadoras: reconfigura profunda-  
mente las instituciones artísticas, sus modos de exhibición, conservación y legitimación. La  
atención ya no se dirige de forma lineal o sostenida, sino que opera desde la fragmentación,  
la simultaneidad y la deriva, lo que obliga a museos, archivos y centros culturales a repensar  
sus estructuras y sus formas de vinculación con el público. El museo contemporáneo busca  
hoy interactuar, participar de una experiencia compleja que involucra múltiples cuerpos, ob-  
jetos y temporalidades. Pero el impacto va más allá: cuestiona los fundamentos epistemoló-  
gicos de la estética y de la historia del arte, desafiando sus narrativas lineales, cánones ex-  
cluyentes y jerarquías sensoriales. En este nuevo paisaje, la atención trastornada e híbrida  
no solo redefine la experiencia estética, sino que habilita una posibilidad ética: imaginar for-  
mas de saber y de relación más diversas, porosas y situadas.  
3. Del especador dócil a las corporalidades expecantes. Hacia una  
estética de la opacidad y el devenir común  
El cuerpo es el soporte y, al mismo tiempo, el límite de la atención. La dimensión corpó-  
rea de todo acto perceptivo implica una doble condición. Por un lado, el cuerpo es moldeado  
por tecnologías, dispositivos y discursos que buscan regular, controlar y optimizar su capaci-  
dad de percepción; por otro, el cuerpo puede también resistir, desbordar esas normas y abrir  
espacios de suspensión, desvío o atención errática que desestabilizan el régimen perceptivo  
dominante.  
Esta tensión entre domesticación y resistencia encuentra un terreno privilegiado de ex-  
ploración en la práctica artística. El arte, en tanto que ejercicio encarnado imaginativo-es-  
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Cuerpos implicados: sensibilidad expandida y experiencia estética en el arte híbrido  
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peculativo de relación con el mundo sensible y simbólico, no solo está atravesado por cate-  
gorías conceptuales que intentan contener o domesticar su potencia, sino que también posee  
una capacidad inherente para trascender las intenciones de quienes lo producen y promue-  
ven. Los objetos artísticos, entendidos también como «cuasi-cuerpos», precisamente por su  
ambigüedad y su apertura, señalan hacia lugares que exceden su marco original, convocan-  
do formas de atención y experiencia que pueden devenir actos críticos, gestos de resistencia  
o experiencias de reapropiación sensible del mundo (Lull, 2025).  
Estos objetos se presentan como entidades ambiguas y sintomáticas, cuya potencia ra-  
dica en su capacidad de generar sentido a partir de las relaciones que activan. Son, al mis-  
mo tiempo, productos y agentes de los sistemas en los que se inscriben. Así, un mismo objeto  
o imagen tangible puede participar tanto en la producción de subjetividades alineadas con  
un orden dado —como el patriarcal-capitalista— como en la gestación de formas de resis-  
tencia a ese mismo orden. Su eficacia no es unívoca: en ciertos contextos, su propia activa-  
ción puede contribuir a transformar, o incluso a desestabilizar, el sistema que originalmente  
lo configuró. Lejos de ser pasivos, estos objetos difractan las fuerzas que los constituyen: su  
puesta en relación puede provocar desvíos, interferencias y transformaciones imprevistas.  
Desde esta perspectiva, el concepto de «difracción», tal como lo propone Karen Barad,  
resulta fundamental. A diferencia del reflejo, que reproduce lo mismo, la difracción implica  
una relación de diferencia: una interferencia entre elementos que se coafectan sin perder  
su singularidad. Aplicado a lo material, este enfoque permite pensar los objetos artísticos  
no como unidades cerradas, sino como nodos de intra-acción, en los que cuerpos, discursos,  
afectos y tecnologías se entrelazan produciendo lo nuevo (Barad, 2007).  
