Miradas cruzadas en la guerra civil española.
Un sistema de comunicación convergente
para una mejor comprensión del paisaje
Santiago Elía-García, Ana Ruiz-Varona y Rafael Temes-Cordovez
Universidad San Jorge y Universidad Politécnica de Valencia
selia@usj.es; nruiz@usj.es; rtemes@urb.upv.es
Resumen: El análisis estructural y cualitativo de las representaciones de un paisaje permite extraer un valioso conocimiento sobre su historia y territorio. Estas representaciones adquieren valor documental al reflejar el proceso de conceptualización y entendimiento de un paisaje vivido y significado por diferentes generaciones. Esta investigación se centra en el valor documental de los materiales y testimonios elaborados para narrar un mismo hecho: la guerra civil española en el frente norte de Aragón. Estos testimonios son comunicados por los observadores del paisaje a través de diferentes lenguajes. El método de análisis sistemático aplicado a los materiales gráficos, escritos y fotográficos permite caracterizar y reconstruir un paisaje común a través de sus miradas cruzadas. Los resultados de la investigación contribuyen al conocimiento de lo sucedido en este acontecimiento histórico y destacan el papel fundamental del paisaje y el territorio a través de las técnicas de representación, visualización y comunicación.
Palabras clave: Dibujo; Corografías; Croquis panorámicos; Panoramas fotográficos; Aragón; Guerra civil española; Territorio.
Crossed Gazes in the Spanish Civil War. Converging Communication System to a Better Understanding of the Landscape
Abstract: The structural and qualitative analysis of landscape representations allows for the extraction of valuable knowledge about its history and territory. These representations gain documentary value by reflecting the process of conceptualization and understanding of a landscape experienced and interpreted by different generations. This research focuses on the documentary value of materials and testimonies created to narrate a single event: the Spanish Civil War on the northern front of Aragon. These testimonies are communicated by landscape observers through different languages. The systematic analysis method applied to graphic, written, and photographic materials allows for the characterization and reconstruction of a common landscape through their intersecting perspectives. The research results contribute to the understanding of what occurred during this historical event and highlight the fundamental role of landscape and territory through representation, visualization, and communication techniques.
Keywords: Drawing; Chorographies; Panoramic sketches; Photographic panoramas; Aragon; Spanish Civil War; Territory.
Recibido: 4 de diciembre de 2024 / Aceptado: 22 de abril de 2025.
Introducción
El punto de partida de esta investigación es la combinación de las descripciones sobre un mismo territorio que diferentes observadores dejaron plasmadas durante la guerra civil española. El ámbito geográfico se delimita al espacio que ocupó la línea de contacto entre las ciudades de Zaragoza y Huesca. La superposición de estas miradas ofrece composiciones que, al integrar lo gráfico y lo escrito, permiten completar los paisajes individuales capturados por algunos protagonistas del conflicto.
El hilo conductor es el conocimiento del territorio a través de sus representaciones y, por tanto, de sus paisajes (Maderuelo, 2005). Los testimonios sobre el paisaje incluidos reflejan los recuerdos de sus autores, los largos caminos recorridos, las acciones planificadas, las batallas y todas las historias y catástrofes que vivieron. Visiones puramente descriptivas se complementan con otras que aportan sentimientos y sensaciones, componiendo así un conjunto de miradas alternativas que incrementan el conocimiento de lo sucedido.
Este trabajo se contextualiza dentro de una investigación más amplia que explora los croquis panorámicos del paisaje del frente trazados durante la guerra civil española. Estos dibujos se consideran contenedores de información no escrita, cuya interpretación permite ampliar el conocimiento de uno de los periodos más trascendentales de la historia reciente de España, así como del paisaje en el que tuvo lugar.
La hipótesis que ha guiado este artículo es la afirmación de que la orografía, junto con las condiciones físicas y ambientales del escenario de combate, condicionaron la toma de decisiones, la planificación estratégica y la evolución de las acciones bélicas. Igualmente, el conocimiento del medio y de la disposición de las defensas naturales justifica el trazado que adoptó la línea de frente y explica su prolongado estancamiento. Los objetivos generales han sido buscar, registrar y analizar material de estudio original, así como localizar dicho material en su contexto histórico y geográfico. Específicamente, se han identificado los vínculos entre el territorio, las descripciones seleccionadas del paisaje y la historia.
La metodología aplicada ha combinado la investigación documental con el trabajo de campo, para recopilar y seleccionar materiales gráficos, escritos y fotográficos que han sido analizados sistemáticamente. Para favorecer el análisis, dichos materiales han sido reelaborados utilizando un grafismo y formato particulares, lo que posibilita su lectura unitaria e inédita.
Tras acotar el ámbito de estudio y presentar la información reunida, se han combinado las descripciones objetivas con las percepciones sensitivas para cada uno de los tres paisajes identificados en el territorio analizado. De esta manera, se ofrece una aproximación más completa a la realidad del paisaje de la Guerra Civil.
