ABSTRACT
Reflecting on the translation teaching competence at university level has become a need and a necessity in a context of globalization and digital revolution, in order to meet the challenge of excellence in an increasingly demanding labor market. The School of Translators and Interpreters of Beirut (ETIB), a member of EMT network, conducted an empirical research that identified 64 competences required from its instructors. For a better alignment with the standards and requirements of the EMT, and in order to highlight the specificities of ETIB as a higher education institution, an effort to reconcile the competences of ETIB’s instructors with the competences listed in the EMT Translator Trainer Profile framework seems to be essential. Translator Trainer Profile framework.
KEYWORDS: competences, teaching, translation.
RESUMEN
Reflexionar sobre las competencias del docente de la traducción en el nivel universitario se ha vuelto una necesidad en un contexto de globalización, de revolución digital y de afán por la excelencia frente a un mercado laboral cada vez más exigente. La Escuela de Traductores e Intérpretes de Beirut (ETIB), miembro de la red EMT, ha emprendido un estudio empírico que permitió identificar 64 competencias requeridas de sus docentes. Para lograr una mejor alineación con los estándares y requisitos de la red EMT, y para destacar las peculiaridades de la ETIB como institución de educación superior, resultó imprescindible aproximar las competencias de los docentes de la ETIB a las del Perfil del Formador EMT.
PALABRAS CLAVE: competencias, enseñanza, traducción.
Tras las múltiples investigaciones sobre la Formación por competencias (FPC) en traducción (Hurtado Albir, 2008) llevadas a cabo, entre otros, por el grupo PACTE1 de la Universidad Autónoma de Barcelona, un marco de referencia que “define las competencias básicas que los traductores deben de poseer para poder trabajar en el mercado actual”2 es publicado por primera vez en 2009 por la red del Máster Europeo de Traducción (EMT) de la Dirección General de la Traducción (DGT)3 de la Comisión Europea. En 2017, se publica una nueva versión de este marco de referencia. La misma red EMT, cuyo objetivo es “mejorar la calidad de la formación de traductores y ayudar a los jóvenes diplomados a ingresar al mercado laboral” publica en 2013 el Perfil del Formador EMT4, un documento que “describe las competencias que deben poseer o adquirir los formadores en traducción a lo largo de su carrera profesional”.
La publicación del Perfil del Formador EMT podría considerarse un hito importante en el ámbito de las investigaciones traductológicas, sobre todo las que se interesan por la pedagogía de la traducción, y en particular, por las competencias de los docentes de traducción. Esta temática empieza a ocupar un lugar destacado en la literatura traductológica con, principalmente, Dorothy Kelly (Kelly, 2008) quien considera que la enseñanza de la traducción debería ser una profesión en toda regla con un perfil profesional claramente definido. Para enseñar la traducción, el mero hecho de ser traductor ya no parecer satisfacer las nuevas necesidades y exigencias que emergen tanto en el mercado laboral como en el ámbito de educación superior que, de ahora en adelante, se ve obligada a actualizarse y desarrollarse con el fin de poder seguir el ritmo de una revolución digital que afecta en pleno al sector de la educación (Davidenkoff, 2014). Sin embargo, y pese a que despierta un gran interés en materia de pedagogía de la traducción, esta cuestión de las competencias docentes sigue relativamente ignorada por las investigaciones traductológicas (Massey, Kiraly, y Ehrensberger-Dow 2019). Si bien Daniel Gouadec (Gouadec, 2002, 2007), Sonia Colina (Colina, 2003) y Dorothy Kelly (Kelly, 2005, 2008) hayan tratado el tema en profundidad, puede decirse sin embargo que pocas investigaciones traductológicas se han interesado por las competencias de los docentes de traducción (Kelly, 2008).
En este mismo contexto traductológico, la Escuela de traductores e intérpretes de Beirut emprende investigaciones sobre las competencias docentes en traducción. Desde su adhesión a la red EMT en 2019, la Escuela se ha interesado de forma particular por las investigaciones relativas a la formación por competencias en la traducción (Hurtado Albir, 2008) así como por los marcos de referencia de la EMT, tanto el marco de referencia de las competencias de traducción como el Perfil del Formador EMT.
