Las fiestas de la villa ducal de Lerma del año 1617
y sus repercusiones en la literatura y en el arte

José Miguel Morales Folguera

Universidad de Málaga

jmmorales@uma.es

En el año de 1618 el licenciado y deán de Tudela Pedro de Herrera describió en un libro editado en Madrid las fiestas que organizó en la villa de Lerma un año antes Francisco Gómez de Sandoval y Roxas, duque de Lerma, con la asistencia de la familia real de Felipe III y una parte importante de la corte, con motivo del traslado del Santísimo Sacramento a la iglesia colegial de San Pedro. Fue escrito a petición del duque de Lerma y está dedicado a Bernardo de Sandoval, tío del duque de Lerma y cardenal primado de España, quien estuvo también en las fiestas acompañado de un séquito en el que figuraba Luis de Góngora [1].

No fue la única obra dedicada a la descripción de las fiestas. Existe otra publicación coetánea llevada a cabo por Francisco Fernández de Caso con el título de Discurso en que se refieren las solenidades y fiestas, con que el excelentissimo Duque celebró en su villa de Lerma, la Dedicacion de la Iglesia Colegial, y traslaciones de los Conventos que ha edificado allí. Esta obra no está fechada, aunque en el texto se habla del cardenal Sandoval, es decir, cuando el duque de Lerma ya se había convertido en cardenal para evitar la cárcel [2]. También es necesario destacar los numerosos y precisos datos de las fiestas, que el embajador florentino Orso d’Elci mandó en 1617 al Gran Duque de Toscana1.

Genaro Alenda en su obra Relaciones de solemnidades… cita dos textos impresos y un tercero manuscrito, fechados en 1617. Uno es un texto breve anónimo, editado en Sevilla por Francisco de Lyra. Su título es Relación verdadera de las costosas fiestas y grandiosos torneos que se hizieron en la villa de Lerma […]. La segunda obra, publicada en Madrid, fue escrita en latín por Michaele Ribeiro, médico de la familia real, con el título De Ludis Lermensibus epistola. Ad Illustrissimun et Reverendissimum S.R.E. Cardinalem Ubaldinum. Se describen las fiestas, la gigantomachia que acompañó al desfile procesional y el despeñadero de los toros. La tercera obra es un manuscrito anónimo con 43 hojas titulado Translación del santísimo Sacramento a la Yglesia colegial de San Pedro de la villa de Lerma […].

En 1619 se imprimió en Madrid un poema de Francisco López de Zárate con el título de Fiestas en la Translación del Santíssimo Sacramento a la Iglesia mayor de Lerma, el cual fue publicado en el libro Obras varias de Francisco López de Zárate. Dedicadas a diferentes personas. Alcalá, 1651, pp. 203-259. Esta obra pudo ser falsificada y publicada en el siglo XVIII, posiblemente por el conde de Saceda, con el título de Fiestas en la traslación del Santissimo Sacramento, a la iglesia mayor de Lerma, por Lope de Vega Carpio. Valencia, en casa de Joseph Gasch, año de 1612. La obra es un plagio total, pero ni fue escrita por Lope de Vega, y además la edición, que figura en la portada, está fechada cinco años antes de las fiestas de Lerma2.

López de Zárate relata en 233 octavas las fiestas religiosas, los monumentos inaugurados, los fuegos artificiales, la plaza y el jardín como lugares de la fiesta y de las representaciones teatrales, así como las corridas de toros y los juegos de cañas. Describe también como, por medio de una puerta abierta en la plaza, los toros atraídos por la luz caían en un precipicio. Era el despeñadero o «precipicio de los toros», que Rafael Cabrera describe como una «modalidad pretérita de la tauromaquia», que se siguió desarrollando en España en algunos lugares a comienzos del siglo XVIII.

