Génesis del Ensanche de Tetuán (Marruecos). El papel de la burguesía comercial catalana
REYES RUIZ, Antonio
Editorial Universidad de Sevilla, Sevilla, 2024
ISBN: 978-84-472-2758-7
Bajo una perspectiva descriptiva, geográfica y cronológica, Antonio Reyes Ruiz –doctor en Filología por la Universidad de Sevilla– presenta esta monografía centrada en el estudio del ensanche urbanístico de Tetuán llevado a cabo en la época en la que la ciudad formaba parte del Protectorado español de Marruecos (1912-1956). El desarrollo, evolución y filosofía del proyecto se extiende y difumina en un tejido societario intrincado que parte de la Sociedad Anónima Oliva-Ensanche de Tetuán (1913-1923) y que tiene su fin en 1939.
No debe olvidarse que la plaza norteafricana es un crisol social particular. La visión panóptica que la citada empresa catalana tiene sobre ésta choca a menudo con las tradiciones propias de un entorno en el que se palpan sentimientos contrapuestos: de una parte, la población colonizada; de otra, la minoría colonizadora. Así, las ansias especulativas del grupo burgués se traducen en la idea de alcanzar un estatus autónomo propio en connivencia con el poder militar y valiéndose de la posición geoestratégica de la urbe dentro de la política nacional.
El estudio debe considerarse como una aportación más que se une a todo un conjunto de trabajos de un mismo epicentro. La contextualización histórica queda reforzada por la inserción de unas clarificadoras fotografías de época en blanco y negro, con buena resolución, unidas a recortes de prensa, anuncios en sepia y gráficas a color. Estas imágenes, dispuestas a lo largo del texto, proyectan el contenido de éste de forma visual, conformando en su conjunto una lectura amena.
El abordaje temático se subdivide en once capítulos. Los primeros cuatro contienen los antecedentes políticos, históricos, militares y territoriales, fundamentales para conocer la idiosincrasia de la urbe y la puesta en marcha de su ampliación urbanística. La realidad española debe entenderse desde varios frentes: lastrada por el desastre de 1898 con la pérdida de las tres últimas colonias de su conocido imperio ultramarino; la entronización del joven rey Alfonso XIII en 1902; así como la incapacidad de mantener una posición política prioritaria en un nuevo orden internacional en el que Estados Unidos ejerce de potencia emergente. En tales circunstancias, el intento por generar un optimista espíritu nacional resulta complejo.
Perdidos otros enclaves, Marruecos se convierte en el escenario idóneo para resarcir esa nostalgia del pasado glorioso; y, además, la burguesía catalana necesita dominar distintas plazas para abrir nuevas vías comerciales apoyando, por ejemplo, económicamente los conflictos bélicos en África. Así surgen la Cámara de Comercio de Tetuán y los centros comerciales hispano-marroquíes que organizan convenciones periódicas con la idea de estudiar posibilidades de inversión en este continente.
Una punta de lanza de este fenómeno es el marqués de Comillas, Claudio López. El impulso dado a la Compañía Trasatlántica de Barcelona como línea de navegación, así como el fomento de cajas de ahorros e inversiones concretas en ciertos campos –como el de la electricidad o las empresas textiles–, son ejemplo de ello. La entrada triunfal en 1913 en Tetuán del comandante general de Ceuta, Felipe Alfaú, pone fin a las incursiones nativas en la zona, años antes de finalizar la guerra. Con ello, el cuerpo militar –ejerciente de un control territorial más efectivo– y sus ingenieros –conocedores de criterios técnicos– dotan a la administración española de mejores infraestructuras sanitarias y de comunicación. El ambiente social incluso se dulcifica al otorgar la nacionalidad española a nativos, en su mayoría hebreos; de hecho, la élite de este pueblo junto con burgueses procedentes de la Península, fundan el Casino español. Al mismo tiempo se crea El Eco de Tetuán, diario que vehicula la opinión popular hacia intereses particulares. A la postre, la «nueva» ciudad será el reflejo de la realidad social impuesta, asentándose desde la medina musulmana hasta los arrabales colindantes con la intención de apelar a las raíces comunes existentes entre ambas culturas, aunque, claro está, prevalecerán los fines supremacistas.
En estas circunstancias, la gestión que va a llevar a cabo la Sociedad Oliva-Ensanche de Tetuán por parte de su fundador, Pedro Oliva Sibi, resulta clave. Este proceso se desarrolla desde el quinto capítulo al octavo. El referido comercial catalán, hijo y yerno de empresarios, puede calificarse de visionario y aventurero; incluso, desde un punto de vista sentimental, un escapista. En 1913, gracias a préstamos de socios –entre los que destacan los efectuados por Esteban Feliú–, crea la citada empresa y compra terrenos a los musulmanes –algunos de los cuales vende con posterioridad con fines especulativos–. Sobre gran parte de esas parcelas construye edificios públicos y viviendas, continuando las labores de compra gracias a los beneficios obtenidos. Distintas demoliciones, incluso de partes de la muralla medieval, conforman una nueva plaza, denominada «de España», convertida en punto de partida para la ampliación urbanística de la ciudad.