EsteenfoquedialogadirectamenteconlaspropuestasdeRosiBraidotti, quiendesdeuna  
perspectiva posthumanista y también neomaterialista, plantea que la materia, incluyendo la  
materia del cuerpo, no es pasiva ni secundaria, sino una fuerza productiva, deseante y trans-  
formadora. En su visión, los objetos y cuerpos no humanos tienen agencia, y están inmersos  
en redes de afectos y potencias que desbordan las lógicas dualistas del pensamiento occi-  
dental. La subjetividad ya no se construye desde la separación entre mente y cuerpo, huma-  
no y no humano, sino desde una ontología relacional y afirmativa, donde la transformación  
constante es la condición fundamental de lo viviente.  
Los planteamientos de Barad y Braidotti, trasladados al campo de la teoría del arte, per-  
miten articular la idea de que los objetos artísticos son el resultado de comportamientos no  
lineales de la materia, comportamientos que escapan a la predicción y que, a menudo, «pese  
a todo», desembocan en la transformación o el colapso del sistema al que pertenecen4. Esta  
perspectiva resuena con la agencia potencial de los objetos: su capacidad de abrir líneas de  
fuga allí donde parecía no haber alternativa. Esa potencia de apertura proviene, al igual que  
en los cuerpos humanos, de su condición no transparente, opaca.  
4. Las imágenes malgré tout de Didi-Huberman señalan «el “pese-a-todo” del pensamiento que cuestiona su  
memoria, aquella que ve en el hecho histórico singular una excepción teórica capaz de modificar la opinión pre-  
existente sobre lo “inimaginable”». (Didi-Huberman, 2004: 96).  
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Julia Lull-Sanz  
El concepto de sujeto opaco en Judith Butler emerge como una crítica a los regímenes de  
inteligibilidad que pretenden hacer a los sujetos completamente transparentes, descifrables  
y clasificables (Butler, 2009). Para Butler, toda identidad está atravesada por normas socia-  
les que la constituyen, pero también la limitan. En este marco, el sujeto nunca es totalmente  
coherente ni autosuficiente; más bien, está siempre en devenir, constituido por relaciones de  
poder, lenguaje y reconocimiento.  
La opacidad del sujeto señala precisamente ese exceso que no puede ser capturado por  
las categorías normativas —ya sean de género, raza, clase o sexualidad—. No se trata de  
un déficit de comprensión, sino de una condición ontológica: los sujetos son opacos porque su  
ser no se agota en las definiciones sociales que intentan nombrarlos. Esta opacidad es, a su  
vez, una forma de resistencia. Al no ser completamente legible para el poder, el sujeto opaco  
escapa, desborda, desacomoda las taxonomías dominantes. Butler articula esta noción con  
una ética de la no violencia que se funda en el reconocimiento de la alteridad radical del otro.  
No comprender al otro completamente, no poder reducirlo a una categoría o a una narrativa,  
no es motivo para la exclusión, sino el fundamento de una ética relacional. En este sentido, la  
opacidadestambiénunainvitaciónasostenerunarelaciónconloirreductibledelotro, consu  
misterio y su diferencia, sin intentar dominarlo o explicarlo del todo.  
Desde una perspectiva política, el sujeto opaco pone en cuestión los dispositivos de vi-  
gilancia, control y normalización que buscan producir cuerpos legibles y regulados. Por ello,  
reivindicar la opacidad es una manera de abrir espacio a formas de existencia que no se de-  
janasimilarnidomesticarporlosdiscursosdominantes. Esunaapuestaporunasubjetividad  
abierta, inestable, y, precisamente por ello, potencialmente transformadora.  
Así como el sujeto no puede ser completamente comprendido o clasificado, las prácti-  
casartísticashíbridasresistenlosregímenesdevisibilidadysignificadoquehandominadola  
historia del arte occidental. Rehúsan ofrecer una experiencia “transparente”, proponiendo, en  
cambio, una relación incómoda, interrumpida, incluso ambigua, con la persona espectadora.  
El arte híbrido asume esta condición de opacidad, de indeterminación, de desborde, e invita a  
explorarla, así como a explorar lo que nuestros cuerpos expectantes pueden alcanzar en el  
marco de esta relación.  