Ámbito de estudio: frente norte de Aragón
La investigación se centra en un territorio contenido entre dos grandes barreras geográficas: al norte, un imponente macizo montañoso se extiende de este a oeste, anunciando la presencia de los Pirineos; y al sur, una vasta depresión del terreno, surcada por el caudaloso Ebro, separa drásticamente lo que ocurre a ambos lados del río. Entre estos límites, otros accidentes geográficos de menor escala caracterizan un paisaje repleto de matices que influyen en la manera en que se habita y se recorre.
Este contexto geográfico, al igual que tantos otros lugares de España, fue escenario de la guerra civil que cambió el rumbo de su historia a partir de julio de 1936. A los pocos días de estallar el conflicto, el país quedó partido en dos, conformándose unos frentes de guerra que recorrían el territorio, delimitando dos Españas (Casanova, 2013). En Aragón, el frente se conformó rápidamente como una línea serpenteante que cruzaba la región de norte a sur, dividiéndola en dos partes equivalentes. Esta división se mantuvo sensiblemente equilibrada hasta marzo de 1938, cuando una gran ofensiva del ejército sublevado trasladó la franja de contacto de ambas fuerzas hacia Cataluña (Maldonado, 2007).
Se presenta gráficamente el espacio de estudio [1], destacando la topografía e indicando el trazado aproximado de la línea del frente de guerra que delimitó las dos zonas enfrentadas: la defendida por el bando republicano al este y la controlada por el bando sublevado al oeste, que incluía las ciudades de mayor relevancia, Zaragoza y Huesca.
Se destacan las distintas densidades en el dibujo, por acumulación o ausencia de curvas de nivel, que reflejan la disposición de las elevaciones, valles y llanuras que conforman este territorio. Se destacan varias formaciones lineales, oblicuas en el plano y sensiblemente paralelas entre sí, que configuran el contexto próximo a cada una de las dos capitales.
La primera de estas formaciones, de mayor escala, corresponde a la sierra de Alcubierre y sus estribaciones. Esta cadena montañosa sobresale en el contexto geográfico y transcurre paralela al río Ebro, conformando el límite norte de su valle aguas abajo de Zaragoza. Las líneas que la definen en el plano dibujan las formas onduladas y los relieves suaves característicos de su paisaje.
Las otras elevaciones significativas formalizan un conjunto de lomas más próximas a la ciudad de referencia, Huesca, que queda custodiada por ellas en su periferia. Se configura de esta manera un escenario natural conocido como la Hoya de Huesca, una depresión geográfica sobre la que se asienta la capital oscense, rodeada de formaciones montañosas.
Al observar el entorno desde esta escala territorial es fácil entender que las formaciones montañosas presentes en la zona actuaron como grandes parapetos naturales de cada una de las dos capitales, frenando en un caso y retrasando en otro el avance del bando republicano en su intento por conquistar las dos principales ciudades del norte de Aragón. La incidencia del relieve en la conformación del frente se evidencia en la forma dibujada por la línea que lo define sobre el terreno, claramente condicionada por la orografía. La frontera que dividió los dos bandos sigue una trayectoria sinuosa en el plano, cambiando de dirección para atravesar los accidentes geográficos más significativos que encuentra a su paso. Se enreda en ellos como un cordel, manifestando que la narración de los acontecimientos históricos está fuertemente entrelazada con la morfología de ese paisaje.
Tras el desconcierto que provocó el inicio de la guerra, se agruparon y empezaron a marchar desde Cataluña las columnas de milicias que, con más fervor que preparación (Orwell, 1938/2007), tenían el propósito de ocupar las capitales aragonesas defendidas por un ejército que mantenía el orden de su estructura y su red logística (Arcarazo, 2008). Esta marcha se frenó en los obstáculos dispuestos por el territorio próximos a los objetivos, configurándose así, a comienzos de agosto de 1936, el frente de guerra que se estabilizaría a partir del mes de octubre de ese mismo año (Maldonado, 2007). Desde entonces y hasta marzo de 1938, el frente sufriría algunas fluctuaciones a consecuencia de las operaciones republicanas dirigidas a tomar Zaragoza o Huesca. En estas acciones, la morfología del territorio, particularmente la sierra de Alcubierre y su entorno en un caso, y la Hoya de Huesca en otro, condicionaron decisivamente los sucesos.
Observadores del paisaje
En el frente norte de Aragón, el estancamiento de la línea de contacto permitió que las tropas se observaran con atención durante un tiempo prolongado. El estudio del enemigo implicaba el conocimiento exhaustivo del territorio sobre el que se asentaba. Para ello, los ejércitos utilizaron los medios disponibles en el momento y recurrieron tanto al dibujo como a la fotografía. Se emplearon croquis panorámicos como herramienta principal de trabajo, aunque también se utilizaron composiciones fotográficas que retrataban el terreno de combate.
