EXPERIENCIAS

Diario de clase: un día como otro cualquiera en un aula de infantil

Class diary: a day like any other at the

children´s classroom

Antonia Valenzuela Sánchez1

Recibido: 02 de diciembre de 2019 Aceptado: 17 de diciembre de 2019 Publicado: 31 de enero de 2020

To cite this article: Valenzuela, A. (2020). Diario de clase: un día como otro cualquiera en un aula de infantil. Márgenes,

Revista de Educación de la Universidad de Málaga, 1 (1), 198-209

DOI: http://dx.doi.org/10.24310/mgnmar.v1i1.7297

1Antonia Valenzuela Sánchez

E.E.I. Viento del Sur (Puerto Real, Cádiz)

avalesan@gmail.com

RESUMEN

En este artículo se presenta el diario de una maestra de la Escuela de Educación Infantil Viento del Sur, a través del cual nos introduciremos en los diferentes momentos de la jornada de un aula de 4 años. Se ha hecho especial hincapié en la asamblea, el método de proyectos, la importancia de la planificación conjunta y la organización espacial, así como del juego y sus modalidades, todo visto desde el prisma del respeto y la inteligencia emocional.

Palabras clave: ed. infantil; asamblea; trabajo por proyectos; planificación conjunta; juego

Abstract ism for regulating the academic market

In this paper it shown a diary of a teacher in we can see different moments of a four-years-classroom. The description and analysis of this moments is focused in assembly, projects method, the importance of together planification and space organization as well as game and its different types. All these moments seen from respect and emotional intelligent perspective.

Keywords: child education; asembly; learning basic projects; join planning; play

1. INTRODUCCIÓN

¡Enseña como un pirata! “Los piratas son osados, aventureros, y están dispuestos a partir hacia territorios desconocidos sin ninguna garantía de éxito. Rechazan el statu quo y se oponen a adaptarse a toda sociedad que reprima la creatividad y la independencia. Son emprendedores que asumen riesgos y están dispuestos a viajar a los confines de la tierra para encontrar lo que valoran” (Burgess, 2018, p. 12).

La EEI Viento del Sur, donde se enmarca los acontecimientos que se van a detallar a continuación, es una escuela pública ubicada en una barriada periférica de la localidad de Puerto Real. Desde nuestros comienzos como escuela independiente de la de Primaria decidimos que nuestro Centro tenía que tener una identidad propia y una filosofía que lo caracterizara, se nos presentaba la primera tarea: definir la línea pedagógica de nuestra escuela. Teníamos claro que queríamos romper con la escuela tradicional, entendíamos que se había quedado desfasada, que no era útil para nuestro alumnado; cada una tenía un motor que la impulsaba al cambio, pero había uno que fue el que quizás nos removió a todas, soñar con la escuela que queríamos para nuestros hijos e hijas. El primero de los miedos y el más fuerte era romper con los libros de texto, lo veíamos como saltar al vacío sin paracaídas. Pensábamos que desvincularnos de ellos suponía alejarnos de la legislación, obviar contenidos, dejar de trabajar cosas importantes. Cual sería nuestra sorpresa cuando posteriormente descubrimos todo lo contrario, que eran esos libros rellenables los que nos impedían trabajar lo verdaderamente interesante (la experimentación y la manipulación a través del juego), que si nos limitábamos a seguirlos muchos de los contenidos marcados por la ley no se trabajaban, y que no despertaban el interés y la motivación del alumnado. Otro de los obstáculos con los que nos encontramos fueron las familias, que al comunicarles que no íbamos a utilizar libros sino que nuestra metodología se iba a centrar en el juego, lógicamente se echaron las manos a la cabeza pensando que sus hijos e hijas no iban a estar preparados para la educación primaria. Comprendimos inmediatamente que las familias necesitaban y demandaban seguir participando del proceso educativo de sus hijos e hijas, aunque ahora en un contexto diferente y con unos métodos desconocidos por ellas. Es por eso por lo que además de realizar reuniones periódicas, en las que en algunas ocasiones se tuvieron que poner en el lugar de sus hijos e hijas y revivir una jornada en nuestro cole, también les invitamos a participar en los talleres semanales en los que podían jugar con ellos. Y de todos estos miedos y obstáculos surgió la necesidad de formarnos, de realizar cursos, de leer, de investigar, y en eso continuamos después de muchos años, pues pienso que en formación nunca nos graduamos.