Marcel Duchamp es una figura clave en el surgimiento de las artes híbridas, al cues-  
tionar los límites entre disciplinas e incorporar elementos conceptuales, tecnológicos y fi-  
losóficos en su práctica. Uno de los aspectos más radicales de su pensamiento es la reva-  
lorización de la oscuridad, no como mera ausencia de luz, sino como un espacio fértil para  
pensar lo indeterminado y lo no visible. Frente a la tradición occidental que ha privilegiado  
la luz como símbolo de verdad y conocimiento, Duchamp reivindica la sombra, la opacidad y  
lo invisible como alternativas críticas. En obras como Étant donnés, donde la imagen solo se  
revela a través de un orificio, o El Gran Vidrio, donde la transparencia se convierte en tram-  
pa perceptiva, expone la imposibilidad de una visión total y cuestiona la supremacía del ojo.  
Para Duchamp, la oscuridad no es un límite, sino un espacio de resistencia, donde lo incier-  
to y lo conceptual operan como estrategias frente al control visual moderno. Más que negar  
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Cuerpos implicados: sensibilidad expandida y experiencia estética en el arte híbrido  
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la visión, la subvierte desde dentro, proponiendo una estética de la ambigüedad, el misterio  
y el pensamiento como zonas productivas más allá de lo visible5.Aquí, la opacidad no es un  
obstáculo, sino una estrategia crítica: desactiva el consumo rápido de sentido e invita a una  
implicación más ética y compleja. Frente a las nociones modernas de atención focalizada y  
contemplativa, estetrastocamientoimplicaunaformadeestarpresentequesealineaconla  
lógica del sujeto opaco: una disposición afectiva y cognitiva que no busca controlar o enten-  
derlo todo, sino estar(ser) con lo múltiple, lo no resuelto, lo impensado.  
Desde la intersección entre ciencia y posthumanismo, N. Katherine Hayles propone una  
teoría de la cognición no consciente a partir del concepto de «lo impensado», definido como  
«el modo de interactuar con el mundo enredado en un eterno presente» (Hayles, 2024). Este  
enfoque desplaza la centralidad de la consciencia, aludiendo a procesos no conscientes que  
resultan fundamentales para su funcionamiento. Lo impensado traza una «tierra incógni-  
ta» más allá, o más acá, de las nociones consolidadas por la consciencia. No se trata de una  
abstracción más, sino de una dinámica relacional entre sujetos humanos y sistemas técni-  
cos. Alincorporarloimpensadocomoejeentreprácticaartística, cienciaytecnología, Hayles  
impulsa un modelo holístico de conocimiento que trasciende dicotomías como razón/afecto,  
consciencia/inconsciente, humano/tecnológico. Esta propuesta abre un marco teórico que  
articula arte, ciencia y tecnología como campos interconectados de experiencia. Además,  
al desafiar estructuras dominantes, lo impensado habilita nuevas formas de conocimiento  
y expresión, emergiendo especialmente en prácticas creativas . De algún modo, la práctica  
artística, y en especial la vinculada a las artes híbridas, genera (plata)formas de aparición,  
donde lo impensado y lo inimaginado pueden acontecer.  
El proyecto Eine Kleine GeneMusiK es un ejemplo relevante del encuentro entre arte,  
ciencia y tecnología en el arte híbrido6. El proyecto explora la capacidad de las morfologías  
fsicas (como el ADN) y las estructuras culturales (como la notación musical o los memes)  
de actuar como sistemas mnemónicos, es decir, como soportes de memoria a distintas esca-  
las. Al emplear procesos biológicos impredecibles, como mutaciones en bacterias, se erosio-  
na el control humano sobre la obra, delegando parte de su autoría en la agencia biológica7. El  
resultado vuelve al ámbito humano a través de una interpretación musical en vivo, donde el  
virtuosismo y la subjetividad del desempeño aportan nuevas capas de significado. Se cons-  
truyeasíunamatrizuidadeintercambiocultural, socialybiológicoquetrasciendebarreras  
temporales y espaciales, auspiciando nuevos territorios relacionales y cognitivos.  