Por otro lado, la guerra atrajo a intelectuales que acudieron a España desde diversas partes del mundo. Escritores, periodistas y reporteros gráficos, con fines informativos, ideológicos o meramente propagandísticos, dejaron testimonio de lo vivido. En sus relatos y apuntes se encuentran numerosas alusiones a las condiciones físicas y ambientales del lugar. Esta información complementa la aportada por las vistas paisajísticas militares y, al considerar su procedencia, se logra equilibrar los registros que se produjeron desde ambos flancos.
Los autores considerados participaron en un mismo episodio de la historia y describieron un mismo contexto paisajístico. Intervinieron desde distintos puntos, ya estuvieran alineados o enfrentados, y utilizando lenguajes muy diversos, tanto visuales como escritos. Todos convergen aquí para permitir extraer un conocimiento más completo de la historia y el territorio.
Referencias visuales
Durante la guerra civil española, ante las carencias iniciales de ambos ejércitos, se trabajó intensamente para producir cartografía militar del campo de batalla. En este contexto son numerosos los croquis panorámicos elaborados por especialistas de distintos ejércitos, que representaron el paisaje tal cual lo percibían los combatientes, destacando los aspectos de interés táctico del territorio.
Los croquis panorámicos fueron utilizados como instrumento de conocimiento del territorio, el propio y el ajeno, aportando una impresión tridimensional concreta e inmediata que complementaba la información de mapas y textos descriptivos. La gran cantidad de ejemplares existentes da idea de la relevancia militar que pudieron tener durante la guerra para la planificación estratégica y la toma de decisiones. De los más de cien croquis panorámicos hallados en el Archivo General Militar de Ávila y en el Instituto Cartográfico y Geológico de Cataluña, se han incluido en el estudio los 18 que representaron distintos perfiles y horizontes del ámbito de estudio [2].
Reflejaron tanto los elementos que podrían facilitar el avance como los obstáculos que podrían dificultarlo. Son fruto de la instrucción militar recibida en los años de formación, que incluyó aprendizaje en sistemas de representación para topografía y la adquisición de nociones de perspectiva lineal (González de la Vera, 1912).
Se incorporan también a la investigación en este apartado varias composiciones fotográficas halladas en los archivos consultados, que resultan equivalentes a los croquis panorámicos dibujados, y que también fueron realizadas durante la Guerra Civil con fines militares. Se trata de 12 panoramas fotográficos, capturados desde el campo de batalla, en los que se plasmaron los perfiles del entorno del frente norte de Aragón [3]. Su interés radica en que ofrecen una representación precisa de la realidad visible del territorio estudiado. Además, se incorpora la última secuencia del documental propagandístico El cerco de Huesca, filmado en 1937, que muestra el perfil lejano de la ciudad y su entorno.
Por último, se ha tenido en cuenta la mirada expresiva del artista de origen boliviano Kemer, quien, con su lápiz de mina blanda, actuó como reportero gráfico para varias publicaciones durante la guerra. Kemer realizó los 184 dibujos conocidos como «Láminas Kemer». Aunque fueron empleados por el bando sublevado con propósitos de propaganda política (Mendoza, 2012), el autor demostró habilidad para capturar con frescura y espontaneidad escenas bélicas de algunos de los episodios más significativos del conflicto. Con un trazo enérgico, Kemer esbozó lo más característico de la guerra: soldados, trincheras, armas, tanques y aviones; así como las terribles consecuencias del conflicto: heridos, cadáveres, ruinas y poblaciones destruidas. Todo esto se integró en el paisaje donde se desarrollaba la acción, contextualizando muchas de sus láminas en el territorio [4].
Referencias escritas
El segundo grupo aglutina registros en los que se utilizó el lenguaje escrito para describir las características de este paisaje mientras fue campo de batalla. El inicio del enfrentamiento intensificó las diferencias ideológicas que lo habían provocado. Ya fuera por la trascendencia del conflicto en el agitado contexto político europeo, o por la convicción de defender sus principios a toda costa, periodistas y escritores de diversas procedencias geográficas llegaron al frente (Cenarro y Pardo, 2006). Actuaron como corresponsales o tomaron las armas, viviendo una experiencia personal única que plasmaron en crónicas periodísticas, diarios o relatos.
Se han escogido las obras de aquellos que, habiendo visitado, recorrido o luchado en el frente norte de Aragón, dedicaron algunas de sus líneas al protagonismo de su paisaje. Transmitieron con palabras la singular variedad de formas que adoptan estas tierras, entonces secas, desprovistas de vegetación y sombra, así como las condiciones climáticas extremas a las que fueron sometidos: castigados por el sol y el calor extremo en verano, y por la nieve y el frío en invierno. Su testimonio refuerza la hipótesis de la influencia que llegó a tener el medio físico en el devenir de los acontecimientos.
Bajo estas condiciones, el relato más conocido es Homenaje a Cataluña de Eric Arthur Blair, auténtico nombre de George Orwell (1903-1950), el intelectual más destacado de los que pasaron por el escenario bélico aragonés (Cenarro y Pardo, 2006). Esta obra se considera imprescindible para conocer cómo transcurrió la Guerra Civil en este frente (Pano, 2019). El británico acudió a España por sus firmes creencias políticas socialistas y narró sus seis meses de estancia en el país, desde diciembre de 1936 hasta junio de 1937. Estos meses transcurrieron entre Barcelona y distintos puntos de primera línea de fuego del frente norte de Aragón, como parte de las milicias del POUM.