Estos comienzos de toma de decisiones, de miedos, inseguridades, de debates, de acuerdos, de modificaciones continuas, han convertido nuestro claustro en una tripulación pirata, dispuestas a cambiar el rumbo cuando las inclemencias así lo determinan, a utilizar diferentes mapas a los establecidos normalmente para conseguir los objetivos que nos proponemos y a aceptar en nuestro barco a todas aquellas personas que se aventuren a viajar con nosotras. Todo ello ha ido conformando la personalidad de nuestro Centro, una escuela abierta a la comunidad, que amplía su mirada y su espacio para construir comunidad de aprendizaje más allá de las aulas, que va reduciendo los muros mentales para ceder el paso a una escuela más cercana al mundo que rodea a nuestro alumnado, una escuela que impulsa la democracia y la justicia favoreciendo la inclusión con independencia de las condiciones personales, sociales y culturales.

Teniendo en cuenta todo esto, como Comunidad de aprendizaje, podría haber narrado aspectos claves como son los grupos interactivos con las familias, las tertulias literarias de clásicos con el alumnado, las tertulias pedagógicas, así como el funcionamiento de las diferentes comisiones familiares y el voluntariado; pero en este artículo me he decantado por aquellos momentos que pueden formar parte de cualquier jornada en cualquier escuela, es decir: la asamblea, juego dirigido (Proyectos y talleres), el desayuno, el recreo, juego libre y asamblea de despedida.

2. DIARIO

Son las nueve de la mañana en la EEI Viento del Sur, y toca el timbre como en la mayoría de los Centros. Al final del curso pasado algunos niños y niñas manifestaban: ¡No nos gusta el timbre! ¡Es un sonido muy fuerte! Y como ellos son la mayor representación de nuestro cole realizamos una reunión y estamos en proyecto de cambiarlo por ¡música!

Cada día, cuando se abren las puertas, se pueden observar reacciones muy diversas, pero nos vamos a centrar en el día de hoy, que es un día como puede ser otro cualquiera.

Algunos han entrado en el aula corriendo y vitoreando ser los primeros que han llegado al cole y otros más tranquilos y tranquilas van saludando con caras felices por el reencuentro matutino. Poco a poco van llegando, veo nerviosa a Lucía porque ayer fue su fiesta de cumpleaños, rezagado a Alex, que como príncipe destronado, quiere volver a casa con su madre y su nueva hermanita; Gema que al igual que Pupa viene con su abrigo cargado de miedos, a una Beatriz triste porque su padre se ha ido a trabajar fuera y a Lorenzo que como cada nuevo día viene arrastrando su cazo en busca de la reconquista diaria del aula. Con este coctel de sentimientos y emociones empezamos la mañana: identificando, expresando y compartiendo cómo nos sentimos (incluida la maestra) o respetando el que no quiera hacerlo. De esta forma le hacemos sentir que son parte importante de nuestro grupo, que los valoramos y por eso los escuchamos y si podemos dar algún consejo para que nos encontremos mejor, pues ahí que vamos!

Comenzamos la asamblea, que desde mi punto de vista es la piedra angular de toda la jornada. Cuando pienso en ella me vienen muchas cosas a la cabeza: momentos de acogida, de tránsito entre el hogar y la escuela; espacio y tiempo para el diálogo, la expresión de emociones, sentimientos, inquietudes, dudas e incertidumbres; de resolución de problemas surgidos en el aula, en el Centro o en sus hogares; momento de planificación del trabajo, de revisión de lo realizado, de reparto de tareas y responsabilidades… De todo esto se deduce que no entiendo la asamblea como una rutina, donde se cantan las mismas canciones, se realizan las mismas actividades y tiene todos los días la misma duración e incluso la misma ubicación. Con esto último quiero decir, que si un niño o niña de mi clase viene hablando que ha visto el arco iris al venir para el cole, lo normal es que la asamblea se traslade al exterior. El objetivo que persigo con ella, que el alumnado se sienta arropado emocionalmente y respetado en todo momento, es lo que va guiando cómo será este momento cada día.

