FUENTES ORTIZ, Á. (2021). Nuevos espacios de memoria en la Castilla Trastámara. Los monasterios jerónimos en la encrucijada del arte andalusí y europeo (1373-1474).
La Ergástula.
ISBN: 978-84-16242-87-0

FUENTES ORTIZ, A. (2021). New spaces of memory in Trastámara Castilla. The Hieronymite monasteries at the crossroads of Andalusian and European Art (1373-1474)
La Ergástula.
ISBN: 978-84-16242-87-0

Javier Herrera Vicente (Universidad de Salamanca)

jherrera@usal.es

 

Recibido: 15 de diciembre 2022 / Aceptado: 13 de marzo 2023


Un dibujo de una persona

Descripción generada automáticamente con confianza baja

El acercamiento al fenómeno artístico desde el campo de la memoria es la propuesta angular sobre la cual han pivotado las investigaciones del historiador del arte Ángel Fuentes Ortiz. En efecto, la memoria es el elemento articulador de este ensayo, la cual es abordada a través de las imágenes estudiadas en los espacios religiosos jerónimos durante el periodo de asentamiento de la dinastía Trastámara en la Corona de Castilla.

         Editado por La Ergástula en 2021 e ilustrado con 100 fotografías en 372 páginas, la persona lectora más versada podrá reconocer –dada cuenta de la naturaleza y temática de este monográfico– que dicha publicación es producto no directo de la tesis doctoral del autor. Precisamente, advirtiendo el porvenir del texto, es digno de encomio la selección, síntesis y reflexión de su trabajo previo, empresa ya de por si costosa el repasar o corregir un texto, ya que en las relecturas siempre amenazan esos fantasmas que portan la vergüenza ajena y el arrepentimiento por reflexiones más maduradas cuando se toma una distancia emocional con este.

         A lo largo de seis capítulos nos sumergimos en los monasterios jerónimos, sus orígenes complejos, la consolidación o destrucción de dichos espacios monásticos y, lo que resulta más significativo y que concuerda con el título principal, la utilización de la arquitectura de esta Orden como necesidad identitaria de la dinastía Trastámara. Es decir, un proceso que confirma el hallazgo de una horma perfecta por parte de la aristocracia castellana para perpetuar su memoria. A la complejidad del estudio del legado jerónimo se suma el largo periodo cronológico de una centuria entre los siglos XIV y XV, a la par que un amplio marco geográfico que sondea una vasta cantidad de monasterios distribuidos en la península Ibérica y ciertas alusiones transfronterizas en Francia e Italia. Implica un estudio que en ocasiones profundiza en demasía en los avatares biográficos de sus promotores –con el fin de ofrecer una sólida base contextual– mas no deja de lado la producción artística, el fenómeno primario con el que se debe entrar en diálogo como ya señalara Enrique Lafuente Ferrari.

         Fuentes Ortiz aborda este estudio de manera ordenada sustentándose en la cronología y es por eso, por lo que en las páginas iniciales de la monografía –correspondientes al primer capítulo–, sondea el origen de este exitoso movimiento monástico fraguado y favorecido por la estrecha relación con la dinastía Trastámara. Perfila de primeras un periodo germinal que caminó hacia la sistematización y centralización por un recorrido complejo, como el autor refleja en el monasterio genovés de san Gerolamo di Quarto, el conato de fundación jerónima en Aniago (Valladolid), en el hipotético y efímero establecimiento de jerónimos en Frielas (Portugal) y en la escasa presencia que tuvo la Orden en Francia, con la mención de Notre-Dame du Pin, en Curbans, y Notre-Dame du Gaure, en Sisterón. Tras ello, el autor comienza a vislumbrar su origen en España y sus vínculos con el estamento nobiliario. Una relación mutua basada en los intereses de reinteriorización política y su instrumentalización por la reforma espiritual jerónima.