Orwell describió cómo consiguieron sobrevivir en las trincheras de la sierra de Alcubierre, enfrentándose no solo a los ataques del enemigo, sino también a las inclemencias meteorológicas en pleno invierno. También relató su estancia en Monte Oscuro, cuya posición estratégica permitía el dominio visual sobre el territorio sublevado, ofreciendo vistas de la capital aragonesa y un paisaje de cerros bajos que, a sus ojos, resultaba un espectáculo al amanecer (Orwell, 2007). El escritor además fue enviado a Huesca, en primera línea del cerco a la ciudad. Allí, alternó la descripción reposada del entorno con una narración más dinámica, ya que, por primera vez, entró en combates reales (Benito, 2009). Este texto ofrece una mirada propia sobre el paisaje, con una redacción nítida que aporta información valiosa y difícil de transmitir con el dibujo o la fotografía.
En unas circunstancias semejantes a las de Orwell, otros escritores dejaron testimonios equivalentes. Entre ellos, se han considerado Del amor, la guerra y la revolución escrito por el italiano Antoine Giménez, y La vida y muerte en Aragón del altoaragonés de nacimiento y argentino de adopción, José Gabriel. En ambos textos se entremezcla el relato de la participación de sus autores en sucesos importantes de la guerra, con la narración de situaciones personales y reflexiones íntimas, incorporando además pinceladas de una visión particular del territorio aragonés que visitaron durante su recorrido (Giménez, 2009; José Gabriel, 2018).
Con otra perspectiva, los periodistas rusos Mijail Kolstov e Ilya Ehrenburg, actuando como corresponsales para diarios de su país, documentaron lo que vieron, oyeron y sintieron en los frentes de Zaragoza y Huesca durante los primeros meses del enfrentamiento. Sus respectivos escritos, Diario de la guerra de España y Corresponsal en la Guerra Civil Española, están construidos a partir de las notas que tomaron día a día en su trayecto por las poblaciones próximas a la línea de fuego en el flanco republicano (Ehrenburg, 1979; Kolstov, 1963).
Por último, se han tenido en cuenta observaciones del paisaje escritas desde el punto de vista militar. Por un lado, están las descripciones incluidas en las propias vistas panorámicas y, por otro, se han considerado las observaciones encontradas en la autobiografía de Antonio Cordón, Trayectoria, un influyente mando del ejército republicano que, en la narración de su vida, incluyó episodios de la Batalla de Zaragoza (Cordón, 1971).
Miradas cruzadas
Para que los elementos que componen un lugar adquieran la categoría de paisaje, es necesario que exista alguien que contemple el conjunto y que lo descifre emocionalmente (Maderuelo, 2005). Por tanto, se puede afirmar que no existe paisaje sin interpretación, sin la mirada de un observador. Con este argumento se justifica la selección de interpretaciones variadas, distintas miradas, que dejaron plasmado el carácter del lugar a la vez que convirtieron un mero sitio físico en un conjunto de ideas, sensaciones y sentimientos. A través de esas múltiples miradas es posible distinguir hoy los aspectos característicos y estructurales que definieron este contexto paisajístico.
Se muestra sobre el plano la localización de los puntos de observación y el cono de visión aproximado de cada uno de los registros considerados, distinguiéndose en color verde las referencias visuales y en color azul las escritas [5]. En cada una de las cinco figuras siguientes [6-10] se suceden grupos de descripciones del territorio según los lugares contemplados. Con el objetivo de facilitar la lectura conjunta de las distintas miradas, se ha utilizado un código gráfico propio y original, unificando el color y aislando del soporte las líneas que definen el paisaje percibido. La aparente miscelánea de líneas y letras que componen estas miradas cruzadas se fundamenta en la idea de que solo se puede hablar de paisaje cuando existe trabazón, es decir, cuando los elementos que se ofrecen a la contemplación aparecen enlazados, no solo ligados por las leyes que dicta la naturaleza, sino también a través de la poética, de lo subjetivo, de lo interpretativo (Maderuelo, 2003).
Así, las referencias utilizadas aparecen combinadas de tal manera que permiten aproximarse a una percepción no estática del paisaje, ofreciendo el mismo lugar desde distintos puntos de vista, casi en movimiento, alternando las miradas lejanas al horizonte con otras apreciaciones más inmediatas.
Miradas cruzadas en la sierra de Alcubierre
Mientras duró la guerra en Aragón, la línea de frente se mantuvo fija en las defensas naturales de la sierra de Alcubierre. Este poderoso macizo montañoso, que sigue destacando visualmente en la extensa llanura del valle del Ebro, dejó una profunda impronta en el recuerdo de testigos y combatientes. Dibujaron su característico perfil recortado en el horizonte, fotografiaron el mar de dunas que lo rodea y narraron la influencia que esta tierra, con sus particulares formas, su árida materialidad y su clima de temperaturas extremas, tuvo en la planificación y el desenlace de las acciones bélicas [6].