Hoy, después de despertar nuestro cuerpo con música marchosa (hemos confeccionado una lista entre todos y todas con las canciones que más nos gustan) y darnos los buenos días con un enorme y reconfortante abrazo sándwich, Germán hace un comentario que provoca una gran lluvia de ideas:

- Mi madre dice que si como de pie se me ponen los pies grandes.

Se ha formado un gran revuelo, casi todos quieren opinar sobre este tema, y establecemos un turno de palabras.

¡Eso es imposible! la comida no llega a los pies, se queda en la barriga.

Si, se queda en la barriga, por eso se ponen gordas porque se llenan.

Se ponen gordas y las mamás tienen luego un bebé.

Pero si comemos mucho y la barriga se llena ¡explotamos!

Yo creo como la mamá de Germán, que si estamos sentados se queda en la barriga, pero si nos levantamos se cae para abajo.

Mi mamá va a tener un bebé porque tiene la barriga muy gorda

Mi papá también tiene la barriga gorda

¿Va a tener un bebé?

Si, voy a tener un hermanito

…..etc

En el ambiente se respira entusiasmo, emoción, curiosidad, dudas…, mmmm esto huele a ¡PROYECTO! Les pregunto si les gustaría saber qué recorrido sigue el bocadillo que nos comemos en el desayuno desde que entra en nuestra boca, y es así como dará comienzo nuestro nuevo proyecto. En esta ocasión ha surgido del alumnado, pero de acuerdo con Pozuelos (2007) esto no siempre va a ser así. En algunas ocasiones surge del alumnado, de propuestas cotidianas (asambleas, zonas de recreo, rincones), propuestas globales (resolver un problema, un interrogante, una inquietud, organizar una tarea…) o propuestas ocasionales (fiestas, talleres, salidas…); pero otros proyectos directamente lo planteamos nosotras las maestras intentando conectar con la motivación y los intereses del alumnado.

Emocionados por la idea del proyecto, decidimos comenzar con la planificación de los primeros pasos. Como dice Burgess (2018), en los proyectos al igual que en cualquier viaje, lo primero es elegir el destino, que va a ser la finalidad que vamos a perseguir, y una vez con el destino en mente poner en marcha el GPS. Este será el que nos va a ir marcando la dirección correcta que debe seguir nuestro trabajo, redirigiéndonos en el momento en el que nos perdamos del camino original.

Cuando hablamos de planificación siempre lo hacemos pensando en la flexibilidad, no organizamos el proyecto como si fuera un paquete turístico donde ya todo el itinerario está predeterminado y es inamovible. Sino que por el contrario nos imaginamos a viajeros y viajeras que se detienen más tiempo en algunos lugares que son de su interés, otros que descubren algo inesperado, y es de esa forma como va cobrando vida nuestro viaje, planificando y revisando para no perder nuestro objetivo, que es el destino elegido.

Durante la planificación les comento que en un viaje a Madrid visité con mi familia una exposición que se llamaba “la mujer gigante”. Decidimos buscarlo en internet para poder ver cómo era y tras el visionado surgió el primer problema: no podemos hacerlo nosotros solos, necesitamos buscar ayuda. Teníamos frente a nosotros por un lado la finalidad de nuestro proyecto, elaborar una mujer gigante, y por otro la primera tarea, solicitar colaboración. Como normalmente los proyectos los hacemos todo el Centro juntos, decidimos pedir ayuda a las demás clases; al alumno en prácticas le preguntaron si él con sus amigos de su “cole” podían participar (alumnado de la EEI Viento del Sur); y también vieron la necesidad de que participaran las familias, pues íbamos a necesitar herramientas que ellos habían visto en casa.

¿Cómo podemos pedir esa ayuda? A las familias, como tenemos su número de teléfono, pensaron que podíamos mandarles un WhatsApp; a las demás clases podríamos hacerles una visita, y el problema lo encontramos con el alumnado de la escuela, pues Diego no se sabía todos los números de teléfono, pero nos dijo que podíamos escribir una carta o e-mail al decano, que en la Facultad es como la directora en nuestro cole.