5. La relación de Duchamp con la oscuridad y lo femenino como dimensiones resistentes a los discursos he-  
gemónicos se encuentra maravillosamente recogido en Cruz Sánchez, 2016.  
6. El artista responsable de este proyecto es Nigel Helyer, también conocido como Dr. Sonique. Se trata de un  
escultor y artista sonoro interdisciplinario con sede en Australia, reconocido internacionalmente por sus ins-  
talaciones sonoras de gran escala, obras ambientales, bioarte e iniciativas colaborativas entre arte y ciencia.  
Para una mayor profundización en este proyecto véase: Helyer, 2020.  
7. Másejemplosdeproyectosyexperienciasdeartehíbrido, asícomoreflexionessobresugénesisysusposi-  
bilidades, pueden encontrarse en Díaz-Kommonen et al., 2024.  
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Julia Lull-Sanz  
Este planteamiento sintoniza con la propuesta del «compost» de Donna Haraway, una  
teoría que asume que el conocimiento deviene siempre “con”, desde la reciprocidad y la red  
enredada de conexiones y confrontaciones posibles. «Los seres asociados ontológicamen-  
te heterogéneos devienen lo que son y quienes son en una configuración del mundo semió-  
tico-material relacional. Naturalezas, culturas, sujetos y objetos no preexisten a sus confi-  
guraciones entrelazadas del mundo» (Haraway, 2019: 36). Haraway sugiere el «compost»  
porque está involucrado en el ensamblaje vital; una clara vindicación de la materialidad  
siempre múltiple y diversa, necesaria para todo proceso de conocimiento. Las artes híbridas  
o surgidas del entrelazamiento entre diferentes prácticas artístico-imaginativas podrían en-  
tenderse como la puesta en forma de este conocimiento encarnado y enredado, donde las  
jerarquías son solo una ficción interesada. Las formas de cognición social, así como las ar-  
tes híbridas, presuponen un desarrollo que acontece entre ecofactos, artefactos y prácticas  
sociales siempre cambiantes, en concordancia con la misma dinámica de la cognición.El de-  
venir común al que alude el título de este apartado remite, en la línea de los planteamientos  
de Barad, Braidotti y Haraway, a un ensamblaje en el que humanos, no humanos, tecnologías  
y discursos se configuran mutuamente. Con estas propuestas neomaterialistas, el futuro no  
debe entenderse como una certeza fija, sino como una construcción que surge del imagina-  
rio compartido. En este marco, imaginar constituye ya una forma de materialización relacio-  
nal, siempre abierta y equívoca. Esta dimensión no se limita al plano discursivo, sino que se  
enraíza en las prácticas corporales, en particular en el tacto, que actúa como mediador en-  
tre pensamiento y experiencia. Una forma de «pensar en movimiento», donde imaginación y  
sensación se entrelazan para configurar modos de existencia futuros (Mroczkowski, 2024).  
En el campo del arte híbrido, esta dimensión se manifiesta en la capacidad de ciertas  
obras para reunir sensibilidades y temporalidades heterogéneas, biológicas, técnicas y cul-  
turales y convertirlas en experiencia compartida, compuestas. Lo decisivo es la red de inte-  
racciones que hace emerger la obra como acontecimiento imprevisto e impensado. La prác-  
tica artística crea condiciones favorables para que los cuerpos humanos y no humanos, se  
afecten entre sí. La obra funciona entonces como un nodo de convergencia, donde percep-  
ciones, emociones, tecnologías y memorias se entrelazan en un campo sensible compartido  
susceptible de hacer emerger sentidos por-venir. La dimensión política de esta propuesta se  
sitúa en su capacidad para abrir un espacio de lo común que no se funda en la transparen-  
cia ni en la regulación normativa, sino en la opacidad y la diferencia. Se trata de un común no  
prescrito, que se constituye en la interacción (es)tética y que, precisamente por su carácter  
dinámico, híbrido y abierto, puede devenir en una práctica transformadora.  