En las batallas que se sucedieron durante los primeros meses, cada bando conquistó y fortificó distintas localizaciones de estas montañas. Los ejércitos eran abastecidos desde las poblaciones cercanas a un lado y otro de la sierra. En diciembre de 1936, Orwell llegó a estas trincheras desde Barcelona con la intención de luchar, pero el frente en este lugar ya permanecería inmóvil hasta marzo de 1938, cuando cayeron todas las posiciones republicanas «como un castillo de naipes» (Benito, 2009).
La vía de acceso natural hacia Zaragoza desde el lado republicano era la carretera proveniente de Sariñena, que atravesaba la sierra a través del enrevesado puerto de Alcubierre. En él, unidades de ambos bandos ocupaban localizaciones que controlaban el paso y, entre ellas, un conjunto de alturas consideradas inexpugnables fue bautizado por Durruti como «la imposible» (Benito, 2009). La inquietud que provocaba su dominio quedó reflejada en los testimonios gráficos que el ejército sublevado realizó para estudiar la geometría del territorio y su ocupación (SZ03, SZ05, SZ06, FSH6). Dibujantes y fotógrafos inmortalizaron la relación visual entre los lugares atrincherados en cada pliegue del relieve, incluyendo los que habitó George Orwell durante su estancia (O1, O2), desde los que también observó y sintió el paisaje que más tarde retrataría con palabras.
Las repetidas alusiones en el relato de Orwell a la lucha por la supervivencia contra el medio físico están igualmente presentes en las memorias de otros testigos como Ilya Ehrenburg (E1) o Antoine Giménez (G1), quienes, a su paso por esta tierra, dejaron constancia de la sensación de frío insoportable que obligaba a buscar abrigo y protección excavando en la ladera de las montañas. No obstante, las notas sobre la resistencia humana a un entorno agresivo contrastan con otras reflexiones sobre la belleza y el poder evocador del lugar. Leídas conjuntamente, estas fuentes transmiten una información sensitiva que, sumada a la descriptiva de las imágenes, permite una aproximación más completa a la realidad de este paisaje de la guerra civil española.
En algunas de las panorámicas que representaron la sierra destacó la silueta de Monte Oscuro por su singularidad formal en el entorno (SZ02, FSZ3, FSZ1, FSZ2, SZ01). Estas capturas simbolizan la réplica del ejército sublevado a la condición de dominio sobre el territorio que tenía su enemigo desde lo alto de este hito orográfico. El interés que esta posición tuvo para ambos bandos puede entenderse a partir de la topografía en planta, donde se aprecia como Monte Oscuro, en el punto medio del trazado de la sierra, se lee como una proa que se eleva sobre el terreno y aproxima el relieve a Zaragoza. La tensión visual bidireccional existente entre la capital aragonesa y la montaña quedó reflejada en varios de los testimonios analizados.
En noviembre de 1937, se dieron las órdenes desde el ejército sublevado para que la brigada de Flechas Negras del CTV atacara esta localización y avanzara en dirección sur-norte a lo largo de la sierra. La operación quedó frustrada antes de realizarse (Maldonado, 2007), pero los cartógrafos italianos ya habían estudiado profundamente la zona ayudándose del dibujo (SZ02, SZ03, SZ01, SZ04), legando unas panorámicas que ilustran bien las detalladas exposiciones escritas desde el otro lado del frente a partir de lo observado en las «confortables» trincheras excavadas en la cumbre (G1, O2).
En verano de 1937, en el territorio comprendido entre la sierra de Alcubierre y la ciudad de Zaragoza, se desplegaron diversas acciones republicanas que tenían como propósito fundamental conectar Cataluña y el centro de la Península (Martínez de Baños y Pérez, 2008). Para lograrlo, el primer paso era intentar ocupar la capital aragonesa, a la que se iba a llegar rompiendo el frente por varios puntos al mismo tiempo mediante una gran ofensiva republicana (Maldonado, 2007). Las particularidades que ofrece la tierra en este ámbito fueron protagonistas y, una vez más, una orografía singular y un clima extremo, de altas temperaturas en este caso, influyeron a la hora de proyectar la guerra y en la evolución de las operaciones militares. Estos factores han quedado registrados por algunos de quienes vivieron y contaron la batalla [7].