Tras la asamblea, que se ha alargado un poco más de lo habitual, cada niño y niña se ha ido con su grupo y ha organizado la visita a las demás clases. Han tenido que decidir cómo van a solicitar esa ayuda, qué les van a contar para que se animen como nosotros y nosotras y han elegido un portavoz que será el intermediario del grupo.

¡¡Esto no estaba programado!! Los rincones dirigidos de trabajo en equipo se han tenido que aparcar para dar espacio y tiempo a la nueva necesidad que ha surgido. Anteriormente hablaba de flexibilidad, que no es sinónimo de espontaneidad y falta de programación, sino que es lo contrario a rigidez y hermetismo. La planificación de aula tiene que ser abierta, flexible, dispuesta al cambio y a ser mejorada. En mi cabeza está empezando a tomar forma el desarrollo del proyecto, lo que normalmente llamamos el esqueleto, pero yo no estoy sola en este viaje, tengo que pensar que en la planificación al igual que en el desarrollo todos estamos a bordo, y que por lo tanto puede ser modificada y mejorada, no sólo en sus comienzos sino a lo largo de todo el trayecto. Mi función en esta toma de decisiones es la de enlazar el trabajo diario con la legislación vigente (leyes, ordenes y decretos), secuenciar los contenidos que se van a trabajar durante el curso evitando que se repitan siempre los mismos, tener presente los objetivos que se quieren perseguir y delimitar qué tipo de metodología quiero llevar a cabo en mi aula. Sin embargo tengo que tener en mente en todo momento lo que afirma Díez Navarro (1995) que “el método de Proyectos trata de llevar a la escuela el modo natural de aprender que tenemos los seres humanos en cualquier esfera de la vida” (p. 33).

Cuando nos damos cuenta ya es la hora del desayuno, que pese a su brevedad no me gustaría que pasara inadvertido, pues se trabajan aspectos educativos como la autonomía, la higiene, la alimentación, la socialización, la cooperación y la comunicación. Es un momento placentero y relajante en el que compartimos no solo los alimentos que traemos sino también muchas vivencias.

En el cuarto de baño Gema está luchando con su ropa, con la llegada del invierno le han puesto mucha y tiene dificultad para subirse las mangas. Su amiga Bea la ve angustiada y se ofrece a ayudarla, a lo que se suma también Alex. Esta colaboración es fruto de un proceso de aprendizaje, en un principio siempre se dirigían a los adultos para resolver cualquier problema que le surgiera, sin embargo poco a poco y a través de nuestro andamiaje han ido buscando el apoyo en sus iguales.

A medida que se van lavando las manos, cogen sus mochilas y entran en el aula. Observo que Pedro se sienta en una mesa sólo, me acerco, le pregunto y me confirma que no quiere compañía. Gema ha salido corriendo, se ha sentado y pone la mano en la otra silla en señal de ocupado, pues quiere que la acompañe su amiga Bea. Algunos niños acercan sillas a una mesa y se puede observar que algunas están súper masificadas, otras no tanto e incluso algunos que deciden estar solos. En nuestra clase no hay sitios asignados donde tengan que sentarse diariamente, cada uno decide donde y con quién quiere estar. Pueden elegir siempre a las mismas personas o cambiar diariamente, incluso cambiar de opinión si perciben que no están a gusto en el sitio elegido inicialmente. Pienso que es importante respetar estas decisiones, que le permitirán al alumnado relacionarse de acuerdo con sus intereses, gustos y sentimientos, y por otro lado multiplicar las relaciones potenciando así la pertenencia al grupo.

Paseando por las mesas observo cómo comparten sus desayunos, incluso Pedro que estaba sentado solo se ha levantado para que Lucía le de un poco de ese bizcocho que le ha hecho su abuela. Algunos siguen con el tema de la asamblea y se preguntan por donde iría ahora su desayuno, incluso se tocan el cuerpo. Lorenzo no puede abrir la tapa de su natilla pero automáticamente le surgen unos cuantos ayudantes. Pepe no quiere que le ayuden sus compañeros y compañeras, así que cuando paso por su lado me pide ayuda para abrir sus galletas. Entiendo que cuando el se lo plantea al grupo los demás le resuelven el problema, pero el necesita apoyo para aprender a abrirlas por sí mismo, por lo que le ofrezco varias estrategias para que él elija la que le resulte más fácil.