Una de las obras más importantes sobre el tema es el manuscrito que escribió Joseph Varona, Maestre Escuela de la Iglesia Colegial de Lerma, con el título de Lerma Profano Sacra. Noticias de la antigüedad, y fundación de esta villa, y descripcion de las nuevas fabricas i templos, que erigio en ella el Excmo. Sr. Cardenal Duque, con Relacion de las fiestas Reales en la colocación del Augustissimo Sacramento en la Yglesia Colegial. La obra tampoco está fechada, pero podemos inferir que pudo haber sido escrita a finales del siglo XVII o comienzos del siglo XVIII, ya que está dedicada al Excmo. Sr. D. Ioan de Dios Silva, Sandoval, i Mendoza, de la Vega i Luna. Duque del Infantado, Pastrana i Lerma. Marques del Zenete, Principe de Melito & Mi Señor. Tras la muerte de su padre en 1693, Joan de Dios Silva se convirtió en el heredero de una de las casas con más títulos nobiliarios de España. Lo sorprendente de la obra de Varona es que es en gran medida un plagio descarado y sin cita alguna del libro de Pedro de Herrera, cambiando a veces el orden de los párrafos y algunos de los nombres de las edificaciones. Lo único novedoso son los breves textos introductorios. La relación de las fiestas organizadas tanto en la plaza ducal como en los jardines, la descripción de las nuevas edificaciones y de los jardines, así como de la casa de campo de Ventosilla, destinada a cazadero, son copias literales de la obra de Herrera.

En el año 2016 La Unión de Bibliófilos Taurinos de Madrid realizó una edición facsímil del libro de Pedro de Herrera con un extenso estudio preliminar de Rafael Cabrera Bonet. La obra fue reseñada en el año 2017 por Carlos Martínez Shaw en el número 40 de la Revista de Estudios Taurinos de Sevilla. La edición de esta relación festiva por una asociación taurina está justificada por la importancia de los festejos taurinos en el marco de las celebraciones de la plaza ducal, entre las que destacaron dos corridas de toros, tres toros encohetados, y el espectáculo del «despeñadero de los toros», que caían desde una altura de 50 metros desde la plaza hasta el valle del río Arlanza, donde se encontraban los jardines. Cuando en el año 1660 Felipe IV volvió a visitar Lerma con motivo del viaje a la frontera de Francia para la boda de la infanta María Teresa de Austria con el rey Luis XIV, asistió a una corrida de toros en la plaza ducal, descrita minuciosamente en un libro por el relator Leonardo del Castillo con estampas del grabador Pedro Villafranca: «abriendo una puerta de la plaça (quando ya estava en ella libre el toro) fuera de la qual, avia una trampa grande de madera, y en llegando el bruto a pisar algo mas adelante del exe de ella, caía inevitablemente a una muy pendiente, y erizada cuesta, cuya aspereza le arrojava al Rio». Otro de los festejos celebrado en Lerma con animales era la «corrida de búfalos», que se organizaba en una plaza cuadrada rodeada de álamos, que se encontraba próxima al río junto al jardín ornamental.

Pedro de Herrera describe en su obra las fiestas celebradas en una pequeña población castellana, Lerma, la cual, a lo largo de dos semanas, del 3 al 20 de octubre de 1617, se convirtió en sede de la corte española. Luis de Alarcón, agente del archiduque Alberto, estimaba en más de 300.000 ducados el coste de todos los gastos de las fiestas. Fue el canto del cisne del duque de Lerma, quien un año más tarde se verá obligado a dimitir y a refugiarse en la Iglesia para no ser encarcelado. La obra con 84 páginas consta de un Prólogo con 9 páginas, donde se especifica que fue el duque de Lerma el que le pidió en Madrid que fuera a Lerma para que recogiera en un texto lo acontecido en el mes de octubre del año 1617, y de un texto que titula Introducción a las fiestas de Lerma con 69 páginas, donde se describen la llegada de la familia real a Lerma, su hospedaje en el palacio ducal, las ceremonias religiosas organizadas para el traslado del Santísimo Sacramento a la colegiata de San Pedro, con las que se inauguraron oficialmente las obras emprendidas por el duque en la villa de Lerma, así como las fiestas llevadas a cabo durante el octavario. Herrera describe con especial detenimiento las nuevas edificaciones, las representaciones teatrales, los conciertos de música, los fuegos artificiales, las corridas de toros y los juegos de cañas, y para que no faltara de nada hubo hasta una exequia con túmulo incluido en el monasterio de San Blas con motivo del aniversario de la muerte de la reina Margarita de Austria. El director de los festejos y de las tramoyas teatrales fue Antonio Mira de Amescua, poeta y miembro de la napolitana Academia de los Ociosos, y digno antecesor de Cosme Lotti y de otros escenógrafos italianos, que llegaron a la corte de Felipe IV.

