Coreografiar lo invisible. Danza, arte y esoterismo en los albores del siglo XX
LÓPEZ ARNAIZ, Irene y LÓPEZ FERNÁNDEZ, Raquel (eds.)
Sans Soleil, Vitoria-Gasteiz, 2023
ISBN: 978-84-124039-9-2
La danza y el esoterismo han sido tradicionalmente relegados a espacios marginales por la historiografía, a pesar de ser consustanciales al pensamiento artístico del siglo XX. Sin embargo, recientemente, se han multiplicado las investigaciones y publicaciones que giran en torno a estas cuestiones. Este proceso ha venido acompañado de un resurgimiento del interés por las prácticas esotéricas en la sociedad actual, un hecho que no puede desligarse de la búsqueda de modos de vida no regidos por la idea de progreso entendido en términos materialistas. El pensamiento feminista y el anticolonialista se entrelazan así en esta coreografía que zarandea, una vez más, los pilares de la historia del arte occidental.
Coreografiar lo invisible recoge trece ponencias presentadas en el seminario internacional Danza, esoterismo y vanguardias, que tuvo lugar los días 5 y 6 de noviembre de 2021 en el Museo Picasso de Málaga. El evento fue organizado desde dicho museo y desde los Proyectos I+D+i La creatividad en la sombra. Relatos mestizos del arte en la sociedad contemporánea, del Instituto de Historia del CSIC y Tras los pasos de la Sílfide. Una historia de la danza en España, 1836-1936, de la Universidad Complutense de Madrid. La dirección científica corrió a cargo de Irene López Arnaiz, Raquel López Fernández y Alicia Navarro. Las dos primeras, editoras de Coreografiar lo invisible, escriben la introducción con la que se abre el volumen.
El primer bloque, «Médiums y otras posesiones: inconsciente, espíritus e hipnosis en danza», se inicia con el artículo «“El espíritu revoloteador”. Loïe Fuller y el ascendiente esotérico del hipnotismo», donde Pascal Rousseau escribe sobre las implicaciones esotéricas de la coreografía y la iluminación en la «danza serpentina». En el texto «El loco, el mago y el diablo: una lectura de cartas y otros giros ocultos sobre la escena de la mano de Vicente Escudero», Raquel López Fernández analiza el trabajo de este coreógrafo y bailarín utilizando el tarot como hilo conductor. En «La libido como campo de batalla entre el psicoanálisis y el esoterismo. Del cuerpo danzado al cuerpo de madera en el proyecto escenográfico y diseño de marionetas de Sophie Taeuber para El rey ciervo (1918)», Javier Cuevas del Barrio presenta dicha transferencia mediante las danzas abstractas de la artista. Adrien Sina, en «Valentine de Saint-Point + Auguste Rodin: orígenes esotéricos de la abstracción en la danza», desgrana la amistad entre la coreógrafa y el escultor y cómo el interés de ambos por el tantrismo y el yoga caló en sus trabajos. En «Esoterismo y feminismo: Hilma af Klint y la danza de los planetas», Pilar Bonet Julve reivindica el carácter pionero de la práctica mediúmnica de la artista desde una perspectiva feminista trazada a partir de varias exposiciones.
«La liberación de los cuerpos: conjurar la naturaleza» se abre con el texto «Arte de mujeres: misticismo, anarquía y magia en los albores del siglo XX», donde Eva Fernández del Campo dibuja una cartografía del imaginario indio en Occidente partiendo de la influencias del hinduismo y del jainismo en la comuna de Monte Verità. Elisa Guzzo Vaccarino, en «La invención de un nuevo cuerpo natural y espiritual», escribe sobre los experimentos coreográficos que Rudolf von Laban y Mary Wigman realizaron en la comuna. En «Cuerpos suspendidos en el cosmos. La danza moderna en las fronteras del esoterismo», Alicia Navarro estudia la búsqueda, en las corrientes esotéricas o espiritualistas, de esos «gestos perdidos» a los que alude von Laban. «El umbral mágico y la danza. Un abordaje disruptivo sobre La consagración de la primavera de Nijinsky», apuntalado en la crítica de Jacques Rivière de 1913, es un artículo en el que Paulina Liliana Antacli propone una nueva lectura de la obra mediante el estudio de la coreografía.
El tercer bloque, «Danzas místicas y rituales: esoterismo y transculturalidad», inicia la marcha con «“Desvelar los símbolos secretos”: el trabajo etnográfico de Tyra Kleen sobre Java y Bali en relación con las ideas ocultistas contemporáneas sobre la danza», donde Per Faxneld nos sumerge en la biografía y pensamiento de esta artista y etnógrafa. Carole M. Cusack, en «Danza esotérica y transformación espiritual: los Movimientos de Gurdjieff», profundiza en estos ejercicios coreográficos mediante los cuales Gurdjief consideraba que el hombre podía escapar de su finitud. «El esoterismo y la “historia conectada” de las vanguardias de la danza en Europa, América, Rusia e India (siglos XIX-XX)», de Tiziana Leucci, indaga en la sistematización de las teorías de François Delsarte por parte de James Morrison, Steele MacKaye y Genevieve Stebbins, enfatizando la lucha de esta por la emancipación de la mujer. Por último, en «Ritmos cósmicos. Sororidad artística en París y encuentros en danza en el Teatro Esotérico», Irene López Arnaiz traslada al papel la interrelación de las artes propuesta en dicho espacio, entrelazando las prácticas de Nadja con las de artistas como Claude Cahun y Marcel Moore.
Durante la lectura de Coreografiar lo invisible asistimos a un baile en el que las fronteras entre los cuerpos se diluyen y los gestos «pasan de unas manos a otras». Los artículos van cruzándose en movimientos que nos permiten vislumbrar nuevas sintonías entre el pensamiento artístico, científico, coreográfico y esotérico de comienzos del siglo XX. Así como «un bailarín nunca ejecuta un mismo baile», como subrayan las editoras citando a Nietzsche, tampoco este libro supone la solidificación de una única coreografía. Está sujeto a una continua reconfiguración en donde se imaginan y ejecutan nuevas danzas. Es por esto que Coreografiar lo invisible se nos presenta como una «invitación a continuar bailando»1.
Ana Redondo Plaza
Universidad Complutense de Madrid
Nota
1 Las citas pertenecen a la «Introducción» escrita por las editoras.