Una vez terminado el desayuno y recogida el aula, nos vamos al recreo. De acuerdo con Trueba (2015) según Kandinsky “la necesidad crea la forma” (p. 55); y es por ello por lo que nuestros espacios suelen estar en continua revisión y cambio, para dar respuesta a las necesidades del alumnado que va entrando en el Centro. En el patio hemos ambientado las siguientes zonas: el escenario, para aquellos niños y niñas que le gusta mover el cuerpo al ritmo de la música; los troncos, para los amantes del equilibrio; la biblio patio para los que devoran los libros; la zona deportiva, para los que le gustan las pelotas (fútbol y baloncesto); el arenero, donde pueden hacer excavaciones con palas, rastrillos y cubos; construcciones con troncos y cajas; zona de paneles musicales (elaborados por las familias con materiales reciclados); motos para los apasionados de la velocidad; zona de juegos populares (pintados por las familias); y para aquellos niños y niñas que le gusten observar la naturaleza y los insectos, tenemos lupas y visores. Pero pese a la gran variedad y diversidad de materiales, observo que hay una gran cantidad de niños y niñas que les gusta trepar por un árbol que hay en el patio, otro grupo que juega con el agua de la fuente y la arena y esto me lleva a pensar que quizás deberíamos habilitar zonas que dieran respuesta a las necesidades de este alumnado.

Trueba (2015) dice que el espacio debe ser como un lienzo donde plasmar los colores de nuestro modelo educativo, dando coherencia a nuestro hacer, nuestro decir, creer y sentir. Pretendemos que el patio no se diferencie de los espacios interiores, y si en estos ofrecemos una variada oferta de materiales y actividades, donde se lleve a cabo la observación, la experimentación, el juego libre, y donde se tenga en cuenta aspectos para nosotras tan importantes como la inclusión y la coeducación; en el espacio exterior, tenemos que seguir siendo coherentes con nuestra filosofía de escuela.

Volvemos del patio cargados de energía, y antes de retomar nuevamente el juego, nos relajamos. Cada día realizo la relajación de una forma determinada, con diferentes materiales (pelotas, plumas, pinceles, cremas, rodillos de esponja…), o utilizando solo el cuerpo (nuestras manos, la respiración…), de forma individual, en parejas o en grupos. Pienso que es importante ofrecer diferentes métodos de relajación, con diversas técnicas para que ellos posteriormente puedan elegir la que más le gusta, y decidir si necesitan material o no, si le gusta que otras personas le hagan el masaje o prefiere hacérselo personalmente.

En la relajación de hoy propongo la utilización de cremas, sin embargo algunos niños y niñas dicen que no les gustó la otra vez que lo hicimos porque se quedaban mojados y deciden coger pinceles; unos se ponen en parejas mientras otros prefieren ponerse ellos mismos la crema; observo como algunos le dan instrucciones a su pareja y le van diciendo las zonas en las que le gusta los masajes y en las que no, mientras otros casi se quedan dormidos. Estos masajes acompañados de música y a veces de aromas (sándalos, pulverizador con colonia…) van haciendo que esa actividad que habían traído del patio vaya disminuyendo. Sin embargo lo que más valoro de la relajación es el contacto físico, que favorece el reconocimiento del propio cuerpo y sus sensaciones; la vinculación afectiva con el otro; y el respeto a los demás, tanto en el planteamiento de la actividad como en el desarrollo. Una vez rescatada la calma concluimos la relajación con la lectura de un cuento antes de volver al juego.

Normalmente el juego, a lo largo de nuestra jornada, suele estar dividido en dos momentos: rincones dirigidos y rincones libres. Después de la asamblea se realiza el juego dirigido, donde cada niño o niña con su grupo tendrá que resolver los problemas o retos que se le presentan en cada uno de los rincones, o realizar las actividades que previamente hemos planificado en la asamblea para el desarrollo del proyecto. Cada grupo irá rotando por los diferentes espacios para que de esta forma todos pasen por las actividades que se han programado. Los grupos se organizarán previamente de tal forma que sean lo más heterogéneos posible, favorezca la tutorización entre iguales y el trabajo colaborativo. Este agrupamiento se mantendrá por un tiempo salvo que se observe que los miembros no funcionan bien.