Sin embargo, en 1914 y tras diferentes reveses económicos, Oliva queda apartado de la gerencia, suicidándose. Lo sucede su socio, Feliú, quien opera un cambio de rumbo en la gestión al apostar más por la especulación inmobiliaria que por la construcción de viviendas. El traslado de la sede social de la empresa desde tierras catalanas hasta Tetuán le permitirá crear sociedades paralelas junto a familiares y amigos; incluso vende terrenos para uso militar y eclesiástico al Estado español en vez de expropiárselos. Esta creciente actividad mercantil, operada entre 1915 y 1919, le otorga una notable proyección económico-política. De hecho, goza de los favores del ministro Eduardo Dato, permitiéndole éste la gestación de un Centro de Contratación de Mercancía, Moneda, Bolsa y Aduanas. Este organismo caerá en continuos conflictos de intereses con la Compañía Española de Colonización, la explotación de la línea férrea Ceuta-Tetuán y la Compañía Algodonera Hispano-Marroquí, controladas por Rafael de Roda Jiménez.
La compra de terrenos llevada a cabo por Esteban Feliú hasta 1924 le lleva a elaborar un conjunto de siete preceptos en los que solicita: más atención al comercio, la agricultura y la industria; una política autónoma en el territorio; obtención de licencias más rápidas; asignación de funcionarios africanistas que conozcan la zona; intención certera de «españolizar» los territorios colindantes; y el aprovechamiento del poliglotismo del pueblo hebreo para los negocios, facilitando el arrendamiento de terrenos a los españoles para que, en un futuro, los puedan comprar. También modifica los estatutos de la empresa, reduciendo el número de miembros del consejo de administración, subiendo las competencias, creando un porcentaje de beneficios para fondos y reduciendo los accionistas. Finalmente, liquida la sociedad a mediados de la década de 1920; sin embargo, su alargue en el tiempo le permite sanear las ganancias y crear, a su vez, nuevas sociedades paralelas para el trasvase de activos y bienes.
Los capítulos nueve y diez recogen las actividades detentadas por otras sociedades del mismo grupo empresarial y el destino final del entramado societario. La disolución de la Sociedad Anónima Oliva-Ensanche de Tetuán no figuró en el registro mercantil hasta 1943. En cambio, como hemos apuntado, en estos años anteriores aparecen nuevas sociedades que comparten vínculos con Feliú: tienen su origen en Barcelona, presentando datos idénticos en cuanto a tipología, sector comercial y financiero, domicilio social, entramado familiar y operativa de actuación. De esta manera, Feliú configura su particular tela de araña. Ésta comienza en 1918 con la Compañía Algodonera Hispano-Marroquí Sociedad Anónima; posteriormente le siguen: la Sociedad Mercantil Colectiva Dorca & Feliú en 1920, la Sociedad General de Comercio en 1921 y la Sociedad Inmobiliaria Española de Marruecos en 1923. En total, cuatro sociedades pantalla con el fin de trasvasar los bienes de la primitiva Sociedad Oliva-Ensanche. El catalanismo conservador del empresario y su idea bifronte con respecto a la entidad nacional hace que se considere entre exiliado y expatriado tras el golpe militar comandado por el general Franco en el verano de 1936. La consecución de la nacionalidad marroquí, ya en plena Guerra Civil, le permite prosperar con sus negocios, levantando sospechas en la OSS –la posterior agencia de inteligencia norteamericana–. Tampoco escaparía al control judicial en España, siendo sancionado por el Juez Especial de Delitos Monetarios. Sin embargo, esta situación no le impedirá seguir con sus negocios hasta 1970, momento en el que regresa a Barcelona, ciudad en la que fallece cinco años más tarde.
La monografía se completa con un anexo biográfico de sus protagonistas así como una relación de fuentes primarias y bibliografía consultada. En los agradecimientos, su autor manifiesta la necesidad de la urgente digitalización de documentos, diarios y fondos hemerográficos del Archivo de Tetuán y de su Biblioteca general. Así mismo hace constar las dificultades encontradas para acceder a distintas fuentes documentales de sus archivos, suplidas en cierto modo con documentos del Registro de la Propiedad o Industrial. De igual forma certifica que la normativa española le ha impedido consultar libremente los protocolos notariales derivados del período estudiado, toda vez que, en algunos casos, no han pasado los cien años desde la realización del acto jurídico. Esta limitación temporal condiciona algunos elementos de análisis que habrán de ser tratados en investigaciones venideras.
En relación con el manejo de fuentes documentales, además de basarse en diarios tetuaníes y catalanes así como en cuestiones de índole general –en especial, las aportaciones editoriales que a lo largo del tiempo ha venido realizando el Dr. Antonio Bravo Nieto–, destaca el análisis de escrituras notariales y las referencias directas tomadas de testigos de este devenir societario. Al respecto es interesante conocer el testimonio de Emilio Feliú, hijo de uno de los protagonistas, quien aporta información de primera mano sobre las actividades empresariales ejercidas por su padre y finalizadas por él mismo.
El libro conforma el primer volumen de una colección recién iniciada conocida como «Mediterráneo: Textos y Estudios», editada por la Universidad de Sevilla con el objetivo de profundizar en el conocimiento global de esta extensa área geográfica a través de propuestas que incidan en la diversidad cultural de los pueblos que la conforman. A su vez, por el carácter propio del tema tratado, la publicación es la antesala de una deseada aspiración: la declaración del Ensanche de Tetuán como patrimonio de la humanidad de la UNESCO. Tal reconocimiento de una ciudad otrora española, dividida, con sus luces y sombras, como podemos observarla en los cuadros de Bertuchi, vendría a reconocer de forma oficial su aquilatada historia en cuanto a las transformaciones operadas en ella.
Marta Bleda Soler
Universidad de Málaga