El cuerpo de la persona espectadora ya no es el punto de llegada de un mensaje visual,  
sino un nodo sensible que participa en la producción misma de la experiencia estética. Aquí,  
el pensamiento de Rosi Braidotti vuelve a ser clave: el sujeto posthumano que ella propone  
es un sujeto compuesto, situado, transindividual, que no se define por su autonomía, sino por  
su capacidad de estar en relación, de formar parte de una ecología de fuerzas y materiali-  
dades vivas (Braidotti, 2013). Aplicado a la experiencia artística, esto significa que la persona  
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espectadora deja de ser un sujeto soberano para convertirse en una zona de paso de inten-  
sidades, un cuerpo poroso que coemerge con la obra y con el entorno. Siempre en y desde un  
estar-con en constante transformación.  
Las prácticas artísticas híbridas sitúan a la persona espectadora dentro de un entrama-  
do relacional donde cuerpos, materiales, imágenes, sonidos, ciencia, tecnologías y afectos se  
impactan mutuamente. Todo acto de percepción es una forma de intra-acción, no una inte-  
racción entre entidades previamente definidas, sino un proceso en el que las identidades de  
loscuerpos, lasobrasylossentidosemergenjuntas, enmutuaconstitución. Veryanoescap-  
turar ni comprender, sino dejarse afectar, atender desde el cuerpo, aceptar el desequilibrio, la  
deriva, la transformación. Esta reformulación del lugar de la persona espectadora abre po-  
sibilidades para una política de la percepción: una práctica que resiste a la captura capitalis-  
ta de la atención, que activa formas de estar en el mundo más sensibles, abiertas y críticas.  
Vilém Flusser, en su teoría de la imagen técnica y la cultura poshistórica propone una  
transformación radical de la forma en que los sujetos se relacionan con el mundo, consigo  
mismos y con la información. Para Flusser, las imágenes técnicas —fotografa, cine, video,  
arte digital— no representan simplemente la realidad, sino que la programan, es decir, la co-  
difican a través de aparatos que median nuestra experiencia (Flusser, 2015). En este contex-  
to, el sujeto ya no es un productor soberano de sentido, sino alguien que opera dentro de un  
sistema de programas, códigos y retroalimentaciones, lo cual resuena profundamente con la  
figuradelsujeto opaco enButler:unsujetodescentrado, procesualycondicionadoporestruc-  
turas que lo exceden.  
Al igual que Butler desconfa de las categorías normativas que pretenden estabilizar  
la identidad, Flusser desconfa de las categorías tradicionales del pensamiento histórico-li-  
neal. En su lugar, propone la figura del homo ludens, un sujeto que juega con los aparatos, los  
códigos y los símbolos, en lugar de dominarlos desde un exterior. Este juego no es frívolo: es  
una forma de resistencia y creación, una manera de habitar el mundo de manera inventiva  
y crítica. Aquí es donde el arte híbrido adquiere todo su potencial: como un espacio de juego  
con los códigos, de manipulación de lo técnico, de recomposición de las formas sensibles y  
cognitivas.  
Lasartescontemporáneasquesealimentandelotécnico, loperformativoyloparticipa-  
tivo no buscan la concentración sostenida y unívoca de las personas espectadoras, sino que  
interpelan una atención fragmentada, multicanal, incluso distraída. Pero esta distracción,  
como vimos, no es desinterés: es otra forma de atención distribuida, de estar afectivamen-  
te implicado en múltiples capas sensoriales, simbólicas y materiales. Esta forma de estar se  
asemeja a la apertura ética radical que exige tanto Butler como Flusser: una disposición no  
totalizante, no dominante, que se deja afectar por lo que no puede controlar ni comprender  
del todo.  
Las artes híbridas, desde esta perspectiva, no solo hacen tambalear los fundamentos  
tradicionales del arte, sino que reconfiguran la relación entre percepción, tecnología y subje-  
tividad. No buscan representar la realidad, sino reprogramarla desde adentro, implicando a  
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las personas espectadoras en un juego ético y estético donde se desestabilizan las fronteras  
entre humano y máquina, imagen y concepto, yo y otro.  