Para estos festejos se ejecutaron varias obras de carácter efímero. Así la noche del seis de octubre se construyó delante del palacio un jardín efímero con árboles de cuyas ramas salían disparados todo tipo de cohetes y voladores, así como una serie de carros triunfales y una galeota, que tras discurrir por la plaza se quemaron entre el estruendo de los fuegos artificiales. El jardín efímero estaba organizado en torno a una noria ardiente con sus arcaduces inspirados en el emblema 55, Centuria III de Sebastián de Covarrubias Unos suben y otros baxan, incluido en su obra Emblemas morales, que está dedicada al duque de Lerma.

El día de la procesión del Santísimo las calles se adornaron con colgaduras y altares, en la puerta de la colegiata se colocaron cuadros con distintas historias, y en medio de la plaza un altar ochavado. La plaza ducal se adornó también con colgaduras y con altares en las esquinas. El conde de Saldaña, hijo del duque, organizó una comedia titulada El caballero del sol, obra de Luis Vélez de Guevara, inspirada en un famoso libro de caballerías en el parque junto al río, donde se construyeron dos tablados para los asistentes y un escenario para la representación. El 16 de octubre el duque de Lemos, sobrino y yerno del duque, dispuso una comedia en un teatro efímero construido en la iglesia de San Blas. Uno de los espacios privilegiados para estas celebraciones fue el patio del palacio ducal, donde también se erigieron tablados y escenarios para la contemplación de varias mascaradas, una de las cuales tenía como tema la expulsión de los moriscos, considerada una de las actuaciones más importantes del valido durante el reinado de Felipe III. Otras celebraciones fueron unos bailes aldeanos y otra mascarada de una batalla entre pigmeos y grullas. Lope de Vega habla de una «Gigantomachia», formada por dieciséis gigantes, doce grandes y cuatro pequeños, disfrazados con vestimentas de diversas naciones, que acompañaron a la procesión del 7 de octubre en el traslado del Santísimo. Los gigantes fueron pagados por el duque de Pastrana, quien llegó a gastarse en ellos hasta setenta mil reales.

Francisco Fernández de Caso en su obra sobre las fiestas de Lerma afirma que el marqués de Hinojosa había construido cuatro carros triunfales, que transcurrieron por la plaza ducal. El primero de los carros tenía un huerto plantado de yerbas y legumbres regadas con agua.

Aunque en la relación de Herrera no se especifica de manera clara, Lope de Vega tuvo una cierta participación en estos festejos. Para las fiestas de Lerma de 1613 había escrito una comedia en tres jornadas con el título de La burgalesa de Lerma, dedicada al Marqués de Santacruz, Capitán General de la Escuadra de España. Ese año había asistido como organizador de comedias y espectáculos de tramoya de dichas fiestas, las cuales duraron dos días y fueron «estremadas», como él mismo señala, aunque tuvo que estar en Lerma cerca de un mes. En una de sus cartas escrita el 12 de octubre al duque de Sessa llega a decir que el parque ducal era mejor que el de Aranjuez y lo describe como un verdadero paraíso. En el año 1614 volvió a escribir una comedia, El Premio de la hermosura y Amor enamorado, que se representó durante tres jornadas los días 3, 4 y 5 de noviembre, en un teatro de madera construido en los jardines junto al río Arlanza. En esta comedia intervinieron como actores cuatro miembros de la familia real: el príncipe, la reina de Francia, la infanta María, y el infante don Carlos.