Al igual que en la planificación del asalto a Monte Oscuro, en la defensa de Zaragoza fueron actores principales los soldados del ejército del apoyo italiano (Vaquero, 2011). Con una metodología de trabajo que aplicaban allá donde se demandaba su participación, el CTV transmitió su capacidad para comprender el territorio de combate a través de la labor de sus cartógrafos, cuyo legado gráfico también existe para este sector (FSZ1, FSZ2, SZ01, SZ04). En estas panorámicas se plasmaron las formas de una llanura engañosa y ondulada, repleta de recovecos donde ocultarse (SZ07, FSZ4). Estas características se asocian a una materialidad y unas tonalidades descritas con detalle en los párrafos dedicados a la percepción del paisaje. Así, la repetición de pequeñas colinas, la presencia de polvo blanco por todas partes y la ausencia de vegetación, sugeridas en los dibujos, son características que sorprendieron tanto a periodistas como a militares (J2, K1, G2, A1). Todos coincidieron en referirlas en sus crónicas como particularidades que condicionaron enormemente cualquier maniobra en el lugar.
De la misma manera, debido a la época del año en la que transcurrió la batalla, un sol omnipresente, la ausencia de árboles o nubes que generaran sombra, y la obligación de actuar sobre un escenario desértico acrecentaron la sensación de incomodidad provocada por un calor excesivo (Cordón, 1971), que desesperaba y dificultaba el combate (Kolstov, 1963). La situación límite a la que se vieron sometidos los participantes los llevó a establecer comparativas exageradas con otros territorios lejanos o, incluso, imaginarios, tales como desiertos africanos (Kolstov, 1963), paisajes lunares (José Gabriel, 2018) o imágenes hipotéticas de una Tierra en ruinas tras un ataque desde otro planeta (Ehrenburg, 1979).
Miradas cruzadas entre Tardienta y Santa Quiteria
Mención aparte merece el entorno de las estribaciones septentrionales de la sierra de Alcubierre por la importancia geoestratégica de algunas de sus posiciones enfrentadas, muy próximas a la ciudad de Huesca. Aquí, el destacado enclave republicano de la población de Tardienta y la fortificación sublevada del alto donde se ubica su ermita, Santa Quiteria, mantuvieron un constante desafío mutuo a pocos kilómetros una de otra. Las condiciones naturales del lugar, la sección del terreno y la cercanía, así como las construcciones humanas tras las que parapetarse –tanto las preexistentes como las realizadas para la guerra– propiciaron que la línea de frente se estabilizara entre los dos emplazamientos [8].
El control de Tardienta era crucial para el bando republicano debido a la presencia de valiosas infraestructuras en sus inmediaciones. Por un lado, se encontraba entre las dos arterias fundamentales que conectaban Zaragoza y Huesca: la carretera y la vía de tren. La vía de tren, además, se bifurcaba hacia Monzón, convirtiendo a Tardienta en un punto estratégico para abastecer el frente desde Cataluña (Pano, 2019). Por otro lado, el gran canal de Monegros, que transcurría tangente al núcleo urbano y que estaba en proceso de construcción durante la guerra (Cuesta, 2022), también añadía importancia a la localidad. Este canal era un enorme acueducto de hormigón elevado por imponentes soportes, que fueron fortificados (Martínez de Baños y Salvatierra, 2009). Las características de esta localización dejaron una impresión duradera en quienes la visitaron o la observaron a distancia. La importancia de Tardienta y su acueducto se refleja en diversas representaciones paisajísticas. La inspección militar se enfocó en los elementos de interés táctico, incorporando dimensiones y distancias en los informes escritos de objetivos militares (M1) y en la descripción visual del relieve a través de croquis panorámicos y fotografías (SH04, SH09, SH07, FSH4, FSH5). Esta localización también captó la atención de los civiles, quienes detallaron lo visto y experimentado allí en sus diarios (K2, K3) e incluyeron su capacidad evocadora en reseñas más emocionales (J3).
A escasos kilómetros, pero al otro lado de la línea de fuego, la posición alrededor de la ermita de Santa Quiteria ofrecía una vista elevada de Tardienta desde prácticamente la última loma de la sierra de Alcubierre. Esta posición estaba compuesta por un conjunto de fortificaciones bien organizadas que se extendían por todo el cerro y rodeaban la propia ermita (Martínez de Baños y Salvatierra, 2009). Desde octubre de 1936, cuando fue ocupada por el ejército sublevado, se convirtió en un observatorio privilegiado (Pano, 2019), permitiendo una amplia y profunda visibilidad tanto hacia el territorio republicano como hacia la retaguardia sublevada. En algunas perspectivas se puede apreciar la ermita en el extremo de una colina que se alzaba sobre una planicie irregular (SH06, SH05), y en otras, dibujadas con el punto de vista situado en la propia posición de Santa Quiteria (SH04, SH09, SH07, FSH4, FSH5), se confirman las posibilidades del observatorio. Estas representaciones gráficas muestran el extenso arco de visión que ofrecía la elevación, capturando en el espacio bajo la línea de horizonte numerosos elementos de interés en la contienda: el trazado de las vías de comunicación, la identificación de las unidades propias y enemigas ocupando poblaciones o dispersas por la campiña, así como la información de fortificaciones, trincheras y alambradas.