Con el fin de determinar las competencias docentes en traducción propias a su caso específico, la ETIB ha llevado a cabo un estudio empírico de tipo cualitativo en forma de un estudio de caso (Creswell, 2008, 2012). En varios grupos de discusión, se ha entrevistado a los docentes de traducción de primero y segundo ciclo, así como docentes de asignaturas directamente vinculadas con la traducción tales como la teoría y la historia de la traducción, la deontología y la gestión de proyectos, la terminología y la traducción automática y asistida por ordenador. Las discusiones han girado en torno a los tres saberes: saber, saber hacer y saber ser (Hurtado Albir, 2008), necesarios a la enseñanza de la traducción. Después de haber recogido los resultados del estudio (Najm y Abou Fadel Saad, 2022), ha parecido pertinente aproximar las 64 competencias identificadas en el marco de la ETIB (y clasificadas en cuatro categorías: traducción, pedagogía, sicología y tecnología) a las del Perfil del Formador EMT. Dos razones fundamentales motivan esta aproximación: en primer lugar, porque el Perfil del Formador EMT, primero y único marco de referencia en la materia hasta la fecha, sigue siendo un documento ineludible para toda investigación sobre competencias docentes en traducción, y, en segundo lugar, porque la ETIB, siendo miembro de la red EMT desde el 2019, necesita afianzar permanentemente su alineación a las normas y estándares de esta red.
Antes de iniciar la aproximación de las competencias docentes de la ETIB a las del Perfil del Formador EMT, es importante comprender las razones que motivaron la realización de éste último. En su introducción, se afirma claramente que este documento ha sido “redactado bajo los auspicios de la red EMT” y está destinado a “describir las competencias que deben poseer o adquirir los formadores en traducción a lo largo de su carrera profesional”. Después, y antes de detallar las competencias requeridas del formador, el documento señala que “las formaciones para docentes/formadores cambian en función de las necesidades y de los perfiles propios de los grupos diana, tales como los docentes de lenguas, los traductores profesionales, los traductólogos, los Profesores Titulares de Universidad o los expertos en un ámbito determinado (abogados, ingenieros, etc.). Es conveniente, por lo tanto, prestar una atención particular a las instituciones y a los contextos locales”. Esta última aclaración le da a la aproximación que nos planteamos todo su sentido. Aproximar las competencias de los docentes de la ETIB a las del Perfil del Formador EMT no es sino una forma de hacer aprobar la peculiaridad de nuestro “contexto local”.
Asimismo, cabe mencionar que el Perfil del Formador EMT propone cinco categorías de competencias. La primera, titulada competencias técnicas, abarca todas las competencias relacionadas con el ejercicio de la profesión de traducción. La segunda titulada competencias relacionales, abarca las competencias relacionadas con la dimensión relacional entre docentes y entre docentes y estudiantes, así como las relacionadas con el manejo del estrés, la gestión de dificultades y la toma de decisiones. La tercera categoría titulada competencias organizacionales, abarca las competencias relacionadas con el diseño de un plan de estudios en traducción. La cuarta categoría titulada competencias pedagógicas, abarca todas las competencias relacionadas con la didáctica de la traducción. La quinta y última categoría, titulada competencias de evaluación, abarca todas las competencias que permiten evaluar tanto el nivel y las adquisiciones logrados por los estudiantes como las prácticas docentes y el plan de estudios en sí.
La primera etapa de la tentativa de aproximación ha sido eliminar las diferentes clasificaciones en ámbitos o categorías, tanto en el Perfil del Formador EMT como en la lista de las competencias docentes de la ETIB. Porque, en primer lugar, las clasificaciones y títulos adoptados son totalmente incompatibles, y, en segundo lugar, porque en ambos estudios se evidencia que estas clasificaciones se dan sólo a título indicativo y tienen el único objetivo de aclarar y explicitar las competencias que llevan, prueba de ello la mención que se hace, en ambos casos, sobre las competencias que podrían ser clasificadas bajo dos categorías a la vez. Puede decirse, por consiguiente, que las categorías propuestas constituyen una mera indicación sin más, y que la aproximación debería hacerse comparando las competencias listadas independientemente de su clasificación.