Aunque Lope de Vega fue invitado personalmente no acudiría por cuestiones familiares, pero se hizo eco de estos festejos en su obra Lo que pasa en una tarde, firmada en Madrid en noviembre de 1617. Lope habla de los jardines, cuyas fuentes y ríos compara con los mares de Aranjuez y de las fiestas del duque, descritas como las fiestas de Castilla. Igualmente, en la velada teatral celebrada el 17 de octubre en el patio del palacio se representó la mojiganga de una comedia ridícula, consistente en una especie de ensayo de la comedia el Adulterio de Marte y Venus, que Herrera atribuye al Cura, que no era otro que Lope de Vega, quien desde 1613 era sacerdote.

Uno de los elementos más interesantes de la obra de Herrera es la descripción de los jardines, tanto de Lerma como de Ventosilla, ya que han desaparecido. Los jardines de Lerma fueron realizados en gran medida durante los años que estuvo la corte en Valladolid (1601-1606), aunque el parque existía con anterioridad. Como en otras villas ducales, conformaron uno de los jardines renacentistas más importantes de España y ya hemos visto los elogios que les dedica Lope de Vega. La descripción de Herrera ha servido, no obstante, para que Luis Cervera Vera en su obra El conjunto palacial de la Villa de Lerma, hiciera la reconstrucción ideal de los jardines, que además documentó en diversos archivos de Lerma, Burgos, Valladolid y Madrid. Cervera Vera apoyó su reconstrucción de los jardines de Lerma con un plano de la planta y con una panorámica, que recuerda la que hizo Prieto Moreno del Albaicín de Granada en 1952 [3].

Pedro de Herrera afirma que la planta del parque era «casi quadrada», forma que no coincide con la realidad, ya que los jardines conformaban un extenso conjunto rectangular. Debería referirse mas bien a que tenía una forma cuadrangular. También Enrique Cock en 1592 al describir la plaza mayor de Valladolid decía que era «grande y quadrada» (Cock, 1879: 25).

Los jardines de Lerma eran un jardín suburbano, plano, ubicado entre el río Arlanza y el monte donde se hallaban el palacio y la población de Lerma. Constaban de un bosquete con diseño paisajístico, una huerta, un soto o pradera, donde se hallaba la fuente Ymán, un jardín ornamental con planta cuadrada y fuentes de alabastro en las encrucijadas, y un estanque con un cenador en el centro, que recuerda los existentes en los jardines de Béjar y de Lastanosa. El cenador, ubicado en la huerta, estaba hecho con piedra de Hontoria3, y adornado con estatuas de alabastro y una fuente cubierta con coral y riscos. «El agua se despeñaba secretamente por el suelo del cenador a dos estanques de piedra franca labrados a las dos partes de oriente y poniente. En cada uno estava formado un castillo de plomo con tal dispossicion que reziviendo el agua, la disparaban de uno a otro en forma de batidas y se admirava una vistossa guerra entre ellos». Esta guerra de los surtidores era frecuente en los jardines y algunos imitaban el sonido de las escopetas, como puede observarse en los arcabuceros de la fuente de los Montalto de los jardines de la villa Lante en Bagnaia, Italia. Los jardines eran regados por una azuda o noria de madera, equipada con arcaduces de cerámica, que subían el agua desde el río Arlanza hasta los jardines. Fue construida en 1603 por el ingeniero Gaspar de Poza. Los «arcaduces» eran recipientes de barro cocido, que recogían el agua desde la noria de madera y la depositaban en los canales o acequias para el riego. Igualmente, en el «calçe del molino de Solacuesta» junto al río se construyó un ingenio de agua para salvar el desnivel de 42 metros entre el palacio ducal y el parque. El jardín ornamental y la huerta se encontraban en la zona central del parque entre el convento de San Francisco y el cauce principal del río Arlanza.

