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Julia Lull-Sanz
dadmaterial,sutécnica,supeso,sudurabilidad.Laobradebíasermaterianoble,peroesamis-
ma materia era también un signo de su impureza frente al ideal estético elevado y abstracto.
Frente a este modelo, la experiencia artística contemporánea ha desplazado radical-
mente estas coordenadas. Se habla cada vez más de arte inmaterial, de experiencia expan-
dida, de interfaz sensible, pero reveladoramente lo que emerge con fuerza es la centralidad
del cuerpo como condición de posibilidad del acontecimiento estético. Lejos de desaparecer,
la materia vuelve, pero no como objeto, sino como presencia corporal, como afecto, gesto, vi-
bración, atención.
En esta nueva lógica, la obra tiende a perder su dimensión visual autónoma en favor de
una forma más procesual, relacional e inmersiva. El cuerpo ya no es el soporte pasivo que
observa desde fuera y se convierte en una interfaz viva, en una materia en resonancia, que
activa y es activada por la obra. Así, en plena invocación de la inmaterialidad del arte, la ma-
teria del cuerpo se vuelve ineludible. No asistimos a una desmaterialización total, sino a una
reconfiguración del campo de lo sensible, donde lo inmaterial, hibrido o difuso del dispositivo
se encuentra con lo irreductiblemente carnal del cuerpo9.Como ya apuntaban Lucy Lippard
y John Chandler a finales de los años sesenta, el arte conceptual desplazó el foco del objeto
a la idea. En este modelo, la materia se niega, porque la sensación se ha convertido en con-
cepto, en lenguaje (Lippard y Chandler, 1968). El arte se vuelve proposicional, lingüístico, des-
pojado. Frente a ello, el arte híbrido, tal como se despliega hoy, no niega la materia, sino que
la redistribuye: la convierte en energía, en cuerpo fragmentado, en atención trastornada. La
hibridez no es solo una mezcla de técnicas o disciplinas, sino una forma de poner en crisis
las fronteras: entre lenguajes, entre cuerpos, entre formas de percepción.Las artes visua-
les se sitúan hoy, como ya señalaba Lippard, en un cruce de caminos: el arte como idea y el
arte como acción (Lippard, 2004). Uno tiende a la desmaterialización por vía del concepto; el
otro, por vía de la energía. Pero lo que está en juego ahora no es solo esta bifurcación, sino la
emergencia de una tercera vía: un arte enredado que es a la vez cuerpo, idea, acción, imagen,
código y experiencia.Tal vez la propuesta estética y política de nuestro tiempo ya no pase por
la dicotomía entre materialidad y desmaterialización del cuerpo, como en ciertos discursos
utópicos del arte conceptual o de la tecnocultura, sino por su fragmentación, su porosidad, su
exposición radical a lo múltiple e híbrido. Lo que emerge es una sensibilidad dislocada, des-
centrada, que se afirma en el contacto con lo inestable, lo híbrido, lo impuro y lo impensado.
Se trata entonces de pensar el cuerpo y la práctica artística no desde la autonomía ni la
identidad fija, sino desde la relacionalidad, lo trans y la co-constitución con lo no humano. En
este marco, lo sensible se vuelve un territorio vibrante y expandido, donde lo estético se abre
a una política del afecto, de la incomodidad, del ruido, del estar entre. El arte —como el pen-
samiento—debeentoncesdesearysostenerlaincertidumbre, darlugaranuevasformasde
sentir y saber. Lo verdaderamente novedoso no es solo el cuestionamiento de la mente como
9. Si bien no ha sido objeto central de este artículo, cuando hablamos de cuerpo podemos incluir la materia-
lidad corpórea de todos los soportes vinculados al arte digital o virtual. Una reflexión pertinente al respecto se
puede encontrar en Alsina, 2014.
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