Miradas cruzadas en la Hoya de Huesca
El análisis de la orografía del lugar donde se asienta la ciudad de Huesca permite argumentar las razones por las que fue cercada con cierta facilidad. Huesca se encuentra en la denominada «Hoya de Huesca», una llanura deprimida respecto al paisaje circundante, limitada al norte por las sierras pre-pirenaicas, que son prácticamente intransitables, y al sur por la sierra de Cuezos, formada por un conjunto de elevaciones existentes antes de las poblaciones de Almudévar y Tardienta. Una vez el bando republicano consiguió acceder y fortificarse en esta planicie, y al mismo tiempo obtuvo cierto control sobre las posiciones elevadas que la rodeaban, pudo mantener el asedio e insistir durante meses en su intento de tomar la ciudad. Esta singular morfología territorial también explica que, mientras se mantuvo el asedio, la comunicación natural para que uno y otro ejército nutrieran el ataque y la defensa de la capital oscense fuera de este a oeste a través de la carretera que unía Barbastro y Ayerbe (Martínez de Baños y Salvatierra, 2009).
El relieve influyó en el trazado definitivo del frente, el cual se estableció apoyándose en las alturas situadas al noreste y al suroeste de la capital. Las tropas republicanas, avanzando desde el este, sobrepasaron parte de estos desniveles y rodearon casi por completo la ciudad, dejándola sin defensas naturales exteriores y obligando a que la resistencia sublevada actuara desde el propio casco urbano. La situación no era muy prometedora para los defensores de Huesca, sin embargo, consiguieron soportar la presión durante veinte meses debido a que la línea de asedio no llegó a cerrarse completamente y se mantuvo la conexión con la retaguardia a través de una única vía, la carretera que conducía hacia Ayerbe por el oeste (Arcarazo, 2008). Todo esto dio lugar a un prolongado período de vigilancia mutua y proximidad en un entorno llano rodeado por montañas, experiencia interpretada por algunos de los participantes como sitiadores o sitiados [9, 10].
Las ubicaciones de los lugares desde donde se realizaron las miradas sobre Huesca son coherentes con el paisaje y la coyuntura bélica expuesta, generando un conjunto que abarcaba todos los ángulos posibles desde el interior y el exterior del cerco. Como no podía ser de otra manera, uno de los principales objetivos republicanos fue cortar la carretera que mantenía con vida a la ciudad (Romero y de Frutos, 2020), y las posibles formas que acceder a ella, que fueron estudiadas con detenimiento para su ataque (RH01, FRH3) y, sobre todo, para su defensa (SH01, SH03, SH08, SH02, FSH3).
Orwell también participó como combatiente en el asedio de Huesca. El escritor describió el perfil característico de los pueblos aragoneses como agrupaciones de casas alrededor de una iglesia (O3), una imagen que también debió percibir al enfrentarse a Huesca, con sus edificaciones rodeando la catedral, elevada solemnemente sobre las demás para ser visible desde cualquier punto de la llanura circundante. Esta imagen fue representada repetidamente en síntesis gráficas (SH01, SH03, B3, FRH3, B1, RH02) y detalladamente verbalizada en diversas ocasiones (J4, E3).
La presencia constante de Huesca y su proximidad, ubicada «a cuatro kilómetros de las trincheras brillando pequeña y clara como una ciudad formada por casas de muñecas» (Orwell, 2007), seguramente provocó en los atacantes una sensación de victoria inminente que eventualmente se convirtió en desesperación al no lograr nunca el objetivo republicano de «tomar café en Huesca» (Orwell, 2007).
Las miradas que definieron este paisaje también capturaron el atractivo de un entorno natural excepcional. Frente a Huesca, Orwell detalló los matices tonales que la primavera imprimió en los campos de la tierra de nadie (O3), aportando una información que no se reflejó en los panoramas monocromáticos que la representaron (SH08, SH02, FSH3, FSH2, FRH3). Además, observó los imponentes macizos montañosos que custodiaban la ciudad, aún con vestigios de nieve (O3), que fueron el telón de fondo en los estudios del territorio (SH01, SH03, FSH1) realizados por los cartógrafos del bando sublevado.
Un tramo de particular tensión en el cerco de Huesca se ubicó en su extremo oeste, donde ambos bandos disputaron el control de la carretera procedente de Barbastro. Aquí, una serie de posiciones estratégicas muy próximas entre sí, aprovechando las ventajas que ofrecían el relieve y las edificaciones aisladas preexistentes, constituyeron un sector donde se produjeron numerosos combates durante los primeros meses de la guerra. Estas escaramuzas retrasaron el avance del ejército republicano hacia la Hoya de Huesca y permitieron a los defensores fortificar la ciudad, lo que acabaría siendo fundamental para impedir su conquista. Destacan tres posiciones clave en esta zona, que cambiaron de manos varias veces: el Castillo de Montearagón y el alto de Estrecho Quinto, los dos ubicados en lomas a ambos lados de la carretera; y el Manicomio de Quicena, situado en una posición más baja junto a la vía, protegido por un edificio destinado originalmente a «observatorio de dementes», inaugurado pocos años antes y gravemente dañado por los impactos durante la contienda. En esta zona, las miradas que acompañaron al fuego cruzado permiten hoy visualizar el aspecto del campo de batalla y comprender la presión bajo la cual operaban sus participantes [10].