Tanto Herrera como Varona hablan de la existencia de siete ermitas distribuidas paisajísticamente en el sector del bosquete, en las cuales, al igual que en las siete basílicas de Roma, se podían ganar todas las indulgencias, concedidas por la bula Paulus Episcopus Servus Servorum Dei & C. con fecha de 12 de octubre de 1609 y de forma perpetua por el papa Paulo V. De sus nombres Varona solo cita la ermita de San Miguel, aunque Francisco Coello en un plano de 1868 señala la presencia de la ermita de San Gerónimo, de la ermita de San Felipe, y de otra ermita con planta cruciforme, ubicada en el límite del parque con la carretera de Burgos [4]. Esta ermita debe corresponder al Humilladero de la cofradía de la Vera Cruz, que fue reconstruida por el maestro Juan de Reoz en 1609 por orden del duque de Lerma. Cervera Vera atribuye su diseño a fray Alberto de la Madre de Dios. Lo que no coincide es la forma de la planta, que según todos los testimonios era de planta cuadrada. Las ermitas estaban conectadas por un camino, como puede observarse en un plano de 1849, realizado por el comandante ingeniero Juan de Dios Sevilla.

Los jardines de Lerma carecían de un complemento fundamental en estos jardines renacentistas, el cazadero de venados. Por este motivo el duque tenía a seis leguas de Lerma, cerca de Aranda y de Gumiel de Mercado, junto a la ribera del Duero, el cazadero de Ventosilla, que poseía una casa palacio con planta cuadrangular y dos pisos, hecha de sillería, con 130 pies de largo por 95 de ancho, dotada con jardines, una huerta con frutas y legumbres traídas de Europa y de otras remotas partes, estanques, fuentes, bosquetes de encinas, jarales y robles, donde había todo tipo de animales aptos para la caza, y dehesas para pastos, donde se criaban búfalos, toros, cabras, ovejas y caballos de raza, que llegaban a compararse por su belleza con los caballos andaluces de raza árabe4.

Las fiestas de Lerma contaron también con la celebración de una romería, organizada por la familia real. El miércoles 11 de octubre por la tarde los reyes y el príncipe peregrinaron a la ermita de Nuestra Señora de los Manciles, imagen de mucha devoción, distante unos cuatro kilómetros de Lerma.

Como sucedió con otros jardines de la nobleza, los de Lerma fueron obra de jardineros, maestros de obra, canteros y carpinteros. Fue el jardinero mayor Miguel García, el que inició en 1602 los trabajos para transformar el antiguo parque ducal en un jardín renacentista, por el que paseaban en libertad pavos reales y cisnes, así como conejos destinados al ejercicio de la caza con ballesta. Pedro de Herrera nos describe como el 10 de octubre el príncipe Felipe, acompañado de su ayo, el duque de Lerma, salió de madrugada al campo «donde mató con ballesta algunos conejos en las montañuelas sobre el Parque, recogiéndose muy gustoso para yr al sermón».

Notas

1 Relación de avisos de Lerma a 14 de octubre de 1617 enviada por el embajador Orso d’Elci al Gran Duque de Toscana. Archivio di Stato di Firenze, Mediceo del Principato, Spagna, 4.945, fol. 763v, 754r, 763r, 753r-v, 751v-752r.

2 Rafael Ramos en su estudio «Las impresiones lopescas […]», habla del papel de Francisco Miguel de Goyeneche y Balanza, I Conde de Saceda y II Marqués de Belunce como falsificador de antiguas impresiones de la literatura española, entre las que se encontraban varias obras de Lope de Vega.

3 Esta cantera se halla en la población burgalesa de Hontoria de la Cantera, con cuya piedra se edificaron muchos de los monumentos de Burgos, entre ellos los de Lerma.

4 Los jardines renacentistas de Benavente tampoco contaban con un cazadero de venados, por lo que los duques de Benavente tenían una finca destinada a la caza, denominada El Bosque y ubicada a un cuarto de legua (Morales, 2021: 14).

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