La segunda etapa ha consistido en trazar una tabla comparativa con dos columnas, la primera dedicada a las competencias docentes de la ETIB y la segunda a las competencias correspondientes en el Perfil del Formador EMT. Esta comparación ha permitido distinguir tres tipos de correspondencia:
Cabe mencionar que, en el caso de las correspondencias parciales y limitadas, algunas competencias del Perfil del Formador EMT han sido colocadas frente a varias competencias docentes de la ETIB a la vez, cubriendo en cada caso una dimensión diferente de las mismas.
La tercera etapa ha consistido en destacar las competencias docentes de la ETIB que no satisfacen a ninguno de los tres criterios de correspondencia mencionados más arriba y que, por ende, no corresponden a ninguna de las competencias del Perfil del Formador EMT.
Competencias docentes ETIB | Competencias Perfil del Formador EMT |
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Tras haber hecho la correspondencia entre las competencias que ambos estudios han logrado identificar, hemos obtenido una serie de competencias que los docentes de la ETIB han de poseer y que no satisfacen a ninguno de los criterios de correspondencia mencionados más arriba. Estas competencias han sido clasificadas en cuatro categorías temáticas: la historia de la traducción, las dimensiones cognitivas y ergonómicas de la traducción, la apertura a los intercambios y la benevolencia del docente.
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Una lectura analítica de los resultados de esta aproximación nos permite deducir que, antes de nada, todas las competencias del Perfil del Formador EMT están incluidas, de una manera u otra, en las competencias docentes de la ETIB. A pesar de que algunas competencias se encuentran más desarrolladas o explicitadas en uno de los dos estudios, se puede afirmar que, sobre las 64 competencias docentes de la ETIB, 44 están incluidas y aprobadas por el Perfil del Formador EMT.
En cuanto a las competencias restantes, clasificadas bajo las cuatro categorías mencionadas más arriba, cabe examinarlas de cerca para comprender por qué no estarían incluidas en este documento de referencia en la materia.
Es evidente que las competencias relativas a la historia de la traducción constituyen un valor añadido para un docente de la traducción. Si bien es cierto que la enseñanza de la historia de la traducción requiere un perfil de docente traductor, traductólogo e investigador en la teoría y la historia de la traducción, también es cierto que la enseñanza de la traducción no requiere necesariamente conocimientos en este ámbito. En teoría, todo saber relacionado con la traducción es útil para enseñar esta disciplina. Pero la historia de la traducción en concreto no puede constituir un requisito para un docente de la traducción. Es, sin lugar a duda, una ventaja para el docente, ya que la historia de la traducción puede arrojar luz sobre las prácticas actuales en traducción y ayudar al docente a dar mejores justificaciones a sus estudiantes respecto de sus elecciones en la traducción. En todos casos, no es de extrañar que las competencias relacionadas con esta categoría no figuren en el Perfil del Formador EMT. No hay que olvidar que la Comisión Europea, mediante la creación de esta red EMT, quiere estandarizar la formación de traductores destinados a trabajar en los organismos europeos y, probablemente, por extensión, en las organizaciones internacionales, mientras que las instituciones académicas de formación para traductores, como es la ETIB, no se limitan a formar a traductores para este tipo de empleadores únicamente, sino que pueden también querer formar a traductores docentes de la traducción o a traductores investigadores. Ello podría justificar la voluntad de ver a los docentes dotados de estas competencias que constituyen un complemento a las que figuran en el Perfil del Formador EMT.