Tras la relajación retomamos nuevamente el juego, pero en esta ocasión los rincones son libres. Ya no se tienen que mover en grupo sino individualmente; pueden elegir libremente el rincón al que quieren asistir y decidir el material con el que quieren jugar. Cada uno se desplaza por el aula con su llave, que le va a permitir entrar en los diferentes espacios. Sin embargo, los rincones están acotados, no todos los que quieran pueden entrar, por lo que tendrán que negociar con los que se encuentran en los rincones si no tienen espacio para colocar su llave. Otra de las premisas de esta modalidad de juego es que no se puede sacar más de un mismo material en un rincón, por lo que tendrán que ponerse de acuerdo con los demás niños y niñas que están en ese rincón en el juego que quieren sacar.

El juego libre cumple una función socializadora y sirve para favorecer las relaciones con los demás y con el entorno, para adquirir y mantener la autoestima, desarrolla la imaginación y la creatividad, posibilita la expresión de sentimientos y emociones, permite afrontar la frustración y resolver los conflictos que se deriven del juego. Y a diferencia del juego dirigido promueve la iniciativa, la toma de decisiones, el llegar a un acuerdo grupal para lo que tendrán que aparcar sus intereses para tener en cuenta también los de los demás, buscar estrategias de negociación para el acceso a algunos rincones....

Durante el juego libre me paseo por los diferentes rincones observando qué roles desempeña cada uno dentro de la actividad, el formato de juego que desarrolla, las habilidades sociales y comunicativas, las estrategias de negociación que utiliza, si se implica en el juego o adopta el papel de observador (neuronas espejo). Esta observación y el posterior análisis lo documentaré con fotos, grabaciones de audio y/o vídeo, anotaciones en el diario de clase, y me ayudarán en la evaluación del alumnado. Así mismo también me permitirá evaluar mi planificación, la organización de espacios, materiales y tiempos, reflexionando si hay rincones que se quedan desiertos mientras que otros están masificados y por qué, materiales que no son motivadores o no saben cómo utilizarlos, espacios que no están ubicados de forma adecuada.

Hoy he cogido la cámara y me he dirigido a un rincón (el hospital) que se ha abierto hace poco, ya que estaba en construcción. Todos los niños y niñas estaban expectantes y deseosos de entrar y cuando lo hemos abierto se han producido reacciones muy curiosas que he ido observando a lo largo de estos días, pero que hoy quiero grabar para compartirlas con mi alumnado.

Cuando Pepe ha llegado al rincón del hospital se ha encontrado que no había sitio para colocar su llave, se enfada, intenta de forma fallida quitar la llave de otro y poner la suya, lloriquea diciendo que quiere entrar, le dice a los que están si alguien va a abandonar el hospital que él quiere entrar. Todos los intentos de Pepe son fallidos, y como no obtiene lo que desea al final termina cansándose y se va a otro rincón. Al rato llega Gema y observa igualmente que no hay sitio para colocar su llave, con lo cual se la mete en el bolsillo y entra para jugar junto a su amiga Bea. Pronto los demás le dicen que no tiene su llave pegada y que no puede jugar, que no hay sitio en ese rincón, por lo que a regañadientes se va a otro. Ale se acerca al hospital y observa que tampoco puede entrar, se dirige hacia mí y me dice que no es justo que ellos estén todo el rato allí jugando y los demás no puedan entrar, le invito a que lo solucione, pero él se va. Poco a poco van desfilando por esta zona niños y niñas que con la intención de entrar utilizan o no diferentes estrategias, mientras que el grupo inicial se mantiene durante todo el tiempo en ese rincón por la novedad del material.

El vídeo que he ido grabando me servirá mañana para analizar con ellos lo que ha pasado y entre todos buscar una solución a los problemas que ellos han ido encontrando. Se buscarán estrategias de negociación, así como normas de uso de ese rincón relacionadas con el tiempo de permanencia.

Ya casi estamos llegando al final de la jornada, por lo que vamos recogiendo el aula para dejarlo todo como estaba, cogemos chaquetones y mochilas y nos sentamos en la asamblea. Es el momento de compartir brevemente las cosas que nos han gustado, las actividades que cambiaríamos, lo que nos ha enfadado, entristecido o por el contrario alegrado. De esta forma nos despedimos, mañana nos espera otro gran día.

