Componer entre disciplinas: un elogio de lo antidisciplinar
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Más allá de la ignorancia hacia los límites preconizada por el autor francés al abogar
por lo “in-disciplinado”5, la idea de antidisciplina implica trabajar con plena consciencia de
aquelloslímites(históricos, ideológicos, institucionales...)desdelosqueoperanlasdisciplinas
artísticas, desde los que se establece el límite entre la disciplina y la no-disciplina: una igno-
rancia deliberada. Plantea un trabajo de desmontaje disciplinar, siendo esto quizá la diferen-
ciación fundamental que podemos establecer con respecto a lo inter o transdisciplinar, si es
que nos sigue ayudando seguir manteniendo el juego terminológico para poner de relevancia
los fenómenos subyacentes.
En cierto sentido, la idea de antidisciplinariedad vendría a refutar también la propia dis-
ciplina desde la que se dicen las diferentes categorías de, no ya sólo la disciplina como tal
o la unidisciplina, sino también las subsiguientes de disciplina incidental, multidisciplina, in-
terdisciplina o transdisciplina, pues, como decíamos, no son más que relatos que nos hemos
creado para tratar de rastrear (“trackear”, por utilizar un neologismo tal vez pertinente) la
proveniencia de los diferentes procesos (artísticos y no-artísticos) y sus sedimentaciones en
forma de, digamos, arte. Es, en cierto sentido, un ir conscientemente más allá del relato dis-
ciplinar: “artista quiere decir una persona que decide libremente enzarzarse en el dilema de
lascategoríasyactúacomosiningunadeellasexistiera[…]aceptar, enconsecuencia, tantola
existenciadeunaactividadsingularcomounaserieinfinitadeactosquelarefutan”(Kaprow,
2016, p. 128).
Ante la deriva actual de una sociedad determinada cada vez más por la compulsiva cla-
sificación de ingentes cantidades de datos que impone a todo acto una o varias etiquetas
(tags), transformando, como apuntaba Foucault, lo confuso en orden disciplinar, quizá debe-
ríamos poner en valor el genuino carácter confuso de las cosas y los actos, disfrutar cons-
cientemente de la desubicación; pues, como afirma Peter Ablinger, “este ‘estar desubicado’
es, también, una oportunidad. Desde la perspectiva de la desubicación nada parece cuadrar.
Y este ‘no cuadrar’ contiene quizá una verdad más elevada, posibilitando maneras de perci-
bir que podrían no ser accesibles desde la cuadratura del sentirse ubicado” (Ablinger, 2024,
p. 9). De esta manera, la antidisciplinariedad sale a su vez de la clausura del acto meramente
creador, de la “poiesis”, del unitario “qué es”… para desbordarse hacia la recepción, la “aisthe-
sis”, en una inevitable multiplicidad de los numerosos “qué es” emitidos por quienes perciben.
Es desde la desubicación antidisiplinar desde donde podemos ahondar en nuevas for-
mas de percibir más allá de las cuadraturas del encaje institucional, ejercer un hacer que no
anteponga un unitario “qué es” al “que es”, es decir: percibir contra lo disciplinado de lo disci-
plinar, contra la clausura de los territorios y quienes los ocupan.
5.
EsnecesariomencionaraquílarecientepublicacióndeJoséIges:“Artesonoro:unaindisciplina”enla
que, como avanza su título, atribuye al arte sonoro el carácter de “insdisciplina”, en un sentido un tanto diferente
del que estamos explorando aquí (v. Iges, 2022)
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