Allí se cruzaron miradas inquisitivas entre militares especializados de ambos ejércitos, evidenciadas en un contraste de panorámicas opuestas: por un lado, las captadas por las fuerzas aéreas republicanas desde el Castillo de Montearagón (RH02), que analizaban la relación entre el Manicomio y Huesca; y, por otro lado, sus antagónicas, tomadas por el CTV italiano desde el observatorio de la catedral (FSH1), que vigilaban las elevaciones occidentales del terreno, incluyendo el propio castillo.
También se cruzaron otro tipo de miradas más creativas, de individuos virtuosos en sus respectivos campos, quienes, sin saberlo, dejaron un sugerente enfrentamiento entre narraciones y dibujos. Orwell (O4) describió estos lugares como fortalezas enemigas en su relato de la experiencia como parte del batallón de choque movilizado en marzo de 1937 para tomar el Manicomio (Pano, 2019). En ese mismo año, Kemer capturó con trazos precisos la cercanía de las trincheras enemigas custodiadas desde lo alto por el Castillo de Montearagón (B2), y detalló el deterioro de las edificaciones que servían como parapeto desde posiciones adelantadas, mostrando la silueta erguida de Huesca en la línea de horizonte (B1).
Conclusiones
Se han reunido diversas miradas comunicadas por quienes observaron y describieron el paisaje de la guerra mediante distintos lenguajes. Las representaciones resultantes poseen un valor documental significativo, ya que capturan el proceso de conceptualización y comprensión de un paisaje en constante transformación. El análisis sistemático de los materiales estudiados ha permitido revisar y reconfigurar un paisaje común a través de estas miradas cruzadas. Los resultados de la investigación aportan un nuevo enfoque al relato conocido de los sucesos históricos, destacando la relevancia del territorio y el medio ambiente mediante técnicas de representación, visualización y comunicación.
Este artículo ha explorado los vínculos entre la historia y las formas, espacios y atmósferas de un territorio, transmitiendo así su valor cultural. Los testimonios recopilados no solo reflejan las cualidades físicas, geográficas e históricas de lo observado, sino también las dimensiones perceptivas, sensitivas y emocionales de las vivencias de sus autores. A través de todas las representaciones gráficas mostradas, las originales y las reelaboradas, se descifran y organizan mensajes contenidos silenciosamente en el lugar. De esta manera, un escenario mudo se ha convertido en un paisaje comunicativo que enriquece el relato objetivo de los acontecimientos.
Se ha verificado que el relieve, con sus elevaciones y depresiones, desempeñó un papel determinante en el enfrentamiento, y que las características ambientales, como las temperaturas y la materialidad del terreno, condicionaron las decisiones y la planificación de las acciones bélicas. El conocimiento detallado del entorno, incluyendo la disposición de las defensas naturales, la ubicación de enclaves estratégicos y las vías de comunicación, justifica el trazado y la estabilización prolongada de la línea del frente. Además, este conocimiento fue crucial para la ubicación de las posiciones fortificadas desde las cuales se controlaba y desde las que se capturaron los paisajes objeto de estudio.
Se pueden efectuar afirmaciones derivadas del análisis combinado de reflexiones escritas y percepciones visuales de lugares concretos. Así, mientras que la información gráfica de la sierra de Alcubierre muestra la relevancia de su orografía en el conflicto, las experiencias narradas expresan la influencia adicional de las temperaturas extremas y la materialidad del terreno. Asimismo, las repetidas vistas capturadas desde Santa Quiteria y las alusiones escritas a Tardienta confirman la tensión que existió entre ambas posiciones y la importancia estratégica de esta región. Además, la variedad de testimonios grafiados y redactados en torno a la capital oscense transmiten con intensidad el estado prolongado de vigilancia mutua y proximidad entre los dos bandos en la Hoya de Huesca.
Las descripciones gráficas contempladas destacan algunas transformaciones significativas que el territorio ha experimentado en las últimas décadas, como la aparición de nuevas infraestructuras, el crecimiento de las poblaciones y la reforestación de grandes extensiones de terreno.
Se han analizado miradas cruzadas expresadas a través de líneas escritas y dibujadas sobre un paisaje específico. Originalmente, el término «paisaje» se empleaba para referirse al conjunto de características que definían a un país, proporcionándole unidad y distinguiéndolo de otros. Sin embargo, en este contexto, las representaciones del paisaje definieron el territorio marcado por una fractura. El material utilizado para proyectar la guerra y profundizar en esta división resulta hoy útil para desvelar aspectos que pasan desapercibidos, permitiendo una mejor comprensión de este contexto geográfico.
Contrariamente a los motivos que originaron los registros del paisaje considerados, puede afirmarse que esta investigación fomenta argumentos de unión entre quienes habitan o visitan hoy el territorio representado.
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