Lasnuevasimágenes(...)sonmodelosparalafuturaexperiencia, paralavalo-  
rización, paraelconocimientoyparalaaccióndelasociedad. Contodaimagen  
nueva, el universo imaginario de la sociedad es transformado, y el poder de la  
imaginación hace que la rigidez de la circunstancia (...) sea sustituida por flui-  
dez y maleabilidad. (Flusser, 2015: 36)  
4.¿Ysilapcicaartísticafuerasiempreyaunaexperienciahibrida?  
El «retorno de lo reprimido», es un concepto psicoanalítico introducido por Sigmund  
Freud. Este término describe el fenómeno por el cual contenidos mentales que han sido re-  
primidos en el inconsciente tienden a reaparecer de forma distorsionada en la conciencia, a  
menudo a través de síntomas, sueños o actos fallidos (Freud, 1979).  
Hal Foster utilizó esta noción para analizar cómo ciertas formas del arte contemporá-  
neo, especialmente desde los años setenta en adelante, traen de vuelta lo que había sido ne-  
gado o excluido por las narrativas modernistas del arte (Foster, 2022). Este retorno no es un  
simple revivir del pasado, sino un reingreso transformador: lo reprimido vuelve con fuerza,  
peronodeformaidéntica, sinocomounadistorsiónproductiva, unsíntomaquerearticulalas  
condiciones del presente.  
Foster subraya que este retorno no se da en abstracto, sino en el plano de lo real, en el  
sentidolacaniano:loquenopuedesercompletamentesimbolizadoy, sinembargo, insiste, re-  
torna, interrumpe8. Las artes híbridas comparten esa lógica: no se dejan reducir a un código  
o a una categoría; son siempre excesivas. En ellas, lo reprimido se materializa como mezcla,  
como impureza, como indisciplina formal y política. Y esa condición, es precisamente lo que  
otorga al arte su fuerza crítica, su capacidad de producir sentido más allá del sistema del  
arte.Algo análogo sucede con los cuerpos y las experiencias queer: cuerpos que desbordan  
los límites categoriales impuestos por el binarismo, la heteronormatividad y la lógica iden-  
titaria. Cuerpos que «como las formas, no son espacios naturales ni sagrados, son lugares  
híbridos de tensión dinámica» (Mora, 2021: 33). No se trata simplemente de identidades al-  
ternativas, sino de modos de existir que fracturan la norma, que ponen en crisis el régimen  
de inteligibilidad dominante. Como sugiere Luce Irigaray, estos cuerpos disidentes devienen  
instancias subversivas: descomponen la norma desde adentro, revelando su carácter artifi-  
cial, contingente, y profundamente violento (Irigaray, 1974). Esta íntima conexión entre artes  
hibridasycuerposqueerquedaperfectamentesintetizadaporlacuradoraargentinaKekena  
Corvalán en su texto Curaduría afectiva: «No era cuestión de salir a buscar ejemplos de lo  
8. Real, Imaginario y Simbólico, estan desarrollados en la conferencia pronunciada en el Hospital Psiquiátrico  
de Sainte-Anne, París, el 8 de Julio de 1953, en ocasión de la primera reunión científica de la recientemente fun-  
dada Société Française de Psychanalyse, y posterior discusión. (Lacan, 1977).  
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transdisiciplinar en el arte contemporáneo (...). No era la cosa salir al afuera. Lo transdisci-  
plinar era nuestro propio dispositivo cotidiano de trabajo, intimidad, lucha, compromiso, exis-  
tencia» (Corvalán, 2021: 9).  