         Desde este puñado de cenobios rurales, el autor pasa a relatar el fascinante y floreciente santuario de patronazgo real de Guadalupe (Cáceres) en el segundo capítulo de la monografía. Realiza una exposición que parte del ostracismo al esplendor, desde una importancia casi ignota del espacio monástico a verse en la escena principal de la religiosidad castellana. Para ello realiza una retrospectiva de estos inicios complejos de la orden jerónima en dicho emplazamiento geográfico, en tanto que surge a través de una donación y tiene que adaptar dicho espacio a sus intereses. A pesar de que las líneas no nos permiten explicitar esta dificultosa trayectoria, sirva conocer a modo de simple pincelada del gran corpus textual desarrollado por el autor, las suspicacias dentro de la Orden por aceptar la donación del espacio provocando condenas y expulsiones, y tras ello, la adaptación a ese complejo arquitectónico previo pre-jerónimo que pronto se le dotó de las estancias necesarias para desarrollar la vida en común y una nueva liturgia. Acto seguido estudia el desarrollo arquitectónico y algunas de sus dependencias, focalizando el interés en el claustro de los Milagros, sus usos y funciones. En este desarrollo el autor reflexiona y argumenta cómo el monasterio de Guadalupe transformó de forma radical el destino de los jerónimos a través de un elemento capital y definitorio que hila su narración: su vinculación con la monarquía Trastámara, interesada en verse representada en este espacio. Y no solo en la escultura funeraria, sino, también, en la proyección que procede de la heráldica, tanto en el interior como en el exterior del templo.

         Una vez presentado el comienzo complejo de ‘la joya de la corona jerónima’, en el tercer capítulo Fuentes acomete la investigación de la expansión de la Orden en sus primeros años. En este largo recorrido por los precedentes, estudia el recuerdo de los primeros fundadores en Lupiana, el monasterio de Villaviciosa, el monasterio de Talavera, la inclusión del monasterio de Abadía –que tradicionalmente había sido soslayado por la historiografía–, y el patrocinio de Fernando de Antequera, que estuvo al menos detrás de la fundación o la consolidación de cinco cenobios. Este sugerente trayecto viene a reforzar el mensaje inicial en el discurso del autor: la omnipotente presencia de la monarquía en la proyección jerónima en España.

         Tras un repaso comienza la especificidad, y en el cuarto capitulo recoge varios ejemplos de cómo la memoria de esta nueva aristocracia castellana se debía reacomodar en todos sus niveles, sobre todo mediante soluciones artísticas que no solo se plasmaron en el revestimiento de monumentos o indumentarias, sino en las promociones artísticas. Y es aquí donde entronca la exposición de dos ejemplos de privatización de espacios en ámbitos jerónimos: La casa de los Gómez Manrique y de su mujer, Sancha de Rojas, en el monasterio de Fresdelval; en ellas, el autor continúa su narrativa en cuanto a la articulación de un complejo mecanismo de activación de memoria. Y el caso de Aldonza de Mendoza en el monasterio de san Bartolomé, de Lupiana, donde perpetúa su memoria y apuntala su linaje. Una investigación que por otra parte, refuerza y reivindica su figura con ciertos aromas en clave de perspectiva de género. Utiliza los dos ejemplos como representantes y referentes de la aristocracia en los monasterios jerónimos, reconstruyendo la atmosfera de su tiempo y, asimismo, estudiando la materialización de nuevos lenguajes estilísticos –noreuropeos–. Reflexiona por ende, en las formas y estilos, proponiendo a estos espacios monásticos de reciente creación como otro de los testigos primordiales de las manifestaciones tardogóticas en Castilla.

         El autor acomete el estudio de ciertos casos concretos de monasterios jerónimos menos conocidos en un extenso quinto capítulo. La Mejorada de Olmedo es el primer ejemplo que saca a colación, donde más allá de los espacios, centra la miras en el uso de ciertas formas de tradición andalusí de manera consciente por parte de la aristocracia para unirla al pasado glorioso. A este le sigue el estudio de dos monasterios que se instauraron junto a la ciudad de Santander y que acabaron fusionándose: santa Catalina de Monte Corbán y santa Marina de Ponce. Su promoción, formación, unión entre ambas, topografía sagrada y adaptación de la misma a la función de panteón familiar, son los caminos que transita para concluir que su promoción se aparta consecuentemente de las modas artísticas en la creación de sus espacios, buscando lenguajes del pasado. Un ejemplo que utiliza para justificar o servir como prueba de la inexistencia de una evolución lineal en la Historia del Arte, a pesar de que en la conclusión de la monografía pase por alto este aspecto y concluya con el importante papel que jugaron los monasterios jerónimos «en la introducción y difusión del gótico final en la Península Ibérica». Una afirmación sin lugar a duda válida, pero quizás imprecisa; si bien como el mismo autor indica, estamos en un mundo de narrativas discontinuas que, literalmente, «basan su efectividad en la semántica de sus propias formas y en la significación de los espacios que estas generan»–.