En cuanto a las competencias relacionadas con las dimensiones cognitivas y ergonómicas de la traducción, aunque no figuren de forma explícita en el documento de la EMT, podrían formar parte de la “literatura especializada en traductología y los trabajos de investigación pertinentes” que el Perfil del Formador EMT menciona bajo la categoría de las competencias técnicas. Sin embargo, teniendo en cuenta el carácter novedoso de estos dos planteamientos en el ámbito de la investigación traductológica, y en particular el planteamiento ergonómico, sería más beneficioso para los docentes explicitarlos de esta manera en un marco de referencia de las competencias docentes.
Respecto de la apertura a los intercambios, estas competencias no parecen alejarse mucho de la que el Perfil del Formador EMT, describe como “la aptitud para incorporarse en un equipo pedagógico y trabajar en grupo” mencionada bajo la categoría de “las competencias relacionales”. Sin embargo, en los tiempos de la globalización, los intercambios internacionales cobran una grandísima importancia. Por ello, explicitar estas competencias parece ser de extrema necesidad.
Por el contrario, lo que parece dar materia a reflexión más profunda son, seguramente, las competencias que hemos clasificado bajo la categoría de la benevolencia del docente.
Encontramos el concepto de la benevolencia del docente en un contexto escolar, particularmente en Francia, “en la dinámica de la Ley de refundación de la escuela de la República del 13 de julio de 2013, que usa el término en los textos oficiales. Los “beneficios” de la benevolencia educativa tendrían, de hecho, que ser considerados en los ámbitos del aprendizaje, de la creatividad, e incluso, del desarrollo personal y profesional: esta benevolencia daría paso a una pedagogía del acompañamiento, del seguimiento y de la orientación en la que el docente actúa como potenciador del aprendizaje e interactúa en paridad.” (Bailleul y Obajtek, 2018). Este concepto de benevolencia que encontramos también en la noción de pedagogía positiva (Pourtois y Desmet, 2012), es considerado en las investigaciones en neurociencias como una alternativa a la educación tradicional (Marquis, 2016). En este sentido, parece que la benevolencia del docente en el nivel escolar se percibe como una plusvalía pedagógica y una exigencia para la profesión del docente (Bailleul y Obajtek, 2018). Se nota su importancia en el desarrollo de los alumnos: “la dimensión relacional entre el docente y el alumno que se hace con benevolencia y con la distancia necesaria cobra, otra vez más, una importancia prominente en toda misión educativa y destaca “el efecto-docente-acompañante” sobre el desarrollo de la identidad personal y social de los alumnos-adolescentes.” (Rached y Gharib, 2020).
En un contexto de docencia universitaria, no es sorprendente que esta noción de benevolencia no parezca tener la misma importancia que en la pedagogía escolar. De hecho, el Perfil del Formador EMT, publicado en 2013, no hace ninguna mención explícita de las competencias relacionadas esta noción. Sin embargo, en un documento hecho público en 2020 por la Escuela Nacional de Administración Pública de Canadá bajo el título de Perfil de Competencias Del docente en el Nivel Universitario5, encontramos efectivamente unas competencias tales como Leadership de experiencia, Comunicación, Escucha y Colaboración, con ejemplos de comportamientos como: “identificar una necesidad de formación, apoyar a los estudiantes, actuar de manera empática, actuar como consejero o como defensor, tener cuenta de los límites personales del estudiante, reconocer formalmente el buen trabajo y los avances de los estudiantes, dar públicamente el crédito a los estudiantes y a los colaboradores que se lo merecen, animar a los estudiantes, etc…”
En cuanto a la ETIB, fundada en 1980 bajo el nombre de Escuela de Traductores e Intérpretes de Beirut, de la Universidad San José de Beirut, es efectivamente una institución de nivel universitario que lleva las tradiciones de una escuela de educación superior. La benevolencia con sus estudiantes forma parte de sus tradiciones. De hecho, la Universidad San José de Beirut, fundada por los jesuitas, se esfuerza de forma permanente en poner en práctica, mediante su planteamiento pedagógico, las características predicadas en la espiritualidad de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, en particular, el hecho de tener una actitud positiva y benevolente hacia el ser humano y el mundo. Por consiguiente, no es de sorprender que se encuentre, entre las competencias docentes de la ETIB, esta misma benevolencia. Independientemente de su carácter escolar o universitario, esta benevolencia ha contribuido a lo largo de los años al apoyo de los estudiantes mediante la creación de un entorno educativo cuya prioridad es hacerlos llegar al término de su recorrido universitario en las mejores condiciones. Por consiguiente, y teniendo en cuenta esta exitosa experiencia bastante peculiar de la ETIB, sería recomendable que las competencias relacionadas con la benevolencia del docente, figuren de manera explícita en los marcos de referencia en la materia.