Del mismo modo que lo queer no constituye una novedad ni una anomalía, sino que fun-  
ciona como una fuerza crítica que revela la dimensión construida, normativa y ficcional del  
género —también de manera retroactiva—, podríamos proponer que toda práctica artística  
hasidosiempreyaunaexperienciahíbrida. Elgestoartístico, lejosdeserunaoperaciónpura,  
autónoma o autoidéntica, emerge desde el cruce entre observación y especulación, deseo y  
técnica, experiencia sensible e inconsciente, afecto y pensamiento, individuo y comunidad. La  
hibridez, en este sentido, no es un síntoma tardío de la posmodernidad ni una excentricidad  
del arte contemporáneo: es su condición originaria.  
La historia está atravesada por prácticas profundamente híbridas. Desde las pinturas  
rupestres —que integraban gesto, luz, sonido, cuerpo y territorio— hasta las iglesias romá-  
nicas, concebidascomoexperienciasinmersivas. Tambiénlosjardinesislámicosyjaponeses,  
donde el vacío, el tiempo y el ritmo estacional articulan estética, filosofa y sensibilidad am-  
biental. Los retablos barrocos, especialmente en contextos coloniales, operan como instala-  
cionesquefusionanescultura, pintura, luz, teatralidadeintegrandomuchasveceselementos  
culturales indígenas, que dan lugar a formas de hibridación simbólica que desbordan toda  
clasificación formal o estilística.  
Estasobras, ymuchasotras, evidencianquelahibrideznoesunainvencióndelartecon-  
temporáneo, sino un rasgo fundante de la práctica artística. Reconocer el carácter híbrido  
del ejercicio artístico no solo permite restituirle su complejidad, sino también activar su po-  
tencia relacional y su dimensión viva, inseparable de los cuerpos, los contextos y las formas  
de vida que lo atraviesan.  
Las artes híbridas contemporáneas no solo desdibujan las fronteras entre disciplinas,  
lenguajesoformatos, sinoquefuncionancomozonasdeaparicióndeaquellohistóricamente  
reprimidoporlasestructurasdelsaber,laestéticaoelpoder.Enestesentido,lahibrideznoes  
solounaestrategiaformal, sinounavíaparaelretornodeloexcluido:saberesnonormativos,  
cuerpos disidentes, formas populares o indígenas, materiales impuros, lenguajes inestables,  
lo emocional, lo afectivo, lo situado y lo más-que-humano. Todo lo que fue marginado de los  
marcosdelolegítimoreapareceenelartehíbridocomorestoresistenteyfuerzageneradora.  
5.Concusiones:Elcuerpocomointerfaz.Materialidad,inmaterialidad  
e hibridación.  
Resultaciertamenteparadójicoqueenelmarcodelahistoriadelartetradicionalelsujeto  
espectador haya sido construido como una entidad etérea, desmaterializada, cuya atención  
idealdebíaserpura,transparente,casiincorpórea.Enestemodelo,lavisiónseentendíacomo  
unactotrascendente,separadodelcuerpo,deldeseo,delafecto.Sinembargo,esamiradasu-  
puestamenteinmaterialsedirigíaaobjetoscelebradosyalavezvigiladosporsudensi-  
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dadmaterial,sutécnica,supeso,sudurabilidad.Laobradebíasermaterianoble,peroesamis-  
ma materia era también un signo de su impureza frente al ideal estético elevado y abstracto.  
Frente a este modelo, la experiencia artística contemporánea ha desplazado radical-  
mente estas coordenadas. Se habla cada vez más de arte inmaterial, de experiencia expan-  
dida, de interfaz sensible, pero reveladoramente lo que emerge con fuerza es la centralidad  
del cuerpo como condición de posibilidad del acontecimiento estético. Lejos de desaparecer,  
la materia vuelve, pero no como objeto, sino como presencia corporal, como afecto, gesto, vi-  
bración, atención.  