3. CONCLUSIONES

Como se puede observar a lo largo de la jornada y de acuerdo con Burgess (2018) tengo momentos de socorrista, donde voy observando lo que ocurre en mi aula (no siempre desde el borde de la piscina), pero sobre todo me gusta ser nadadora, mojarme y formar parte de la acción. Pienso que una de las partes más importantes de la jornada es la de la observar y documentar lo que va ocurriendo en el aula para a partir de ahí poder diseñar mi posterior actuación. “Todos los que consiguieron llegar donde están, tuvieron que empezar donde estaban” (Evans, s.f., citado en Burguess, 2018, p. 163). De ahí la importancia de averiguar el punto de partida para saber cuáles serán los siguientes pasos a seguir.

Las relaciones que se producen en mi aula son bidireccionales, la toma de decisiones y las normas (aula y rincones) son consensuadas y establecidas por todos; en los Proyectos, la planificación, el desarrollo y la ejecución es un trabajo conjunto, de ahí la importancia del concepto de flexibilidad en contraposición con el de planificación cerrada. Pienso que esta participación potencia y refuerza el sentimiento de pertenencia al grupo lo que facilita los aprendizajes que se quieren llevar a cabo dentro del aula.

El juego es la piedra angular en estas edades tempranas, ya que es la actividad que han desarrollado desde su nacimiento y por la cual van construyendo los conocimientos. El juego siempre es interesante, motivador y significativo para el alumnado, por lo cual se convierte en una poderosa herramienta en educación. Dentro de mi planificación está siempre presente, siendo la actividad curricular principal y no relegado a un plano secundario para cuando terminan.

Y por último, creo que la escuela tiene que estar llena de retos que resolver, de obstáculos que salvar, de escaleras que superar, de frustraciones que afrontar, solo de esta forma ayudaremos a nuestro alumnado a desarrollarse y a crecer como persona. Concibo mi cole como una tribu, donde toda la comunidad tiene que coordinarse para lograr nuestro principal objetivo, cuidar de la infancia, respetarla y sobre todo escucharla, con esa oreja verde de la que nos habla Rodari (Díez, 1998).

“No puedo enseñar nada a nadie, solo les puedo hacer pensar” (Sócrates)

REFERENCIAS

Burgess, D. (2018). Enseña como un pirata. Bilbao: Mensajero.

Díez Navarro, M.C. (1995). La oreja verde de la escuela. Trabajo por proyectos y vida cotidiana en la escuela infantil. Madrid: Ediciones de la Torre.

Pozuelos, F.J. (2.007). Trabajo por proyectos en el aula: descripción, investigación y experiencias. Sevilla: Cooperación educativa.

Romera Morón, M.M y Martínez Cárdenas, O. (2008). Los rincones: propuestas para jugar y aprender en el aula. Madrid: CESMA.

Trueba Marcano, B. (2015). Espacios en armonía. Propuesta de actuación en ambientes para la infancia. Barcelona: Octaedro.

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Imagen 1. Re-encuentro

matutino: Un gran sándwich

Márgenes, Revista de Educación de la Universidad de Málaga, 1 , 198-209. Año 2020

Márgenes, Revista de Educación de la Universidad de Málaga, 1 , 198-209. Año 2020

Márgenes, Revista de Educación de la Universidad de Málaga, 1 , 198-209. Año 2020

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Imagen 2. Espacio del patio: equilibrio en los troncos

Márgenes, Revista de Educación de la Universidad de Málaga, 1 , 198-209. Año 2020

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Imagen 3. Juego dirigido: construyendo

un puente en equipo

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Imagen 5. Juego libre: rol de observador

(neurona espejo)

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Imagen 4. Juego dirigido: figuras geométricas con geoplanos

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Imagen 6. Juego libre: tutorización

entre iguales

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Imagen 7. Rincón del hospital:

Negociando la entrada

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Imagen 9. Proyecto: La mujer gigante

Imagen 8. Final del proyecto

Márgenes, Revista de Educación de la Universidad de Málaga, 1 , 198-209. Año 2020