La aproximación de las competencias de los docentes de la ETIB a las del Perfil del Formador EMT ha permitido, en primer lugar, que se apruebe la alineación de la ETIB con las normas y estándares de la red EMT. Además, ha destacado las 20 competencias de los docentes de la ETIB que no tienen ningún correspondiente en el Perfil del Formador EMT. Entre estas 20 competencias, hay 7 (relacionadas con las dimensiones cognitivas y ergonómicas de la traducción, así como con la apertura a los intercambios) que podrían ser relacionadas de manera implícita con el marco de referencia mencionado; pero hay 13 competencias (relacionadas con la benevolencia del docente y de la historia de la traducción) que constituyen una plusvalía y una especificad que parecen ser propias de la ETIB, por lo que sería interesante que se pusieran de relieve. Cabe decir que al Perfil del Formador EMT, que data del 2013, le convendría una actualización que tuviera en cuenta, por un lado, la evolución de las investigaciones traductológicas, y, por otro lado, la introducción de la docencia virtual. El hecho de tener un marco de referencia actualizado contribuirá, sin lugar a duda, a convertirlo en un documento más representativo de la evolución pedagógica de las últimas décadas, lo cual tendrá repercusiones positivas para el desarrollo de las competencias docentes, e instará, o por lo menos eso se espera, a los docentes a que se involucren en un proceso de formación continua. De hecho, el desarrollo de las competencias del docente de la traducción es un proceso ineludible para satisfacer las exigencias de una educación superior llamada a perfeccionarse en permanencia y a esforzarse por alcanzar el objetivo de la “calidad”, uno de los temas centrales de la Conferencia Mundial sobre la Educación Superior de la UNESCO 6.
Bailleul, M., & Obajtek, S. (2018). La bienveillance: un dilemme de travail pour l’enseignant novice? De la prescription aux compromis opératoires réalisés dans sa conduite de classe. Questions vives recherches en éducation, (29). https://doi.org/10.4000/questionsvives.3237
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Hurtado Albir, A. (2008). Compétence en traduction et formation par compétences. TTR, 21(1), 17 64. https://doi.org/10.7202/029686ar
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Marquis, N. (2016). Performance et authenticité, changement individuel et changement collectif : une perspective sociologique sur quelques paradoxes apparents du «développement personnel». Communication & management, 13(1), 47 62. https://doi.org/10.3917/comma.131.0047
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Pourtois, J.-P., & Desmet, H. (2012). L’éducation postmoderne (3.ª ed.). Presses Universitaires de France.
Rached, P., & Gharib, Y. (2020). L’accompagnement scolaire: effet à double tranchant sur l’identité des adolescents?. Carrefours de l’éducation, 50(2), 107 22. https://doi.org/10.3917/cdle.050.0107
1 https://grupsderecerca.uab.cat/pacte/sites/grupsderecerca.uab.cat.pacte/
2 https://ec.europa.eu/info/sites/default/files/emt_competence_fwk_2017_fr_web.pdf
3 https://blogs.ec.europa.eu/emt/fr/
4 https://docplayer.fr/6744536-Profil-du-formateur-emt-competences-du-formateur-en-traduction.html
5 https://cursus.edu/fr/9118/profil-de-competences-de-lenseignant-de-niveau-universitaire
6 https://www.idea-phd.net/images/doc-pdf/unesco_2009_communique_french.pdf