En esta nueva lógica, la obra tiende a perder su dimensión visual autónoma en favor de  
una forma más procesual, relacional e inmersiva. El cuerpo ya no es el soporte pasivo que  
observa desde fuera y se convierte en una interfaz viva, en una materia en resonancia, que  
activa y es activada por la obra. Así, en plena invocación de la inmaterialidad del arte, la ma-  
teria del cuerpo se vuelve ineludible. No asistimos a una desmaterialización total, sino a una  
reconfiguración del campo de lo sensible, donde lo inmaterial, hibrido o difuso del dispositivo  
se encuentra con lo irreductiblemente carnal del cuerpo9.Como ya apuntaban Lucy Lippard  
y John Chandler a finales de los años sesenta, el arte conceptual desplazó el foco del objeto  
a la idea. En este modelo, la materia se niega, porque la sensación se ha convertido en con-  
cepto, en lenguaje (Lippard y Chandler, 1968). El arte se vuelve proposicional, lingüístico, des-  
pojado. Frente a ello, el arte híbrido, tal como se despliega hoy, no niega la materia, sino que  
la redistribuye: la convierte en energía, en cuerpo fragmentado, en atención trastornada. La  
hibridez no es solo una mezcla de técnicas o disciplinas, sino una forma de poner en crisis  
las fronteras: entre lenguajes, entre cuerpos, entre formas de percepción.Las artes visua-  
les se sitúan hoy, como ya señalaba Lippard, en un cruce de caminos: el arte como idea y el  
arte como acción (Lippard, 2004). Uno tiende a la desmaterialización por vía del concepto; el  
otro, por vía de la energía. Pero lo que está en juego ahora no es solo esta bifurcación, sino la  
emergencia de una tercera vía: un arte enredado que es a la vez cuerpo, idea, acción, imagen,  
código y experiencia.Tal vez la propuesta estética y política de nuestro tiempo ya no pase por  
la dicotomía entre materialidad y desmaterialización del cuerpo, como en ciertos discursos  
utópicos del arte conceptual o de la tecnocultura, sino por su fragmentación, su porosidad, su  
exposición radical a lo múltiple e híbrido. Lo que emerge es una sensibilidad dislocada, des-  
centrada, que se afirma en el contacto con lo inestable, lo híbrido, lo impuro y lo impensado.  
Se trata entonces de pensar el cuerpo y la práctica artística no desde la autonomía ni la  
identidad fija, sino desde la relacionalidad, lo trans y la co-constitución con lo no humano. En  
este marco, lo sensible se vuelve un territorio vibrante y expandido, donde lo estético se abre  
a una política del afecto, de la incomodidad, del ruido, del estar entre. El arte —como el pen-  
samientodebeentoncesdesearysostenerlaincertidumbre, darlugaranuevasformasde  
sentir y saber. Lo verdaderamente novedoso no es solo el cuestionamiento de la mente como  
9. Si bien no ha sido objeto central de este artículo, cuando hablamos de cuerpo podemos incluir la materia-  
lidad corpórea de todos los soportes vinculados al arte digital o virtual. Una reflexión pertinente al respecto se  
puede encontrar en Alsina, 2014.  
Umática. 2025; 8. https://doi.org/10.24310/Umatica.2024.v8i8.21745  
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Cuerpos implicados: sensibilidad expandida y experiencia estética en el arte híbrido  
ResearchArea  
centro del «ser», sino la manera en que la tecnología y las experiencias híbridas modifican  
nuestra experiencia de corporalidad, percepción y subjetividad. Desde las prótesis sensoria-  
leshastalasinterfaceshápticas, pasandoporlainteligenciaartificialylarealidadaumenta-  
da, la noción de un “yo” limitado al cerebro o a la piel se diluye, dando lugar a una subjetividad  
distribuida, que se extiende más allá del cuerpo biológico.  
Este cambio en la percepción, la atención y la concepción del/los cuerpos/s implica, ne-  
cesariamente, una transformación de la propia noción de sujeto. Una subjetividad distribui-  
da, relacional y tecnológicamente mediada permite cuestionar las formas hegemónicas del  
antropocentrismo moderno, y con ello, abre la posibilidad de superar las lógicas extractivis-  
tas, jerárquicasyviolentasquecaracterizannuestropresente. Aldescentraralsujetohuma-  
no como medida de todas las cosas, se habilitan formas de existencia más porosas, interde-  
pendientes y afectivas, capaces de imaginar otras maneras de habitar el mundo.  
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