         A estos espacios prosigue el peculiar caso del monasterio jerónimo de san Leonardo (Alba de Tormes) ligado a la fortuna de los Álvarez de Toledo. A tal efecto,  se concibió como un recinto que serviría para proyectar o evocar la fama de los refundadores en el corazón espacial de la Casa de Alba, no solo en el interior del monasterio, sino que se hizo visible en la portada. De vuelta al monasterio de Guadalupe, se relata la ruptura de su resistencia a recibir estos monumentos de petrificación de memoria. A tal efecto se refiere a María de Aragón y su mausoleo, así como a Gonzalo de Illescas como promotor de diversas obras: biblioteca y capilla funeraria, y del mismo modo finaliza haciendo referencia al matrimonio Velasco-Cuadros, otros benefactores del monasterio. No me resisto a señalar la sugerente interpretación de la capilla como un espacio de interrelación de las artes, concebido como una estrategia de conmover a la audiencia en una experiencia anagógica mediante la ruptura de la cuarta pared.

         Cerrado este itinerario memorial, en el sexto capítulo se analiza el cambio que se estaba produciendo en los albores del siglo XV en cuanto a los mecanismos o estrategias de damnatio memoriae de ciertos personajes. Entre estas identidades agraviadas, Fuentes Ortiz explica el olvido premeditado de Dinis II de Portugal en el monasterio de Guadalupe, la tumultuosa vida del obispo Pedro de Solier y la aseguración de su recuerdo a través de las donaciones y lenguaje artístico efigiado en su espacio funerario –a pesar del traslado de su sepulcro como en el anterior caso–, y, finalmente, se recoge el proceso de desacreditación historiográfica del rey Enrique IV y la recuperación de su importancia, dignificando su figura y favoreciendo su imagen de monarca piadoso a través del estudio del patronazgo de espacios jerónimos: El Paso en Madrid (san Jerónimo el Real) y el Parral en Segovia. Tres ejemplos del cambio de paradigma desde los programas memoriales en épocas anteriores a la preocupación por la fama y los valores caballerescos.

         Esta monografía es capaz de mostrar el mutualismo entre Orden jerónima y élites castellanas; la canalización de los deseos de la sociedad de ese momento que necesitaba nuevos espacios para su promoción y representación, y lo realiza a través de un lenguaje claro, con una voluntad divulgativa diría –permítanme exponer esta terminología quitando el sentido peyorativo– lo que no le exime de una base bibliográfica adecuada y científica. No estaría de más, a mi entender, incluir ciertas referencias metodológicas que apostillen las rupturas del tiempo con voces autorizadas, como los estudios de Georges Didi-Huberman que parten de las exégesis de Walter Benjamin o Aby Warburg. A pesar de ello, es gratificante el intento por desmontar el cursus lineal de la historia rechazando la idea de creación de una serie de modelos arquitectónicos específicamente jerónimos, y apostando por el estudio de cada caso en particular.  

         Toda una proclama para comprender el alcance de la permeabilidad de una historiografía que paulatinamente rechaza la concepción evolucionista del discurso histórico. Igualmente se agradece haber realizado el aparato fotográfico en color, permitiendo al lector inmiscuirse aún más en el discurso. Finalmente, es destacable el estudio pormenorizado de los espacios en un lúcido estudio que nos obliga a reconsiderar una cantidad de producciones artísticas jerónimas, a la par que la difusión de ciertas formas plásticas.

 

Cómo citar este artículo:

Herrera Vicente, J. (2023). FUENTES ORTIZ, Á. (2021). Nuevos espacios de memoria en la Castilla Trastámara. Los monasterios jerónimos en la encrucijada del arte andalusí y europeo (1373-1474). La Ergástula. ISBN: 978-84-16242-87-0. Revista Eviterna, (13), 89-93 / https://doi.org/10.24310/ Eviternare.vi13.15927